viernes, 29 de diciembre de 2017

Síndrome de muerte súbita, historia de @ed_M_Undo

El taxi Lada se detuvo al pie del edificio viejo con el letrero luminoso que dice anfiteatro. El taxista cuenta los billetes para darle el vuelto a un joven médico. Debe ser médico por su bata, sus ojeras, su ausencia del momento. La estela de humo y el olor a aceite quemado le dan la bienvenida a Aurelio Tobár en su primer día de prácticas forenses en la morgue.

Está ahí porque ningun hospital o clínica, urbanos o rurales lo quisieron recibir. Esta es su última opción. El edificio pertenece al pasado. Capa tras capa de pintura durante 30 años le han dado un aspecto de ser de mentira, de ser de cartón, de ser falso.

En la recepción no hay nadie, ninguna puerta con llave. Aurelio nota que es el primer edificio que ve en Guayaquil que no tiene ninguna reja, este es el único lugar al que ni los ladrones quieren venir. Cuando los ladrones vienen a la morgue lo hacen para quedarse. Vienen chuzeados, disparados, matados, atropellados. Ladrón no muere de forma natural. Aurelio busca en el corredor la prueba de que este no es un lugar abandonado. Que no es el limbo.

Al final del pasillo, donde titila una fluorescente que no tiene cubierta, al empujar la puerta ve la espalda de un doctor gordo y corpulento. Este parece que concentradamente habla en voz baja para si mismo. Aurelio lo contempla, quiere irse, salir corriendo, pero está congelado.

“Pásame la sierra hijo” dice el doctor un poco más alto del zumbido de su trance. “A mi me dice Culebra”. Aurelio entrega el instrumento y se presenta. Le cuenta que nunca ha tenido apodo, que su padrastro lo adoptó y lleva su apellido. Que nunca conoció a su padre.

Este no es el lugar para conversar de la vida hijo, aquí si se conversa es de la muerte. Ahora pásame esa fundita y deposítala en esa camilla. Aurelio carga una funda de comisariato un poco pesada, fría. Vas a inaugurarte hoy con un caso complejo: un niño recién nacido.

El cuidado de Culebra para acomodar el cuerpecito morado del bebé es sobrecogedor, se toma una fracción de siglo ponerlo bocarriba del mesón metálico. Con un escalpelo semioxidado rebana el pecho de la criatura que parece suspirar. ¿Qué ves hijo? Le dice a Aurelio.

Por las señales de contractura pulmonar y la desviación del esternón este niño...murió de asfixia, pero... Aurelio hace una pausa y toma el cuerpito con sus 2 manos. Este niño fue triturado. Culebra lo mira y le dice que tiene 8 días de nacido. Que sus padres tienen 4 niños más.

Que son buenas personas. Que la madre vino devastada. Ellos mismos lo encontraron en la cuna muerto. Que el diagnóstico es Síndrome de Muerte Prematura. Que suele pasar en recién nacidos, que aún se estudian las causas. Aurelio lo mira estupefacto.

No me mires así hijo, dice Culebra. Que no le pueden hacer eso a los padres, que ella no tuvo la culpa, quizás se quedó dormida mientras lactaba, quizás lo puso en la cama y dió media vuelta. Puede pasar. Más a menudo de lo que imagina. Esto no está bien dice Aurelio.

¿Alguna vez has dormido con un niño en una cama de una plaza hijo? Aurelio da media vuelta. Dice que sí, pero que nunca lo mataría. ¿Y por qué has hecho eso si no tienes hermanos menores hijo? Aurelio hace silencio. Te voy a explicar como funciona esto hijo.

Ya cuando pases tantos años como yo en la morgue, empiezas a reconocer las víctimas. Empiezas a diferenciar asesinatos, de accidentes, de homicidio. Los suicidios son los más fáciles de reconocer. Es que uno cuida de uno mismo hasta para matarse.

Yo puedo ver en la paz del niño que era amado hasta cuando su madre lo mataba dormida, que ambos dormían juntos, solo que él para siempre, solo que ella sobre él. Así que apunta la causa de la muerte: Síndrome de muerte súbita. Aurelio le hace caso. Culebra le agradece.

Lo manda a que descanse, que han pasado 4 horas en el caso y que prefiere que esté lúcido por que tienen 2 cuerpos que despachar en la mañana. Aurelio se acomoda en un catre en el cuarto de atrás. Culebra guarda el cuerpecito en una cajita, lo mete en un congelador.

Culebra entra despacio al cuarto donde duerme Aurelio, lo mira con ternura. Le dice que él y su madre se conocieron en la facultad de medicina de la Universidad Estatal hace 25 años. Que con el embarazo ella abandonó la carrera y a él. Que está orgulloso de que sea médico.

De lo que no está orgulloso es de lo que hacía en la escuela en la que trabajaba para pagar su carrera. Esos niños inocentes no merecían eso. Qué sabe que faltó como padre, que pudo haber abandonado la carrera, que no hizo bien en su vida la ausencia de un padre.

Que va a compensar la falta que hizo, que nunca más volverá a abusar de niños, que sabe como los padres pueden matar a sus hijos con amor. Y Culebra con sus 350 libras se sienta encima de Aurelio. No logra más que mover un poco sus brazos antes de morir.

Culebra agarra a su hijo, lo carga hacia su mesón de metal y lo desnuda. Le hace la autopsia y luego crema el cuerpo. Sabe que podrá morir tranquilo ahora que la causa de su muerte ha sido súbita. 

FIN.

viernes, 20 de octubre de 2017

Año nuevo, cuento de Pablo Echeverría.

Cuando llegamos la mujer estaba llorando desconsoladamente. Pensamos que un familiar suyo había sido abatido en los atentados del día anterior, pero en sus manos se sostenía la pequeña figura de una niña. De lejos pensé que era una muñeca de trapo. La cabeza le colgaba con cierto desgano; de sus bracitos delicados se sostenían un par de gotas de sangre, tal vez una hilera de ella, pero los detalles no son mi fuerte; la zapatilla negra aguardaba en el portón, igual que si la muerte la hubiera tomado en plena huida: la mejor imagen que uno podría tener como postal para el recuerdo.
Nos acercamos sigilosamente y apagaron las sirenas de policía. No hubo palabras de ninguno de los dos lados. La mujer solo asintió con la cabeza cuando le informamos que debíamos llevar a su hija a la morgue. <<¿Dónde queda?>>, dijo, y me miró fijamente a los ojos con un horror que aún hoy me estremece hasta los huesos. <<Cerca de la gasolinera central>>, le dije, y subí al auto. No paró de mirar a la ventana con infinita tristeza, con la nostalgia de no volver a verla, de no poder acariciarla y

viernes, 13 de octubre de 2017

Cofradía, cuento de Martín Torres

Acta oficial.

Hora: _12:13_

Celador número: __4___

Registre, en las siguientes líneas, los eventos observados:

El jardín, en medio del sol blanco, espera pacientemente las pisadas de dos miembros de la Cofradía. Sus nombres no son importantes, en realidad. Ambos, casi de la misma estatura, aunque con un par de décadas de diferencia en su edad, se han encontrado en situaciones muy distintas anteriormente. 

En este lugar, ni siquiera la muerte termina por igualar a los individuos: son iguales y la idea es diferenciarlos. Cada paso que se ha extendido por estos jardines calcinantes es distinto al anterior, paralelo a las promesas que se dejan atrás con el polvo. Este tiempo, que transcurre despacio y perpetuo entre las hojas secas que son las sombras de las nubes, profana toda la carne que toca. Cada pequeña arruga, cada mínima marca en la piel y cada cabello que palidece ante el terror de la vejez marcan con su propio tambor lo inevitable.

Ambos, el Viejo y el Joven, pasean con la tranquilidad de quien camina su laberinto. Sus piernas podrían ser fauces que se abren y se cierran de forma vertical, que cortan sus vidas en pequeños fragmentos. Aquí, no se persiguen el uno al otro. No escapan más que para poder encontrarse, del mismo modo en que los desquiciados y los malditos caminan los rieles del tren: de frente ante el encuentro de todos los instrumentos de la decisión. 

Durante toda una vida, o dos, o tres, o ninguna (que es lo mismo) se han caminado a distancias similares. Se han dado cuenta de lo inesperado que resulta despertar en un cuarto cubierto por una película en blanco y negro, a la madrugada, y atender al llamado del deber, de la pobreza o de la ley; a cualquiera de las dos orillas que los conducen al acantilado polvoriento de la acción. 

Ambos han sido bastardos viviendo en un traje miserable, recorriendo el crimen, uno más profundamente que el otro. Ambos han escuchado los alaridos del ebrio que cantaba y paseaba mientras todos dormían para darse fuerzas. Ambos han dejado botellas a medio acabar, mujeres a medio complacer, cigarrillos humeantes… ambos han sido prófugos pero de diferentes demonios. Ambos han rezado también, han tratado de desmenuzar las flores que los cadáveres de los niños olvidaban al ver a Medusa a los ojos, al convertirse en lágrimas pulverizadas por lo que un dios retorcido y demente considera justo. 

¿Quién está en lo correcto? Lo único que separa a un criminal de un policía es el latido que llega primero, o el suspiro que llega al bajar el rifle: el momento en que las almas se alivian o se agitan después de tomar la vida de un hombre y llevársela al infierno que nos sonríe cada día.Ese mismo infierno, también espera las pisadas de la juventud y la vejez. 

Los actos que caminan fuera de la obviedad no les interesan a los hombres que sirven a la justicia. Es precisamente el criminal el que repta dentro de las fauces de su propio frenesí. Solamente cuando el policía se da cuenta de que debe pensar como un criminal para atrapar a su presa se libera ante su propia función. El criminal, por otro lado, se deja llevar ante el impulso de su propia racionalidad: planea, prevé, analiza, contempla y define el sendero casi invisible que se teje como una mecha ardiendo en medio de la chispa universal.

El Viejo y el Joven se arrastran hasta que se pueden poner de pie, hasta que el peligro ha pasado. Se dedican palabras amables ante el respeto que sienten el uno por el otro, porque ambos entienden que debajo de todos los conceptos reside la carne: saben perfectamente que no somos más que tumbas móviles que infectan el vacío con la nada, la materia con lo efervescente. 

¿Quién guardará silencio primero? ¿En qué encrucijada el camino se desgarrará y llevará a uno de los dos al caudal infinito de un silencio superior? El Joven se atraganta con el polvo que se levanta mientras el Viejo cierra sus ojos gastados para evitar que sus pupilas se laceren: en el fondo, les gusta el sabor de la tierra y las lágrimas contaminadas que les obligan a ver el horror de un mundo que decidió por ellos. 

Las plantas que se abren paso entre las fisuras de la piedra los observan. Se abren para escuchar la conversación cordial y para tragarse los rayos de sol que las alimentarán lo suficiente como para arrastrarse en el suelo. Saben perfectamente que ambos miembros de la Cofradía han sentido el beso frío y efímero de una bala hirviente, el acero helado que destripa los tejidos de un cuerpo jadeante. 

Eso es lo que hay pendiente entre los dos: una mirada, una palabra y todos los caminos que conducen a este camino. Y este camino, a su vez, esconde la brutalidad salvaje y melosa de una decisión que cambiará el horizonte entero. Tal vez las nubes no son los sueños de los que sí pueden dormir. Tal vez son los suspiros de resignación de los que caminan. Tal vez son todos los sonámbulos, todos loscadáveres condenados. Todos dioses. ¡Todos en la honda sima de la humanidad! ¡Todos ahogándose contra el fantasma de lo que creen correcto! 

El Viejo llevará al Joven frente a un pelotón de sus pares y esperará a que lo aniquilen o lo olviden (que también es lo mismo). El Joven degollará al Viejo y teñirá un camino con su sangre. Pero no este, no hoy. No hoy. 

Hoy, los pasos de ambos están a salvo, como los dedos del malabarista cuando el último cuchillo se ha dormido y el semáforo ha cambiado de color. Hoy, este jardín se ha ahorrado el horror de ver a dos hombres perderse en medio de la bruma helada y amarilla que cobija al sepulturero. Hoy, el tiempo también puede esperar. 

viernes, 29 de septiembre de 2017

генезис, el buque ruso. Ficción de @Ed_M_Undo

A la distancia, una leve luz titila en el horizonte imaginario de un mar desdibujado por la noche. Se trata de un buque ruso, y su último tripulante es el último hombre sobre la tierra. No es ruso, su origen tampoco es conocido, pero sabemos que se convertirá en el padre de la filosofía que dará nacimiento nuevamente a todo lo que se conoce como vida. Para hacerlo, debe acabar con la suya. Ese es el algoritmo: una vida por todas. Fue lo que trató de hacer el hombre conocido como Jesús, resetear la existencia.

Nuestro personaje que no es ruso, necesita de este navío para completar su experimento. En el puente de control todo marcha según lo planeado: a las 7 horas del 7 de julio del 2077, estallará su reactor nuclear. Nuestro héroe estará en el buque ruso, pero no se encontrará con vida. Va a suicidarse minutos antes de la reacción en cadena. Sus cálculos son exactos, la ubicación será el centro de la Tierra. La mitad. Todo el periplo para lograrlo le ha tomado 17 años. Cuando se está solo en la Tierra y se cuenta con todo el tiempo, el tiempo pasa tan lentamente que los años empiezan a parecer siglos.

Una vez que el experimento se realice, el científico regresará al momento exacto en el que inició la humanidad, en el vientre de un ser casi humano que llamaremos Eva.

¿Por qué un buque ruso, en medio del mar, reiniciaría la existencia? Su reactor es el mismo que explotó en Chernobyl. La respuesta no es sencilla de explicar, pero es para desencadenar la energía necesaria para viajar en el tiempo.

¿Recuerdan Hiroshima y Nagasaki? Fueron los más grandes intentos de viaje masivo en el tiempo. ¿Se dieron cuenta que después de la Segunda Guerra mundial todo el desarrollo humano y tecnológico se aceleró? Avanzamos en 60 años más que en los últimos 60 siglos.

El problema del viaje en el tiempo es que requiere demasiada energía. Debe ser descomunal, un estallido supersónico. Para transportar un átomo se necesita el equivalente a un taco de dinamita. Para que nuestro amigo viaje en el tiempo se necesita a Chernobyl.

El buque ruso estallará para que se pueda reiniciar el proceso evolutivo, enviará al último viajero del tiempo al principio de la humanidad y mientras sus átomo son el combustible para una gran ignición, su destino efímero tiene la mayor de las responsabilidades de la historia humana, no debe ser coincidencia que su nombre, el del buque, al español, significa Génesis.

viernes, 8 de septiembre de 2017

Siempre pudiste leer las mentes, crónica de Ian Tate por @Ed_M_Undo

Frente a una gran mesa servida con espléndidos manjares, Ian Tate despierta en la cabecera. En un largo salón, más teatral que aristocrático, traga saliva en su garganta seca. Se acomoda el cabello a un lado de su cara. Lo ha dejado crecer más de la cuenta. Sabe que su frente está marcada por líneas que dejó su camisa.

Se abre una puerta descomunal, imposible. 6 metros de largo. Sabe que no hay perspectiva para que se haya abierto toda. Entra Rauchen, su jefe. El hombre que consiguió contratarlo para un trabajo que nadie puede lograr. Nadie excepto Ian. El pago no se realizará en dinero, a pesar que tiene a su disposición recursos económicos ilimitados, un avión privado, yates, helicópteros, autos y aún no lo cree pues podría tratarse de una exageración: una bomba nuclear.

Rauchen se sienta frente a Ian y le sonríe. Le cuenta que el menú que han preparado hoy su enjambre de chefs es digno de la última cena de una escuadra Seal directo a una misión suicida.

"Es lo que usted quiere que yo haga" le dice Ian. La conversación ocurre como si nada, como si hablaran del clima, del programa de tevé de anoche.

"Sr. Tate, he esperado 35 años para encontrarme con usted, siempre lo supe. Mi propuesta es sencilla para un hombre de su poder. Solo le pido me entregue el Sagrado Cáliz, no el falso atractivo turístico de Roma, yo quiero el verdadero, el que está custodiado en Teherán, en un bunker bajo los escombros de un edificio. Usted verá, mi cliente ya intentó recuperarlo pero ha fallado en cada intento. Mi cliente es alguien también poderoso, de un poder digamos, ancestral. Pero aún así no tiene lo que se necesita para reposeerlo".

Ian se levanta, explica que él simplemente es una persona que siempre está en el lugar equivocado en el peor momento.

"Ahí se equivoca Señor Tate. Usted es una de esas creaciones de los dioses, digamos, edición limitada. Único. El primero en su especie. El último de su especie. Usted ni siquiera nació. Su madre ya estaba muerta cuando vio la luz de la vida. Yo lo que le propongo es que use ese don que siempre ha tenido para que nos ayude a recuperar algo que, digamos, siempre nos ha pertenecido".

Ian insiste en lo imposible de la misión.

"Tendría que ser un fantasma". Ya lo es, responde Rauchen.

"No se puede sobrevivir a ninguna de las pruebas que hay que superar". Usted ya ha pasado muchas en su vida Señor Tate, solo que no se ha dado cuenta aún.

"Tendría que adivinar lo que piensan los sabios a los que debo enfrentarme, es simplemente imposible". Siempre pudiste leer las mentes Ian, solo que no estaban conciente".

Disculpe por tutearlo Señor Tate. Verá, ya nos conocemos, digamos, yo lo conozco de toda su vida. Lo he cultivado para esta prueba. Solo piense en cada vez que caminando se encontró con otra persona de frente. ¿Verdad que siempre da el paso al mismo lado que esta persona? ¿Se encuentra atrapado en una danza improvisada que debe esforzarse por escapar al tercer o cuarto paso? ¿Se da cuenta que cada vez que olvida marcar el piso en el ascensor la otra persona va justo donde usted necesita subir?

Ese ha sido usted siempre manipulando sus mentes Señor Tate. Ahora simplemente le pido que haga lo mismo por mi, por mi cliente. A cambio, usted recibirá la llave para ingresar a la siguiente dimensión, donde se encuentra raptada su amada. De donde nadie nunca ha podido regresar, pero como usted no sigue las reglas de esta o ninguna dimensión, espero volver a verlo mi querido amigo, y que me cuente como se ve el infierno en verano".

Ahora, ya que estoy seguro se ha decidido por el trabajo, comamos.

domingo, 27 de agosto de 2017

Union Square, por @Ed_M_Undo



Pasa el moreno con rastas en un traje a la medida de corte italiano. Pasa la rubia en bicicleta, tamaño extra large pero de proporciones exactas. La chica en el short jean con lentes para que se vea bien aunque no la ayuden a ver bien. La asiática de blusa de lana demasiado blanca a la sombra. Chicos en pantaloneta. Chicas en faldas. Alegres. Desconcentrados. El domingo es un día que convierte a Nueva York en una dimensión paralela. Me queda viendo una chica. Presiente que sé sus secretos. Gringos pasan rápido. Gringas que pasan lento. El fondo es una pintura de arte moderno cuya única distracción es el kitsh de los taxis y carros. Nadie lleva pasajeros. No saben que yo sé a todos los que han matado. Pasa la chica hablando por teléfono, pero sé que está apagado y habla con la voz en su cabeza para que nadie la mire raro. Padres y madres. Hermanos y hermanas. Amantes y esposos. Todos en la vereda del frente. Nadie se me acerca. Nadie quiere pasar cerca del indigente. Miro el globo que se desinfla lentamente en el árbol. Lo puse ahí para recordar donde te enterré en Union Square a comienzo de verano. Pasa la pelirroja de los jeans negros apretados. Pasa la pelirroja con sweater sobre su vestido largo. Pasa de nuevo el moreno del traje. Esta vez viene fumando un cigarrillo. Creo que me ha descubierto. Tendré que eliminarlo.

martes, 1 de agosto de 2017

Descanso, historia por @Ed_M_Undo

Lemus yace en el piso. Su cabeza apoyada en el sofá. De su mano derecha emana humo de su cigarrillo. Lemus siempre imagina que el humo sonríe. Siente el peso del mundo en su pecho. Sabe que tendrá que levantarse para enrrolar otros cigarrillos. Su aflicción por la gravedad lo envuelve en un hálito de catalepsia. El catalapte viviente. Ser humo y fluir como humo. Ama el aroma. Fue amor a primera olida. Sabe que al humo no le gusta su apellido. Lo identifica con una enfermedad, una peste. El Lemus, los lemusados, el lemusamiento.

Recuerda como en un sueño, ¿o era un sueño? El niño dormía de día. De noche se quejaba, daba vueltas. Lloraba. Nadie sabía lo que le pasaba. Como una picazón invisible. Pensaba que lo cubrían insectos invisibles. Encendía un cigarrillo y le lanzaba el humo encima para que pudiera descansar. El niño no dormía, se desmayaba del cansancio. Vida nacida para sufrir es vida pero no si el sufrimiento viene desde el parto. Con el mayor amor de padre pone suavemente su almohada y con ternura la detiene hasta que el niño deja de moverse.

Por primera en su vida vez ha descansado.

viernes, 24 de marzo de 2017

Desdoblamiento parte1, ficción y testimonio de Ed M. Undo


Sintió que algo se derramó en su interior. Como una leve fiebre en su zona lumbar. Estaba acostado. Abrió sus ojos y pensó que el techo se veía más alto de lo usual. En ese momento entendió lo que estaba ocurriendo. Las 7 almas se habían vuelto a conectar.

Ed M. Undo se sentó en su cama. Su cuello rígido, quizás alguno de los conectantes había sufrido algún ataque. Él sabía que pasaría las horas más angustiantes de su vida. Iba a ver pasar por sus ojos la vida de 6 personas en distintos momentos de su vida. Sería como morir 6 veces seguidas. Iba a necesitar toda la fuerza posible para sobrevivir.

Vió a Virginia correr hacia un árbol al atardecer. Corría con los ojos cerrados. No los ha abierto en 20 años, ya está anciana, muy anciana. Su nieto acaba de caer de la copa de un árbol. Todos saben que está muerto, ella sabe que la muerte no es una frontera sino un nuevo comienzo. Pide que la dejen junto a su cuerpo. Abre sus ojos sobre su cara, sale una luz, no hay forma de describirla. Ella dice que una vez vio a Dios y desde ese día no pudo abrir de nuevo sus ojos, no había nada que valiera la pena ver luego de haberlo visto. El niño abre los ojos, respira, empieza a llorar. Virginia cae muerta a su lado, sus ojos en blanco, su sonrisa de paz.

Undo está acostado con los ojos abiertos viendo el techo. Ya no es un techo sino la galaxia, en espiral, centrífuga. Su alma se espiraliza, entra en contacto con tribus de Moisés. Sus moléculas se evaporan. Ya no es un cuerpo, es una nébula. Sus ojos, dos soles que nacen al otro lado del universo, cuya mirada cuando se posa en el presente ya ha muerto. Sus años son años luz. Su luz es un agujero negro.

Empieza a sentir una leve ansiedad. Mira a Lupo el lobo Molina correr hacia un carro, sus ojos llenos de lágrimas. Un camión pasa junto a él. Sabe que no cuenta con el tiempo pero intentará salvar a la niña. Ha perdido la cuenta de los años que lleva trabajando en el caso del demonio del Cerro. Le ha costado la vida a 700 personas. Está tan cerca de resolverlo, pero descubre que hay fuerzas que han hecho de su investigación una religión. La niña simboliza la salvación de la humanidad. Ha sido raptada por un ser que en apariencia podría ser el demonio, pero Lupo tiene evidencias que dicen lo contrario. No tiene nada que perder. El carro llega a 120 kilómetros por hora, eso significa que el camión va a 150. La lluvia hace todo borroso, el limpiaparabrisas no evacua el agua a la velocidad necesaria. Se abre la puerta, ve al demente sostener a la niña del cuello mientras con un machete apunta a Lupo mientras sonríe. Se cierran las compuertas. El camión hace un brusco giro a la derecha, se sale de la autopista. Se abre una compuerta del camión y empiezan a caer pequeños objetos contra el parabrisas de Lupo, en un momento el vidrio está marcado de sangre. Lupo apaga el limpiaparabrisas. Cae algo grueso, ve piel y un par de dientes, luego caen 3 dedos, parecen arrancados. El demente está mutilando a la niña. Lupo no puede más. Deja de pisar el acelerador. Ve alejarse el camión. El demente es asoma por una de las compuertas y arroja algo que debe ser un pedazo de cuerpo. Lupo no puede más. El zumbido del motor y el vidrio rojo empañan su vida.

Ian Tate y la niña Paz son los últimos en llegar a la salida del laberinto. Sabe que su vida corre peligro y debe hacer todo lo posible por salvarla. Acaban de escapar del submarino en el cual presenciaron la destrucción de la ciudad oculta de Chilampak. Un acto de justicia del cual no encontrará perdón. Ha negociado con el diablo y la negociación no le ha parecido justa. La niña no puede más, Ian la carga para seguir corriendo. Llegan a una compuerta de metal, la abre y casi cae a un silo oscuro. Ingresa y cierra la puerta, necesita tiempo y espacio para realizar una invocación. Dibuja un pentagrama, la niña 7 círculos alrededor, ya saben de memoria como hacerlo, este es su memento. Al terminar el rito, Ian tendrá que abrir la compuerta y buscar un espacio abierto para que su cuerpo sea proyectado astralmente a otro lugar, en otro tiempo, en otra galaxia. Están por lograrlo cuando frente a él se materializa Luzbel, quien le dice que lo ha vuelto a engañar, que ha vuelto a creer en Ian y ha vuelto a fallar. Que tendrá que regresar al infierno por que ha conducido a su novia, la guerrera al averno. Ian pierde la concentración, no culmina la trepidación, trata de atacar al Luzbel pero este lo esquiva, la niña se esconde en un rincón, se tapa los oídos con sus manitas y empieza a cantar la canción que Ian le enseño, la de los árboles siendo brazos que se elevan al cielo, que solo son memoria y nada más. Luzbel se despide y le dice que puede continuar con su teatro y huir, pero que lástima que todo sea tan difícil sin manos, de pronto saca una espada de fuego y le corta las 2 manos a Ian y desaparece. Ian cae al piso desmayado. El fuego a cauterizado las heridas. Se levanta, no logra concatenar las ideas, sabe que podría terminar el ritual, le pide ayuda a Paz para lograrlo. Lo hacen, escuchan los truenos, saben que el portal está abierto cerca, Ian se lanza al piso derrotado, sabe que sin manos no podrá abrir la compuerta, que la niña es demasiado pequeña para lograrlo. Cierra los ojos, pierde la fe. La niña se le acerca, le besa la frente, los labios, le pide perdón por lo que va a hacer. Ian no entiende lo que significa eso. Le dice que no tema, que está seguro que alguien los buscará pronto. Ella le pide un último deseo antes de morir. Ian le dice que no repita eso que van a sobrevivir. Ella le dice que él sobrevivirá, pero ella debe despedirse de su cuerpo para lograrlo. Que ha llegado el momento de cumplir su misión en esta tierra. Con lágrimas en sus ojos Ian le dice que desea. Bésame como la besas a Virginia, no llegaré a la adolescencia ni a la adultez, pero quiero saber que significa ser mujer. Ian cierra sus ojos y le da un beso a la pequeña niñita, ella lo toma de la cara, le muerde un labio. Él empieza a llorar y sollozar, le grita que lo perdone. Que lo deje morir, que no lo haga. Ella camina lentamente hacia la pared, se acuclilla, parece que va a rezar. Su frente topa la pared. Su cuerpo se dobla hacia atrás en una contorsión inhumana. Con violencia su frente golpea la pared. Una y otra vez hasta que está cubierta de sangre. Ya sin fuerzas su cuerpo se desploma, hay un agujero en su frente. De pronto sus manitas que parecen de un títere se levantan y dedos se meten a su frente, su cráneo partido, sus sesos esparcidos. Con fuerza el agujero se agranda, pierde la forma humana. Sale una mano inmensa, gigante, tosca, áspera. Le sigue un brazo enervado, muscular. Empieza a salir mientras el cuerpo de la niña queda destrozado. Ian no puede creer lo que ve. Rumiñahui acaba de renacer frente a sus ojos. Mirada demoníaca, fuerza de leviatán. Corre contra la compuerta y la arranca del silo. Agarra a Ian de la cintura y se lo lleva corriendo. Paz le ha dado paso a la guerra.

Ed M. Undo no puede más y se desmaya. A pesar que faltan 3 historias, la noche será gentil con él y dejará que el desdoblamiento continúe cuando despierte.

miércoles, 15 de febrero de 2017

He preferido olvidarlos, microcuento de ficción de @Ed_M_Undo


Lenín Moreno ingresa al gran salón donde se encuentra el presidente, su antiguo binomio, Rafael Correa. Empuja las ruedas de su silla muy lentamente, como no queriendo llegar a su destino.

El salón está solo iluminado por la luz del proyector que demarca un cuadrado blanco en la pared, junto a una pintura rococó de Simón Bolivar. El presidente alza su voz, le habla como viejos amigos a Lenín, le dice que todo ha salido como habían planeado, que hará que gane en una sola vuelta, que seguirán con su obra, él a la distancia pero guiándolo en cada decisión que deba tomar como nuevo presidente del Ecuador.

"Renuncio Rafael" le dice sin pestañear desde su silla de ruedas. Rafael se levanta y se acerca a él, se agacha y le dice sutílmente en sus rodillas, casi rogándole. "Es demasiado tarde, no hay marcha atrás, estamos a 3 días de las elecciones Lenín, es solo unos nervios, a mi me pasó lo mismo".

"No Rafael, estoy decidido, no continuaré esta farsa". Correa se levanta y en tres zancadas llega a su computadora, mientras la mira concentradamente le habla de espaldas. "Recuerdo como si fuera ayer cuando me contaste como quedaste paralítico Lenín; la lenta recuperación, el dolor constante, el perdón a tus atacantes". "¿Los recuerdas?

"He preferido olvidarlos Rafael".

"Son esos recuerdos los que nos fortalecen Lenín, mira que si ellos no te hubieran metido un balazo por robarte no hubieses llegado tan lejos, ¿o acaso antes de escuchar ese disparo pensaste que un día podrías ser presidente de la república?

"Nunca se me pasó por la cabeza Rafael, pero de todas formas renuncio, no soy la persona para esto".

"Lo siento Lenín pero yo soy la persona que te ha impulsado desde el inicio y sé que te puedo hacer preidente". "Verás, desde hace unos años tengo el único video de tu ataque Lenín, lo conseguí de una cámara de un cajero que todos olvidaron investigar. Yo mismo fui al sitio y pedí una copia". "Necesito que veas de lo que soy capaz. De mi convicción hacia ti". Rafael Correa regresa a verlo a Lenín quien se seca las lágrimas de frustación de recordar el ataque que lo sentó de por vida.

Correa pone play, la única luz del salón muestra un video en el que 2 ladrones encapuchados que apuntan y roban a Lenín Morenoo y a su esposa. Uno de ellos hala el gatillo, Lenín cae al piso, su esposa corre hacia él, se lanza sobre su cuerpo, el otro ladrón sale corriendo. El que disparó contempla a la pareja en el piso. Gira, empieza a caminar hacia el cajero, mira fijamente la cámara que graba, su pistola aún tiene humo del disparo. Cuando está a un par de metros, se saca la máscara, es Rafael Correa, más joven, con una mirada demente.

Lenín grita de terror, Correa detiene el video en su rostro congelado en la pantalla, se gira y se vuelve a arrodillar, lo mira fijamente a los ojos mientras Lenín tiembla y llora en su silla de ruedas, se escuchan gotas del orine que cae de su asiento.

¿Ahora entiendes de lo que soy capaz por hacerte presidente?

jueves, 19 de enero de 2017

Ian Tate Polanski: Iniciación por @Ed_M_Undo



Mucho ha pasado en la vida de Ian Tate. En su éxodo, una fracción de vida la consumió entre miles de libros en Cuenca, criado por un matrimonio de bibliotecarios ciegos. Ya para cuando su visión se consumía, habían leído cien mil libros cada uno. Tenían tanto vocabulario que parecía que Cervantes había absorbido parte de su militancia de letras perdidas. Sánscrito de escritorio.

Ian ha sido contratado por una extraña organización para formar parte de un grupo de bizarros personajes que parecen salidos de una historia perdida de Edgar Allan Poe. Para decidirse realizó el único viaje para conocer la opinión de quien piensa que es su padre: Roman Polanski. Se encontraron en París, se dieron el único abrazo de la vida, Roman le dijo que olía a su madre. Ian asume que él es su padre por que estaba casado con su madre, pero en su vida ya conoció a un medium que quiso ponerlo en contacto con su madre en el pasado y cada sesión espiritista era un relato de alguna orgía de alcohol, drogas, sexo y por una aún extraña razón, de leer historietas. Ian no quiso seguir investigando el pasado de su madre, se quedó con el pasatiempo de los comics pero se dio cuenta que por lo menos 10 hombres podrían ser su verdadero padre. Roman a veces se limitaba a filmar las orgías.

Ian está nervioso. Nunca ha pertenecido a ningún grupo, siempre ha sido un outsider y como descubrirá el lector, lo seguirá siendo. Busca un momento de claridad para mirarse al espejo y decirse que es un buen momento para conocer amigos, que los ciegos que lo criaron nunca le demostraron amor, ni ellos se demostraban afecto, excepto cuando llegaban cajas de libros nuevos, la mujer abría los libros y el esposo besaba y olía sus manos. Los libros Braille siempre olían a aceite de alguna prensa. Ian puede leer Braille. Además sabe leer y escribir sánscrito.

Ian es guiado a un cuarto a media luz, se escuchan voces, carcajadas. Al ingresa, todo es silencio. Vestidos con trajes victorianos, otros con jeans y sacos de pana, 5 seres de toda forma y color lo contemplan extasiados. Él es el nuevo del grupo, lo llevan esperando un año. El señor Demetrio Burguesí aún no llega para hacer las presentaciones. Ian camina despacio, su incapacidad de establecer relaciones lo anima a acercarse a la más extrovertida del grupo, la señorita Virginia. Su larga cabellera rubia y su vestido de cuero hasta las botas repele cualquier proximidad. Ella le sonríe y le pide que espere a Burguesí, que no es tan fácil entender el por qué de tan especial grupo en un momento como este.

Virginia se acerca a Ian y habla a su oído. Le comenta que se necesitan 7 miembros para proseguir con la iniciación. Ian levanta la mirada y realiza un movimiento con los ojos que nunca volverá a olvidar. La escuálida niña bien vestida, con el pelo relamido que culmina en una trenza de casi su tamaño. El señor un poco pasado de libras, con sus enormes brazos al descubierto, un tatuaje de lo que parece ser un escudo en su antebrazo derecho, un pulsera de cuero gastada en la muñeca izquierda fuma un cigarro carmesí. El indio con su mirada de desconfianza, su morral a media cadera, sus dedos que parecen realizar un extraño lenguaje de señas. La chico de pelo negro que mira a la nada con su chaqueta de cuero, parece hablar en silencio.

Ian nota que aún falta un personaje pero de pronto se abre la puerta e ingresa el señor Burguesí. Este alaba ver a tan exquisita asamblea de personas extraordinarias. Les dice que cada uno de ellos ha realizado un extenso tránsito en su vida solo para llegar a este salón, que desde ya atesora con toda su vida este instante. Que quisiera que un fotógrafo documente esta legión que le ha tomado años ensamblar. Se acerca a Ian y le pide paciencia, que esta noche en la cena le explicará para que ha sido contratado. Le dice al oído que es el último y más preciado integrante que le hacía falta para emprender un extenso y complejo viaje.

Ian levanta la cabeza y le hace saber que solo hay 6 personas del equipo, que según había entendido él sería el séptimo. Burguesí le pide que observe a la niña, que lo haga muy concentrado. La pequeña María Paz ha nacido para la guerra, dice el señor. Ian no entiende, ve a la más inocente niña, cansada y somnolienta. Mire bien. ¿No se da cuenta que junto a ella está el espíritu del gran Rumiñahui? Al nacer, todos los shamanes vinieron a la ciudad de Quito, nunca se ha visto tan extraño despliegue de seres cuasimutantes. Todos vinieron a rendir pleitesía a la recién nacida, por que en ella se encontraba atrapada el alma del gran Rumiñahui. Ian lo mira excéptico, no puede creer lo que le dice, se arrepiente de haber aceptado este negocio. Burguesí insiste que le crea, que en su momento el espíritu tomará el lugar de la niña y se verán los 7 únicos, 7 integrantes del más extraño grupo de seres que han caminado juntos en la tierra. Los 7 imposibles les dice, a pesar que usted solo vea 6 al espejo.

lunes, 16 de enero de 2017

Pillow talk, relato de @Lucy_Molly

M: Hola
L: Holi
M: ¿Sigues pensando en él?
L: Si. No. A veces
M: ¿Por qué Lucy?
L: Porque tú tampoco lo olvidas pues Molly!
M: Estás retrasando tus progresos, un día si y un día no, decide ya
L: Si yo decido, ¿tú estás dispuesta a continuar?
M: No me hagas dudar, se supone tu mandas aquí
L: No tienes porque sentir ansiedad, tu empezaste a preguntar
M: Lo sé, sólo no quería sentirme sola con tanto recuerdo rondando
L: Ves que es difícil!
M: Pero no imposible, da el salto, demos el paso
L: Tengo miedo de no poder más, no odiarlo es lo que aún me mantiene cuerda
M: El odio siempre quiere más, revive lo ya cicatrizado, y peñizca las heridas sin sanar
L: Trato de no recordar lo malo, y si lo hago es para no ponerme esa venda que todo dejaba pasar, ya sabes lo mal que nos fue con ese "método"
M: Obvio, escucharte llorar, y sentir tus migrañas fueron parte de las concecuencias
L: Lo extraño
M: Ya no quiero hablar
L: Lo siento, es lo que siento
M: Lo sé, trato de no contagiarme
L: Quiero volver a reirme, a dormir bien, si hay días buenos, pero quiero más
M: Hay que salir de esto, yo también siento un vacío, y el no querer estar sola, pero tenemos que poder
L: Dime que puedo. Dímelo de nuevo, que hoy siento de una forma enfermiza que él también me extraña
M: Calma!
L: Lo sé, lo sé
M: Tranquila no llores, que después no puedes parar
L: Es la ansiedad, es el dolor de cabeza que me hace recaer, creer que reviviendo se va llegar a algo
M: Entiendo, y te doy tu tiempo, que también es mi tiempo
L: Quiero poder, quiero creer en mi otra vez
M: Todos estos días, son pasitos, son logros, no te subestimes
L: Lo sé, aún no me saboteo. No recaigo, ni me arrastro
M: Vamos bien
L: Hoy dormimos escribiendo, creyendo en que la mente y corazón pueden vivir en el mismo barrio, ser de esos vecinos que sonríen y saludan
M: También lo creo, hoy es un (de)nuevo comienzo
L: A empezar que mañana es otro día para comenzar
M: Duerme
L: Sueña por mi

sábado, 7 de enero de 2017

Leer, ficción de @Ed_M_Undo

Recordando todo el tiempo que vivimos, es asombroso pensar lo mucho que sobrevivimos. María iba a cumplir 13 años y estaba aterrorizada. Como mandato toda mujer al llegar esa edad recibía implantes de senos gratuitos, eran subsidiados por el gobierno. A esa edad, el tamaño era ridículo. 10 generaciones de mujeres destruidas desde adentro. Era fácil hacerlo ahora que se había erradicado la lectura, el aprendizaje. 

En el año 2050, cuando el internet consiguió lo imposible: un solo régimen global, un solo presidente que nos gobernara a todos, decidió que no era necesario que aprendiésemos a leer, al comienzo todo era sencillo, íconos, imágenes, animaciones. Igual que el cigarrillo sin publicidad, en 2 generaciones casi nadie sabía para qué servía, por qué lo habían hecho. El internet parecía honesto, que buscaba lo mejor para la humanidad. Estábamos tan equivocados. Nos pedía que volviésemos al origen, a contar historias. Pero nos iba quitando la ciencia, la historia.

Si no sabes leer, crees todo lo que te cuentan.

domingo, 2 de octubre de 2016

Flor de muertos, antología de Virginia Silent por @Ed_M_Undo

imagen de rosto de mujer formado por flores junto al título del cuento Flor de muertos, por Ed M Undo del blog de literatura independiente ecuatoriana Ficcion Dislexica


Y mientras contemplaba la lluvia desde el balcón blanco de la habitación del motel en el que me había hospedado, me daba cuanta que los últimos meses había sido como vivir en un sarcasmo, era la afirmación de lo que podría ser verdad. Y no lo era. Caminaba instintivamente pensando, escurriendo mis pulmones en eternas oleadas de humo de cigarrillo, dándole el aspecto de película extranjera a la habitación en la que me hallaba. Mi celular, mi laptop, mi GPS contrastaban con la rudimentaria televisión que imploraba por no ser prendida y así no aguantar el zumbido de su rigor mortis en celo, la mesita liliputiense, café, gastada y cansada de ver siempre a la misma pared desde que los recuerdos tienen memoria. Me hallaba cabizbajo, sentado en el centro de la cama del colchón de piel de nube, envuelto en una sabana amarillenta a punto de desintegrarse y dar paso al áspero colchón de algún textil extinto y errático de los Himalayas. Me contemplaba a mi mismo desde la desproporcionada silla que custodiaba la esquina menos iluminada del cuarto. ¿Quién era yo y por que me hacía esta pregunta? No lo sé. ¿Qué hacía en ese lugar y por qué había pasado las últimas horas en la espera más impasible de mi vida? No me pregunten, ni el ni yo lo sabemos, simplemente mantenía mi vida en constante tensión, no sé si por la misma razón por la cual había dejado cargada el arma que me entregó Virginia al llegar al extraño lugar donde me había guiado, y más aún con sus últimas palabras antes de desaparecer tras la puerta del derruido cuarto. “No dudes en dispararle a nadie que se te acerque… y si notas algo extraño en mi, no dudes en dispararme”.

Las sombras habían perdidos sus formas y la tarde se fundía en una sofocante noche, que entró con bombos y platillos al candor de las comparsas de grillos sordos, que acribillaban el ambiente haciendo mas difícil respirar la asfixiante calma del lugar. Un ridículo insecto café atravesó sin miedo el maderado piso corroído por las pisadas de antaño. Se movía con elegancia, pero igual lo iba a aplastar “No vaya a querer transplantar sus huevos en mi espalda, no haría una buena madre nodriza…. El bicho zigzagueaba  en la madera asimilando un estado etílico. Me levanté de la cama que soltó un quejido y un bostezo moroncial que hizo erizar la piel de mi nuca. La herida de la pierna había dejado de doler, eso era bueno porque el brujo había dicho que sería un suicidio intentar otro viaje en ese estado. Aparecí erguido y con otro aspecto frente al espejo que dibujaba a quien debería ser yo, pero aún sentía que no lo era. Mi cabello estaba desarreglado, pero eso era normal, bueno, hacía mucho tiempo que lo había sido. A lo que aún tenía recelo mirar era mi brazo derecho, las vendas ensopadas en sudor y sangre dejaban ver parte de la marca negra que había dejado el viaje. Si tan solo pudiera recordar como me la hice. El shamán juro que era la primera vez que había visto algo así, que nunca nadie aparece estigmatizado….o por lo menos esperaba que fuera cierto.

Regrese a rastrear al insecto que intentaba de cruzar todo el piso del cuarto con la parcemonia del que no quiere llegar a su destino final. Di varios pasos tambaleándome y por alguna extraña razón regresé a ver donde estaba la pistola, o por lo menos la almohada. El bicho se metió detrás de la silla que parecía no pertenecer a ningún tiempo, así que decidí moverla para poder pisarlo. Su peso era descomunal y hasta la sentí demasiado fría para el calor que estaba haciendo. Moví la pesada silla con solo mi mano izquierda. Un insípido frío gris comenzó a subir por todo mi cuerpo, arrancando de mis venas la sangre y reemplazándola por desesperación. No sé si dejó de transcurrir el tiempo o simplemente viví el segundo más largo de mi vida, en el que toda tu vida pasa ante tus ojos, pero yo solo recordaba al bicho café volteado sobre su espalda, dando los últimos pasos de su estéril vida, pero cuando mis ojos regresaron a releer aquel mensaje mal escrito tallado en la pared mohosa que ocultaba la silla, no tuve tiempo para volver a sentir miedo, por instinto o por inercia, mi mano seguida de mi cuerpo se abalanzaron hacia la cama en busca del arma. Pero era demasiado tarde, mientras intentaba sacar de mis pulmones todo el aire contenido, mientras intentaba no perder el equilibrio por  apoyar las pocas fuerzas que me quedaban para seguir luchando, ya no por la vida de toda la humanidad, sino por lo mas básico, la mía, mientras  seguía recordando los últimos movimientos del afortunado (por ya no tener que seguir viviendo) insecto, mientras veía la puerta que había trabado, abierta, mientras recordaba su sonrisa empañada de la muerte ingrata que me la había arrebatado y había llegado hasta este pequeño e inmundo pueblo de Ecuador olvidado por la humanidad y los colonizadores blancos, mientras veía a Virginia Silent parada al lado de la cama apuntándome con un arma, mientras observaba la almohada que la ocultaba en el piso, mientras que me enfurecía conmigo mismo por querer reírme de toda esta situación, mientras me preocupaba por haberlo olvidado, no dejaba de repetirse el eco de mi conciencia en mi cerebro, la frase más corta y significativa de lo que intuía quedaba de mi vida “Mira detrás de ti Molina, ya estás muerto”. Su cara se volvió a ver angelical antes de desaparecer en la densa niebla que había invadido el cuarto….era humo y debía de haber salido del arma,  Ya era demasiado tarde, la frase había dicho la verdad…ya estaba muerto.

(Escrita por el lunes 27 de Enero del 2003)



martes, 9 de agosto de 2016

Las mil caras de Brad Pitt, por @Ed_M_Undo

imagen invertida del actor Brad Pitt


La cara de Brad Pitt, del tamaño de un edificio de 27 pisos, mira con desdén a la ciudad en su amanecer. El mismo Brad Pitt, abre los ojos de su cama de 4 plazas, su cara acariciada por la sábada de hilo egipcio que una de sus ex esposas compró en Egipto. No recuerda cual de todas. Ni en qué viaje.

Brad Pitt a invitado a todos sus amigos cercanos, a sus publicistas, a algunos de sus vecinos y a todos los medios de comunicación a una velada en su casa para revelarles su nuevo proyecto. Su relacionista público fue internado en el hospital luego que se rehusó a decirle de que se trata. Brad le dijo que es la mejor idea y decisión que ha tomado en su vida.

La noche de la velada, la crema y nata de la industria de Hollywood empieza su larga jornada de preparación y acicalamiento para ingresar a la mansión Pitt, que escogió una de sus ex esposas, no recuerda cual. Brad se reune con todos sus hijos, los biológicos, los adoptivos, los in vitro, los bastardos, los ajenos, los sobrinos, los inseminados, los huérfanos. Les dice que los ama y que mañana un abogado amigo de papi va a venirles a contar acerca del dinero que administrará por ellos hasta que cumplan 21 años. Una de sus hijas, no recuerda si es biológica o adoptada, le pregunta si se va a alguna parte, a algún país a filmar alguna película con alguna otra actriz, pero Pitt le responde que no se va a ir a ninguna parte, incluso, ya no tendrá que volver a salir de casa nunca más, podrán ser felices y pasar todo el tiempo junto, siempre que ellos quieran verle la cara todos los días. Los manda a dormir temprano. Da la orden a sus niñeras que no los deje salir ni entrar en contacto con el mundo exterior por 10 días. Ellas mismas deben estar incomunicadas.

La fila de carros mide 7 kilómetros, entra Perez Hilton, entra Buzzfeed, entra Universal Studios, entran 2 de las Kardashian, entra CNN, entra Hufftington Post, entra el Miami Herald, entran otros Kardashians. En fin, pueden imaginar a todo Hollywood, de los que son parte de la industria así no se encuentren en California, entrar al inmenso lobby de la mansión Pitt.

Puntual, con un frack y la sonrisa tenue, baja las escaleras Brad Pitt, tiene preparado un micrófono frente a un tanque negro. Inicia su discurso. Como todos saben quien soy (todos ríen) yo no tengo que saber quienes son. Como saben he actuado en todo tipo de películas, de acción, de guerra, de paz, románticas, road trips, comedia, comedia negra, terror, misterio. Hace una mención especial en Fight Club, dice que esa película sí le gusto verla más de una vez (todos ríen). Les cuenta que ha pasado los últimos meses contemplando su cara en vallas, en edificios, en todas partes. Admira como no se aburren de verlo siempre (todos ríen). Dice que los estudios para los que ha trabajado y le han pagado muy bien tienen los derechos para usar su imagen por más de un siglo, imaginen, otros tienen derecho a mi cara. Qué extraña a una de sus ex esposas pero no recuerda a cual. Que no abre una sola revista o navega en internet hace años por que no soporta encontrarse en una pantalla o una página. Que no ve sus películas desde Fight Club. Que muchas veces a la persona que ellos ven en la pantalla no es él, antes era un doble ahora es una animación en computadora. Que las últimas películas no las ha protagonizado sino que se limita a aprobar lo que hace el muñeco de la computadora por él. Que las últimas 5 películas ni siquiera las vio, solo las aprobó.

Brad Pitt abre la tapa del tanque frente que se encuentra frente a él y les dice a todos, díganle adiós a mi cara (todos ríen), por que la voy a convertir en mía solamente, no quiero que me recuerden por una cara bonita nada más (todos ríen), soy un ser humano y aún tengo edad para serlo. Esto es ácido y ya no me volverán a ver como era. Brad Pitt sumerge su cara por un tiempo, su relacionista público corre hacia él, piensa que es una broma, una de esas películas documentales falsos, mockumentaries, lo toma del pelo y al levantarlo su cara se ha caído y solo tiene músculos y pedazos de carne, uno de sus ojos se chorrea blanco sobre el rojo carmesí de su carne, su lengua está negra chamuscada. Todos gritan.

lunes, 8 de agosto de 2016

Poesía por @Lucy_Molly

Nos hemos matado ya tantas veces
cobrado tantas veces, como si fuéramos el karma del otro
nuestra venganza fría es la distancia.

El orgullo llama y contesta la débil nostalgia
damos un paso atrás, pretendiendo olvidar
vamos a apostar por la góndola de la segunda oportunidad.

Pero decidimos hacernos esperar
porque no dar señales también es una señal
porque en el fondo ya sentimos el final
lo queremos, lo conocemos
pero, pero, pero...

Y volvemos a empezar, con el pasado remendado
cociendo el presente con los ojos cerrados.
...

Tú y yo sabemos lo que queremos, y lo que no
Ambas opciones somos nosotros
Somos un círculo ansioso, con un complejo final feliz.

martes, 5 de julio de 2016

Cadáver exquisito no. 83 por @Ed_M_Undo

Su extraña voz su extraña facha
carecía de gravedad en las madrugadas
era cuando más la extrañaba
su nombre terrestre era desconocido por sus amigos
pero sólo alguien lo sabía
ese alguien no existía
en sus madrugadas, pues de día aglomeraba espantos
y atormentaba a la gente con su ego tan ancho
y sus peinados de montañas rocallosas,
así se imaginaba,
aunque blanca como la luna que habita en las alturas,
su sueño era pedestales moribundos que 
rechinaban un óxido que hacía música silenciosa
frente al barrio de chabolas que los habitaba
la soledad intrínseca e histriónica por 
un elefante rosado lleno de pelusas de osos abandonados.

Esos osos con los que nos ahogamos de risa
en un vendaval de nieve candente
de ceniza de opio, de un rascaestrellas fugaces
que hipnotizado por los cometas que veía
al pasar acío como él solo pero con la esperanza
de que mañana fuese color rosado como el algodón de azucar 
que él compró cuando era tan dueño de su imaginación 
de su libertad rayando paredes
con sus tentáculos que no eran más que aspavientos
con los que detenía a viajeros en caballos y mulas.

sábado, 11 de junio de 2016

Paciente # 1984, drama noir por Ed M. Undo y Victoria Silent

María tenía su número colgando en su mano, en una tira plástica irrompible. Su número era 1984.

María fue ingresada a las 600 horas. Sus contracciones empezaron mientras dormía. Llegó en un taxi Lada con motor a gas y el conductor solo le ayudó a abrir la puerta cuyo sistema de apertura funcionaba con un alambre.

Luego de una somnolienta espera agraviada por el sopor de la mañana y el sonido del óxido de los ventiladores grises de tanta suciedad, María fue conducida a una nueva sala de espera donde habían 4 enfermeras con guantes negros de fregadero. Cada una de ellas se refería a María como mi amor, mi princesa, mi reina, mi barrigona y mi lucero. En la misma sala habían 5 embarazadas esperando dar a luz en este hospital sacado del peor sueño revolucionario de la Unión Soviética. Pero estamos en el año 2016 y en Ecuador. La espera venció su lucidez y cayó dormida entre contracciones que le refrescaban el cuerpo. Cuando María despertó encontró en su abultada barriga un catéter grueso clavado encima de su ombligo. Parecía que le hubieran hecho un piercing en la barriga. Su catéter estaba vacío, pero el de su compañera de espera tenía un líquido que muy lentamente ingresaba a su barriga y por consiguiente a su útero. Contemplándolo escuchó el leve tamborileo de las gotas de lluvia impactando techos de zinc. El sonido de la lluvia a la distancia le brindó calma. También escuchó una conversación entre murmullos de enfermeras donde mi lucero le decía a mi princesa "le puse oxitocina para adelantarla, tengo que llegar a la casa más temprano". Inmediatamente la muchacha de a lado empezó a gemir fuerte y a sentir una contracción tras otra, estaba en labor de parto. Las enfermeras se llevaron a todas las embarazadas a otra ala del hospital.

El hospital era un monumento a la Guerra Fría. Sus corredores sucios de tantas manos que habían sobado sus paredes no evitaban recordar que eso color café verdoso pegado sobre la pintura que se descascaraba era grasa humana. La grasa humana estaba pegada a distintos niveles, por personas que tocaron la pared mientras caminaban, otras a la altura de manos que se extendieron a nivel de su camilla o silla de rueda. Ciertas luces fluorescentes titileaban, incrementando el parecido a un pasillo de ejecución hacia una silla eléctrica.

María se sentía adormitada, la silla de rueda en la que la dirigieron al consultorio del doctor Mena era empujada con fuerza, era como si no quisiera rodar. María inclinó su cabeza hacia un lado y vio que la rueda izquierda no giraba por la cantidad de pelos que tenía enrollada. Se detuvo en una larga fila afuera del consultorio. Las mujeres de distintas complexiones y bajos estratos sociales entraban con sus grandes panzas, algunas en camilla otras a pie. El rigor del dolor estaba presente en sus caras. Entraban por una puerta y en menos de 5 minutos por la siguiente puerta volvía a salir la madre en una camilla, inconsciente y sin barriga. Al niño no se lo veía salir por ningún lado. Ingresaba la siguiente al consultorio.

Horrorizada María decidió escapar. Se levantó con mucho dolor de su camilla mientras la enfermera se retiró a traer más pacientes al consultorio. María salió sin mirar atrás, nadie la detuvo, nadie la miró. Recordó que ni siquiera alguien la admitió al hospital. María salió a la calle para encontrar el mismo taxi Lada, se subió, sabía como funcionaba el sistema que cerraba la puerta.

María huyó del hospital para darle a su hijo un parto natural, doloroso y paciente. Nunca más volvió a ver a ninguna de las embarazadas con las que compartió esas horas. María no dio a luz ese día, ni el siguiente, aún no era su fecha. Su niño nació sano, su recuperación fue inmediata.

miércoles, 13 de abril de 2016

Creatividad, ¿A dónde te has ido? por Elizabeth Click

Hace horas que intento dibujar trazos dignos de no ser borrados, pero la goma de borrar gana la partida en cada línea que intento inventar. ¡la creatividad me ha abandonado! No sé en qué boceto la perdí, no sé en qué hora silenciosa se escondió de mi. Miro y remiro esta página en blanco deseando que me hable de aquel rostro desconocido, de alguna mirada perdida en este vacío, de aquella sonrisa que despierte mis sentidos.

Nada.

Vuelve le digo; quiero inventarte, quiero volverte trazo, quiero hacerte cuadro, quiero convertirte en arte, quiero llenar contigo este aletargado abismo. Le hablo y tiene la osadía de no contestarme.
A dónde estás? Creatividad, a dónde te has ido?
Ahora mismo la goma de borrar es mi peor enemigo."


Esperando sea de vuestro agrado, y sin otro particular 

domingo, 27 de marzo de 2016

3 días en el infierno, ficción histórica por @Ed_M_Undo

fragmento del cuadro El Jardin de las Delicias del pintor El Bosco junto al título 3 días en el infierno, ficción histórica por @Ed_M_Undo

De acuerdo a la tradición cristiana, al morir Jesús en la cruz resucitó al tercer día. ¿Sabes que hizo en esos 3 días en los que su cuerpo estaba en la cripta que donó José de Arimatea? Bajó al infierno. En serio. Esta pudo ser la historia que no se cuenta ni en la Biblia ni en escritos apócrifos:

El infierno parece un bosque denso y frondoso que siempre tiene la iluminación del atardecer. Su cielo es como nuestro cielo antes de empezar una tormenta. Nunca llueve en el infierno, no por eso hace calor como nos han enseñado, pero nunca llueve. Su cielo es nuestro infierno, nuestro piso. El diablo no quiere nada que provenga desde su arriba, nuestro abajo.

Se abre un agujero en el cielo del infierno, aparece un haz de luz ¡boom! algo cae como un cometa en línea recta desde arriba. Cuando el polvo se disipa vemos a Jesús, sano, con su manto blanco, sus sandalias de cuero, su semblante humano. La principal característica de Jesús, el hijo de Dios, el dios entre nosotros, es la inmortalidad; por lo cual nunca tiene prisa, por lo cual nunca se enfada. En poco tiempo regresará al Cielo. Su paso por el infierno está en cuenta regresiva a la salvación eterna.

Lo vemos caminar 10, 20, 30 kilómetros en un desierto. Se acerca a unas formaciones rocosas como estalactitas que apuntan al cielo, su cielo, nuestro suelo. De pronto vemos que algunas rocas son seres, casi humanos, levemente deformes, como pintados por El Greco, totalmente blancos. Se esconden inmóviles, parece que Jesús los ciega, ellos cubren sus rostros contra la piedra. Jesús ingresa a los canales rocosos, conoce su camino. Mientras se detiene a admirar el paisaje salido del cuadro El Jardín de las Delicias de El Bosco, uno de esos seres penitentes toca la punta de su sotana de Jesús y el primer evento sobrenatural desde su llegada sucede. Este ser empieza a temblar, sus ojos se tuercen y recobran el color humano, color café oscuro, su cuello mira hacia el cielo y de pronto se cae hacia arriba. No estás leyendo mal, algo la lanza al cielo, su cielo, nuestro suelo. Como ver al revés a alguien cayendo en una precipicio. Lo vemos desaparecer en el cielo, su cielo.

Ahora todos saben que Jesús está en el infierno. Su caminata constante dura 5 horas hasta que llega a este inmenso trono, un trono que no se ha visto en la más deslumbrante fantasía sacra del Renacimiento: oro, piedras preciosas. Todo Roma no lograría asemejarse al esplendor del trono del diablo, quien a su contraparte parece un tipo normal. No tiene barba, su ropa es sencilla, sin joyas, sin lujos. Igual que Jesús, a pesar de pertenecer a las más altas esferas del mundo celeste, se parecen a nosotros los humanos.

Jesús y el diablo se miran, este se mantiene de pie, junto a su trono mientras el hijo de Dios se va acercando, todas las criaturas semihumanas del infierno están pendientes del encuentro, algunos no pueden ni siquiera ver, sus pecados los mantienen ajenos a la situación. Cuando Jesús llega, lo abraza con sus ojos cerrados, su mano sostiene la parte trasera de la cabeza de Luzbel, este no se mueve, hierático parece estatua. Jesús está feliz, pone su cabeza sobre el hombro del diablo y en un suspiro le dice: Te hemos extrañado, hermano.

El diablo no se manifiesta, no dice nada, ahora no lo puede ver a sus ojos. Le dice que por gusto bajó. Jesús le dice que su padre siempre lo ha perdonado, que no debería escuchar esos sermones del castigo, que fue un momento confuso, una mala reacción, que siempre pudo regresar al Cielo, que pudieron arreglarlo. Sin verlo a los ojos le responde que él no es digno de ningún perdón, que mire a su alrededor todos los que prefieren vivir en el vacío, sin Dios. Que se retire, que el tiempo en el infierno pasa más rápido que en la realidad, que han pasado días. Que ya es hora que se acabe su visita. Que nada lo hará cambiar de parecer, su lugar es abajo, que su exilio es eterno, que su perdón no es posible que ni siquiera el Dios que todo lo puede podría perdonar una traición tan grande de parte de quien menos se lo hubiera imaginado. ¡Mírate! Le grita a Jesús, le tomó miles de años dejarte venir, yo tuve que huir. No hay perdón para el diablo.

Jesús lo mira sin cambiar la sonrisa, se da media vuelta y empieza a caminar, se detiene. De espaldas solo girando un poco su cabeza le dice: Ahora que volveré al Cielo, creo que te visitaré más seguido, creo que en tu corazón que vio nacer este mundo debe abundar el amor, la compasión, el perdón por todos. Nos vemos, hermano. Jesús desaparece en un haz de luz hacia el cielo, su cielo. Millones de criaturas miran al cielo, lo ven desaparecer, exhalan un suspiro colectivo y ¡boom! como lluvia del suelo al cielo, millones de criaturas vuelven de donde provinieron. El infierno ha quedado casi vacío. Ver la compasión de Jesús volvió a darle una esperanza de salvación a todos los seres que la perdieron, que se perdieron en el mundo.

El diablo sentado en su trono, enfadado, lanza un grito ensordecedor. Tendrá que esforzarse más si quiere ver su infierno lleno de nuevo.