viernes, 23 de noviembre de 2018
Mota, cuento de @Ed_M_Undo
La casa era de madera a excepción de los pilares y los balcones. Recuerdo que en un año nuevo puse 2 chispeadores en unos de sus grandes ceniceros de cristal y se cortó por la mitad, no tanto como una rotura sino como un desensamblaje, como si los átomos del cristal decidieron frente a mi separarse haciéndome pensar que había sido mi culpa esa acción. Lo que menos me gustaba era el perro pequinés de mi abuela que siempre me gruñía cuando lo encontraba mientras jugábamos a las escondidas. Ella la llamaba La Mota.
Mi abuela nunca tuvo buen gusto, todo su piso desde el piso a mitad de la pared era color café oscuro y su color tenía la habilidad de absorber toda la luz, nada brillaba en casa de mi abuela. Tenía una extraña cantidad de ceniceros pero ella nunca fumó. Me llamaban la atención los grandes ceniceros de bronce en forma de mosca gigante. ¿Por qué pensaría que una mosca gigante podría ser una pieza de decoración? Lo más extraño aún es que nunca se lo dije y cuando murió se los heredó a mi madre, así que un día cuando ya no vivía en su casa husmeando en su gran mueble aparador me encontré esas moscas que con sus opacos ojos metálicos me miraban desde otro planeta.
La casa olía a viejo y era larga como un chorizo que con mi prima y mis hermanas podíamos hacer competencias de atletismo por el corredor que daba a una puerta clausurada que un día descubrí daba a un minúsculo patio interior que tenía dos lavaderos. ¿Por qué instalar un fregadero frente a otro en el mismo patio que no tenía espacio para colgar la ropa? A veces pensaba que esa casa era el muestra absoluta del antidiseño. El cuarto de dibujo de mi tío era también diminuto, su enorme mesa de dibujo ocupaba casi todo el espacio y me encantaba la ventanita como de cuento de hadas que daba al gran comedor familiar.
Pero lo que más me llamaba la atención era la claraboya. Incluso el nombre claraboya me parecía especial. Este espacio con salida al techo era un ducto que conectaba los dos pisos de la casa que de niños nos había prohibido asomarnos. Tenía cuatro pequeñas ventanillas y a veces escuchaba a la familia de abajo.
Un día de curioso le pregunté al inquilino de abajo hacia donde llegaba la claraboya y me dijo que al piso subterráneo. En ese momento se abrió en mí la misión que debía resolver cuanto antes pues nunca hubo un patrón de visitas donde mi abuela porque vivíamos en Urdesa. Podían pasar meses sin visitarla para que luego lo hiciéramos de 2 a 3 veces por semana. Luego de fallidos intentos por encontrar el camino un día la vecina nos mostró una pequeña puertita que estaba al pie de su cocina. Me advirtió que nadie entraba ahí salvo un empleado que desapareció hace años. Entramos con miedo al pasadizo que olía a humedad y en en fondo encontré todas las fundas de caramelo que había arrojado por la claraboya, un par de juguetes que había perdido años atrás cuando escuchamos un sonido que nos heló la sangre, luego el agitado suspiro de algo en la oscuridad que estaba cerca de nosotros. Era La Mota con sus ojos rojos que paseaba por ese laberinto de concreto y no entendíamos como había llegado allá abajo sin pasar por la puerta.
Lo que verdaderamente nos asustó fue que al salir su abuelo contó que el empleado que había trabajado durante décadas era un hombre del campo que no sabía leer ni escribir, hablaba poco y cuando lo hacía nadie entendía y siempre se la pasaba tosiendo. Lo que nadie hizo fue llevarlo a un médico para que le diagnosticara la pulmonía que lo fue consumiendo. Él vivía en el pasadizo y luego de un feriado nunca supieron más de él. Años más tarde al bajar un día al pasadizo al fondo encontraron su cuerpo momificado. Había muerto y nadie lo había notado. Se había convertido en huesos que calzaban su única ropa. Que él fue uno de los encargados en sacar el cadaver y no lo nunca pude olvidar fue la descripción de una media que al inclinarla caían los huesos de la mano.
Esa historia sin duda nos dejó sin sueño un par de noches pero el miedo hacia la Mota y su aparición por arte de magia allá abajo nunca la olvidé. Cuando murió no puedo mentir que me sentí mejor. Lo malo es que a las pocas semanas mi abuela vendió la casa y nunca pude volver a verla.
martes, 20 de noviembre de 2018
¿Por qué se cortó las uñas esa semana?, narración canibal de @Ed_M_Undo
En cierto lugar de Rusia que prefiero no imaginar, en una bodega digamos, dos familias se reúnen, hablamos de familias rusas que son el equivalente a dos pueblos. Todos se casan entre ellos. Una cuestión de endogamia. En la mitad de la bodega una mesa enfrenta a dos personas, suelen ser hombres jóvenes con todo el futuro por delante pero a punto de tragárselo. Es una cuestión de compromiso. Lo que haga el uno tendrá que hacer el otro. Sino empezará una carnicería que quizás extermine las dos familias rusas. Es una cuestión de lealtad. No se puede sacrificar a tanta gente. Alguien tiene que estar dispuesto a sacrificarse por ellos.
Los individuos suelen tener algún entrenamiento militar. Su quijada erguida. Su columna estirada. Imaginemos que la escena da vuelta ante ellos para que podamos cubrir todos sus ángulos. El primer ruso saca de su bolsillo una navaja y procede a cortarse el lóbulo inferior de su oreja. El dolor es visible, palpable, tangible. Sostiene el pedacito de carne mutilada entre sus dedos mientras circunnavegamos esta situación inaudita. El contrincante que sienta frente al mutilado cierra los ojos y gritos de apoyo, insultos, escupitajos provenientes de su familia lo incitan a abrirlos. Al hacerlo, ve directamente como el primer sujeto se come su propia oreja. Pero esperen, eso no es lo peor. Él ahora deberá hacer lo mismo, sino una a una cada mujer de su pueblo serán degolladas frente sus ojos. Niños serán desmembrados. Viejos quemados vivos. Todo frente a él. Toma la misma navaja y sin pensarlo más se mutila no solo el lóbulo inferior sino toda la oreja. Se la introduce en la boca, la mastica. Sangre rueda por las comisuras de sus labios. El oponente lamenta lo sucedido. Ahora con su media oreja palpitante debe cortar cartílago. Con dificultad para desgarrarla, tendrá que proceder a arrancársela. ¿Por qué se cortó las uñas esa semana?. El dolor es imposible, pero lo utiliza como impulso para con la navaja ensangrentada, lubricada por sus propios fluidos, amputar el dedo meñique de su mano derecha. Un grito al unísono copa el eco de la bodega. Con su pulgar y dedo índice de la misma mano sostiene su dedo. Una papa frita bañada en salsa de tomate. En una situación demoníaca, es mejor usar la imaginación para redireccionar al subconciente lo que está pasando. Procede a morder su dedo. La carne cruda es tan difícil de masticar. Caucho. Hule. Poliuretano. La primera arcada viene cuando el diente toca el hueso. La falange humana es tan suave como un huevo de pollo. Olviden lo dicho, sino nunca volverán a comprar en Kentucky Fried Chicken. La cámara gira alrededor de este escenario caníbal, autocaníbal, autoantropofagia.
La carnicería dura solo un poco más antes que uno de los dos cae desmayado. En el piso lamenta que no lo haya logrado. Que su mano pudo salvar a sus abuelos, que su pómulo pudo salvar a su madre. Que la grasa de su estómago pudo salvar a sus hermanos. Que una tira de su muslo pudo salvar a todos. Ahora, mutilado, tendrá que vivir con la culpa del genocidio que ocurre por no haber tenido el estómago lo suficientemente fuerte para haberse devorado.
viernes, 12 de octubre de 2018
Súbditos. Cuento de @Ed_M_Undo.
Un día un pasajero decidió continuar el trayecto del tren. Siendo el último pasajero avanzó hasta las afueras de la ciudad, donde no recordaba que hubiesen vías ferroviarias. Al llegar a la estación salió y fue recibido por una pareja de ancianos de muy poca estatura. Se tuvo que agachar para escuchar lo que decía. Empezó a correr repitiendo en su mente "esto no puede estar pasando". Corría sin sentido por un camino deseando que lo condujese de vuelta a la ciudad.
Ser un súbdito requería de mucha tenacidad. Usualmente viven debajo de largos maderos mojados, negros como el anochecer, abandonados sin un propósito. El súbdito abandona su cubil el día que decide empezar a morir.
El pasajero llegó a un pueblo que pensó reconocer como el sitio donde los buses paran para que los ocupantes usen el baño. La escena solitaria infringió un nuevo temor a nuestro héroe, quien decidió mirar atrás. Su miedo infundado lo llenó de valor, al encontrar la calle abandonada, pero al mirar de frente sintió un latido doloroso en el pecho, sintió sus piernas perder la gravedad. Frente a él, la pareja de enanos, esta vez claramente eran unos jóvenes enanos, lo miraban con ojos huecos. A sus pies, un gato muerto lleno de hormigas. Las hormigas subían a un pan, no tocaban el fresco cuerpo del animal. Se resignó. Nada tenía sentido, pensó que debía tratarse de un sueño y que su verdadero ser debía estar en el tren.
Mi momento del año más feliz era navidad porque podía comprar fuegos artificiales. Llenaba de petardos los maderos y veía volar en cámara lenta miles de pedazos, corazas y patas de los súbditos. Una emoción que perdí con la edad y por la mudanza a una zona más pobre de la ciudad junto a mis padres. No solo dejé la casa de Urdesa, dejé mi reino abandonado.
La historia del pasajero no tiene un final feliz. Un enano muere en la persecusión. El pasajero se culpa y decide lanzarse por un puente en el momento que pasaba un camión lleno de maderos negros mojados.
martes, 11 de septiembre de 2018
Aerodinámica noruega. Cuento de @Ed_M_Undo
miércoles, 15 de agosto de 2018
jueves, 2 de agosto de 2018
Día mundial de la bicicleta. Un cuento de @Ed_M_Undo
El salón Imperial del hotel Villanueva empezaba a presentar un estado de deterioro que pasaba inadvertido por la decadencia de su decoración. Dragones de mármol de Chile, tapices de lentejuelas de Kuala Lumpur, mimbre chino y baldosas de algún archipiélago sueco mejoraban su presencia ante la luz púrpura que ocultaba las manchas de las alfombras y las paredes.
Las primeras en llegar fueron las tías. Ellas llegan dependiendo de su grado de soltería. Una vez que se establecen en sus mesas correspondientes, empiezan a negociar el centro de mesa. El salón se fue llenando armoniosamente. Todos querían pertenecer a la celebración y sobretodo, descontar su regalo con el buffet y el whisky que había prometido el desdichado suegro.
Luego de una efímera ceremonia, Tiempo de Vals de Chayanne, y Un Hombre Divertido de Wilfrido Vargas, se consideró oficialmente iniciada la celebración de la boda. Un baile en pareja, sobretodo un merengue, debe ser danzado bajo una coordinación de pelotón de fusilamiento. Basta que una bala o movimiento de cadera salga antes de tiempo para convertir un hermoso espectáculo en una masacre. La primera bala mata al fusilado, el resto, despedaza el cuerpo sin misericordia, igual que el contoneo de los ritmos dominicanos.
El vino afloja la lengua mientras que el whisky afloja la cadera. Hay que conocer la alquimia de los licores que convierten la conversación en oro o simple plomo.
Lo extraño ocurrió luego del buffet, que suele ser acompañado por bosanova para estimular la digestión. Mutis que presagia una tormenta. De lejos, sin previo aviso y a un volumen muy bajo que pasó desapercibido por un buen rato inició la canción Rompe la piñata. La canción se empezó a notar con el primer charolazo que rompió 27 copas llevas de champagne acompañado del "vivan los novios" iniciado por los padrinos. Este tipo de accidentes suele ser atribuido a meseros enamorados. Pero cuando las esquirlas del primer centro de mesa cayeron sobre el sombrero de la abuela del novio, fue cuando empezamos a notar zafarrancho. La canción fuera de tempo intoxicó a todos. Folklore transformado en killing spree. La olla frágil se volvía un tesoro que debía ser encontrado así fuese socavando el mismo salón hasta sus cimientos.
Ancianos usaban sus bastones para desgajar los candelabros que pendían sobre la mesa de dulces. Un zapatazo tumbó la réplica de la vasija de la dinastía Ming ubicada en el corredor del baño.
¡Que la rompa Felipe! Y Felipe el primo zapateó la estatua de hielo que acompañaba la mesa de quesos. Don Miguel se sacó el cinturón y con la hebilla fue arrancando cada pico de botella de vino que asomaba en el bar. El barman abría los cojines de los sofás con el picahielo.
¡Que la rompa Isaito! Isaías, vecino y amigo de toda la vida de la novia fue el primero en lanzar una silla contra el bar y despedazar el espejo junto a decenas de botellas de licor. Fue el primer beso de Olivia cuando tenían 8 y 11 años respectivamente.
¡Que la rompa Julito! Y cuatro Julios lanzaron con todas sus fuerzas la mesa móvil de los postres contra el espejo de pared completo que desapareció junto a sus reflejos hecho añicos contra el suelo.
¡Que la rompa Jaimito! El novio estrelló su frente contra la estatua de mármol que decoraba junto a la cascada la entrada al salón. Cayó desmayado con un chorro de sangre que manchó el frack, perdiendo la garantía al mismo tiempo de la lividez de su frente. La cicatriz lo acompañaría hasta que las arrugas de su cara lograran hacerla desaparecer en su vejez.
Una frenética y caótica escena. Batrachomyomachia. Pintura negra de Goya. Dos familias unidas por la destrucción. Mayhem colectivo. Lazos de sangre solidificados por perniciosa brutalidad. Ansiedad sin contratiempos. La necesidad de romperlo todo, un deseo incomprensible por encontrar dulces se apoderó de la turba enardecida. Abuelas haciendo añicos la cristalería. Niños dormidos en dos sillas mientras sus madres arrancaban las cortinas y sus hijos adolescentes acercaban las velas para en una hoguera desaparecer todo aquello que no escondiera los dulces. ¿Dónde estaba la piñata de la que tanto habla la canción? Una rebelión de 15 minutos digna de otra historia de Süskind. El perfume en un hotelucho. Pasión de multitudes. Una canción popular en el momento y lugar equivocados podría acabar con toda la ciudad.
martes, 12 de junio de 2018
Rise and fall of an empire in ten days or less, una historia de @Ed_M_Undo
Lina respiraba en una habitación llena de vacío. No había tocado nada desde hace una semana aunque venía cada noche. No despertaba ninguna emoción en ella que su amiga hubiese desaparecido. Eran almas congruentes, más cercanas que las almas gemelas. Desde la primera mirada el primer día de clases supieron que eran de la misma especie. La misma soledad. La misma paciencia. El mismo color de sombra.
domingo, 6 de mayo de 2018
Vuelvo a ser fantasma, cuento de @Ed_M_Undo
Acabo de pasar entre vagones y de nuevo se siente como si lo hubiese hecho dos veces seguidas. Justo al momento de entrar a un tunel. Oscuridad temporal. Conato de ceguera. Turquesa, verde y amarillo. Una aproximación a la claridad. Colores fríos que al mismo tiempo son cálidos. El sonido ensordecedor de las vías. El peso del paso de la locomotora que se come kilómetro a kilómetro la geografía para vomitarla al volver al lugar de partida.
Al abordar el nuevo vagón y cerrar la compuerta la misma sensación de vacio. La sensación de una premonición equivocada. Pero el día es soleado a pesar del frío del clima. Nos dirigimos de Parma a la Spezia. Vamos a pernoctar en Cinque Terre. Quizás no es mi plan predilecto pero Moma ha estado incómoda por mis perdidas. Prefiero darle el gusto. Decirle sí a todo lo que diga. Esconderme detrás de mi sonrisa.
Camino por el vagón. Veo al tipo que duerme con su abrigo esquimal. La chica que sigue en la misma foto de instagram de cuando pasé antes de mi paseo por el tren. Oscuridad efímera de un nuevo tunel. Otro temblor que se desvanece al nacer.
Llego a mi puesto y encuentro a una señora maciza junto a sus dos maletas viejas. Es raro que Moma se mueva cuando yo me vaya, sobretodo por su fijación con el orden y los puestos del tren predestinados. Me paro al final del vagón junto a la puerta a esperarla. Escucho la conversación de unos españoles acerca de la diseñadora famosa que depila a su hija de dos años. La mujer le pregunta a su pareja si eso es legal.
Un empujón me saca del trance. El oficial del tren me pide mi boleto, le digo que lo tiene mi novia, que debe estar en el baño. No se la cree. Balbucea en italiano que volvera. Io ritorno. Miro encima de nuestros asientos y no están nuestras maletas. Eso es más raro aún. Moma tiene la habilidad de planear todo el viaje en su cabeza pero incapaz de hacer una maleta. Yo empaco lo que ella necesitará en una pasarela imaginaria.
Me acerco a la señora y le digo que ahí estaba una chica sentada. No habla ni pizca de inglés ni ápice de castellano. Su italiano debe ser muy de provincia por que no entiendo ni una palabra. Pregunto al tipo que iba a mi lado por Moma y me dice que ahí siempre estuvo la señora. Eso es raro. Él llegó cuando nosotros ya habíamos abordado. El español me mira de reojo, evita contacto directo, ve mi reflejo en la ventana. Me siento de nuevo vacío. La decepción que deja la falsa expectativa. Pregunto a cuatro personas más. Nadie la ha visto. Ni siquiera a mi. Vuelvo a ser fantasma.
Sin saberlo, pienso en el cambio de vagones. Pienso que he cambiado de dimensión. Que he encontrado una nueva forma de hacerlo: quedarme entre vagones al entrar a un tunel en un tren regional de Italia. Si tan solo lo hubiese hecho en Suiza. No está mal Italia pero he desarrollado una segregación geográfica. Una alergia a todo lo que no sea primer mundo. Pienso que no tiene sentido todo lo que acabo de pensar. Moma se debió cambiar de vagón y simplemente nadie estuvo atento a su partida ni a mi llegada.
Solo por si acaso volveré a cambiar de vagón antes de entrar a un tunel, para reencontrar a mi novia, poner las maletas donde deberían estar y volver a experimentar el deja vú que me traiga de vuelta a mi primera dimensión.
Lo intento pero ha perdido efecto si lo hago concientemente. Los que crean el universo no dejan nada al azar. Se me viene a la mente el segundo disco de Weezer. Se me viene a la cabeza Tired of sex. I know i’m a sinner but i can’t say no. Debo concentrarme. Ha pasado media hora desde que Moma desapareció luego que yo desaparecí. La tranquilidad inicial de que no hay paradas por una hora llega a la mitad.
Si mi mente fuera una jaula para mis ideas. Decido recorrer el tren para encontrarla. Espero no encontrar al oficial, tengo 50% de probabilidades de que no vaya en mi misma dirección. No sabría que decirle acerca del ticket, mi novia y mi ausencia de puesto.
Primera puerta. El espacio que separa los compartimientos. En Italia no hay primera clase, solo te mienten que hay primera. Segunda clase es igual a primera. Se ve más cómoda. Un pequeño segmento de pocas sillas vacío. Se ve tan acogedor. Me topo con la puerta del conductor. No recuerdo que estuvieramos a la cabeza del tren. Pero últimamente no recuerdo nada. Regreso a mi vagón. Ahí nadie me conoce. Solo compartimos el mismo oxígeno y los mismos rumores. La mamá que juega con el niño en su tablet, comparten un lenguaje desconocido. Se comunican sin comunicarle a nadie. Eso debe ser amor. La pasajera asiática con su cara nivea y su maleta pequeña que parece pesar una tonelada.
Aprovecho que paso por un baño para desahogar. Los grafitis a mano. El agujero negro. El letrero de no drinkable water. Me miro al espejo. ¿He cambiado? Un grupo de siete niños ingleses que juntos suman 800 pecas. Son idénticos, más parecidos entre ellos que los chinos entre chinos. Otro cambio de vagón. Anhelo por un puente y un deja vú. Moma no está en ninguna parte. En medio de Europa, más perdido que millonario en el Gran Cacao. Temo que en el resto del tren no encuentre a mi novia. Pero continúo. El ugandés que podría ser una sombra bien vestida. El señor que empieza el libro de mil páginas. Cambio de compartimiento. Veo a la mujer con cara desesperada por un cigarrillo. Sus dedos medio y índice engarrotados a la espera de la siguiente parada para encender sus pulmones. Los que duermen con gafas pero podrían estar despiertos y observándome. Nadie me ve pero todos me miran. Miro† un reloj. Faltan 10 minutos para nuestro destino. No llevo reloj. Empiezo a percibir miedo. En mi. En los pasajeros que no me han visto. La pareja que pelea en silencio. El niño que duerme en los pechos de su madre. Los pechos de su madre. El holandés tatuado. La belga tatuada. La americana sin un tatuaje ni cejas. Vagones de colores pasteles. Túnel. Vagón túnel. Salimos de uno y escucho el final de un mensaje en altoparlante que dice en italiano que se me acaba mi tiempo. De nuevo túnel. La gente se empieza a levantar de sus puestos. Me cruzan maletas. Carryons. Bolsos. Mochilas. Me choco con la suiza de dos metros. Pido disculpas en español, en inglés, en francés, en italiano. La mirada de desprecio tiene un solo lenguaje. Corro. Pasamos un tren. Pasamos otro. Tropiezo. Pasamos otro tú`nel. Escucho como el tren desacelera. Entro a un vagón donde todos están de pie. Los europeos tan puntuales ya están listos antes que el tren llegue a su destino. Siento que se me acaba la vida. El tren se ha detenido. He perdido mi novia. Mis maletas. Mi todo. Detrás de una gran maleta aparece Moma. Me recibe con un dónde te has metido. Es una estupidez que te desaparezcas cuando estamos por llegar. Me da la espalda y me vuelve a abandonar. Seguimos nuestro largo viaje. Otro deja vú.
miércoles, 31 de enero de 2018
Sombra, cuento infantil de @Ed_M_Undo
Creado el puma, este, empezó a jugar con su sombra. A su creador le causó tanta gracia que decidió convertirla en un animal y la llamó pantera. La pantera vive en una constante noche sin luna. La pantera aprende a caminar antes de respirar. La pantera duerme en sueños por que prefiere estar despierta en la realidad. La pantera no se esconde, todo el universo se confabula para esconderla entre arandelas de bosque. Es tan negra que a veces las hormigas no la ven y le caminan encima en su caravana sin peso que dura mil años.
¿Quieres ver a mi pantera? Mírala en el cuarto oscuro, a veces me visita de su jungla. Le dejo la puerta entreabierta y se acomoda al pie de mi cama. Es tan rápida que si quiero encender la luz ya está en su rama en todos los bosques del mundo y en ninguno. Por eso no la busco, mi pantera siempre me encuentra.
martes, 30 de enero de 2018
Se busca guardián, cuento de @Ed_M_Undo
Nántier, el pescador del pueblo, siempre contaba ese chiste del que nadie nunca se reía. Acusaba a la ausencia de alcurnia de sus convoyantes, que su humor británico era muy poco apreciado en estos lares. Que es un claro mensaje que su destino es en otra parte menos aquí.
Era famoso por que un día regresó de su jornada con un pez espada y sin su compañero, Duval. Insistió que había capturado el enorme pez luego que escuchó el grito de su amigo apagarse en las fauces del enorme animal y que de la furia lo atravesó 10 veces con un harpón (la verdad es que nadie en el pueblo tenía harpón) y con la fuerza de 27 niños arrancó del bravo mar al espécimen que luego donó al museo de Valdivia para que sea exhibido a todos los niños estudiantes como advertencia que al mar hay que saberlo respetar.
Han pasado 30 años desde que se colgó la cabeza disecada del pez espada en el museo y aún no consiguen un solo guardián que dure más de un día. Todos huyen al pasar la medianoche insistiendo que el grito que sale de cráneo les hace helar la sangre.
viernes, 29 de diciembre de 2017
Síndrome de muerte súbita, historia de @ed_M_Undo
Está ahí porque ningun hospital o clínica, urbanos o rurales lo quisieron recibir. Esta es su última opción. El edificio pertenece al pasado. Capa tras capa de pintura durante 30 años le han dado un aspecto de ser de mentira, de ser de cartón, de ser falso.
En la recepción no hay nadie, ninguna puerta con llave. Aurelio nota que es el primer edificio que ve en Guayaquil que no tiene ninguna reja, este es el único lugar al que ni los ladrones quieren venir. Cuando los ladrones vienen a la morgue lo hacen para quedarse. Vienen chuzeados, disparados, matados, atropellados. Ladrón no muere de forma natural. Aurelio busca en el corredor la prueba de que este no es un lugar abandonado. Que no es el limbo.
Al final del pasillo, donde titila una fluorescente que no tiene cubierta, al empujar la puerta ve la espalda de un doctor gordo y corpulento. Este parece que concentradamente habla en voz baja para si mismo. Aurelio lo contempla, quiere irse, salir corriendo, pero está congelado.
“Pásame la sierra hijo” dice el doctor un poco más alto del zumbido de su trance. “A mi me dice Culebra”. Aurelio entrega el instrumento y se presenta. Le cuenta que nunca ha tenido apodo, que su padrastro lo adoptó y lleva su apellido. Que nunca conoció a su padre.
Este no es el lugar para conversar de la vida hijo, aquí si se conversa es de la muerte. Ahora pásame esa fundita y deposítala en esa camilla. Aurelio carga una funda de comisariato un poco pesada, fría. Vas a inaugurarte hoy con un caso complejo: un niño recién nacido.
El cuidado de Culebra para acomodar el cuerpecito morado del bebé es sobrecogedor, se toma una fracción de siglo ponerlo bocarriba del mesón metálico. Con un escalpelo semioxidado rebana el pecho de la criatura que parece suspirar. ¿Qué ves hijo? Le dice a Aurelio.
Por las señales de contractura pulmonar y la desviación del esternón este niño...murió de asfixia, pero... Aurelio hace una pausa y toma el cuerpito con sus 2 manos. Este niño fue triturado. Culebra lo mira y le dice que tiene 8 días de nacido. Que sus padres tienen 4 niños más.
Que son buenas personas. Que la madre vino devastada. Ellos mismos lo encontraron en la cuna muerto. Que el diagnóstico es Síndrome de Muerte Prematura. Que suele pasar en recién nacidos, que aún se estudian las causas. Aurelio lo mira estupefacto.
No me mires así hijo, dice Culebra. Que no le pueden hacer eso a los padres, que ella no tuvo la culpa, quizás se quedó dormida mientras lactaba, quizás lo puso en la cama y dió media vuelta. Puede pasar. Más a menudo de lo que imagina. Esto no está bien dice Aurelio.
¿Alguna vez has dormido con un niño en una cama de una plaza hijo? Aurelio da media vuelta. Dice que sí, pero que nunca lo mataría. ¿Y por qué has hecho eso si no tienes hermanos menores hijo? Aurelio hace silencio. Te voy a explicar como funciona esto hijo.
Ya cuando pases tantos años como yo en la morgue, empiezas a reconocer las víctimas. Empiezas a diferenciar asesinatos, de accidentes, de homicidio. Los suicidios son los más fáciles de reconocer. Es que uno cuida de uno mismo hasta para matarse.
Yo puedo ver en la paz del niño que era amado hasta cuando su madre lo mataba dormida, que ambos dormían juntos, solo que él para siempre, solo que ella sobre él. Así que apunta la causa de la muerte: Síndrome de muerte súbita. Aurelio le hace caso. Culebra le agradece.
Lo manda a que descanse, que han pasado 4 horas en el caso y que prefiere que esté lúcido por que tienen 2 cuerpos que despachar en la mañana. Aurelio se acomoda en un catre en el cuarto de atrás. Culebra guarda el cuerpecito en una cajita, lo mete en un congelador.
Culebra entra despacio al cuarto donde duerme Aurelio, lo mira con ternura. Le dice que él y su madre se conocieron en la facultad de medicina de la Universidad Estatal hace 25 años. Que con el embarazo ella abandonó la carrera y a él. Que está orgulloso de que sea médico.
De lo que no está orgulloso es de lo que hacía en la escuela en la que trabajaba para pagar su carrera. Esos niños inocentes no merecían eso. Qué sabe que faltó como padre, que pudo haber abandonado la carrera, que no hizo bien en su vida la ausencia de un padre.
Que va a compensar la falta que hizo, que nunca más volverá a abusar de niños, que sabe como los padres pueden matar a sus hijos con amor. Y Culebra con sus 350 libras se sienta encima de Aurelio. No logra más que mover un poco sus brazos antes de morir.
Culebra agarra a su hijo, lo carga hacia su mesón de metal y lo desnuda. Le hace la autopsia y luego crema el cuerpo. Sabe que podrá morir tranquilo ahora que la causa de su muerte ha sido súbita.
viernes, 20 de octubre de 2017
Año nuevo, cuento de Pablo Echeverría.
viernes, 13 de octubre de 2017
Cofradía, cuento de Martín Torres
Acta oficial.
Hora: _12:13_
Celador número: __4___
Registre, en las siguientes líneas, los eventos observados:
El jardín, en medio del sol blanco, espera pacientemente las pisadas de dos miembros de la Cofradía. Sus nombres no son importantes, en realidad. Ambos, casi de la misma estatura, aunque con un par de décadas de diferencia en su edad, se han encontrado en situaciones muy distintas anteriormente.
En este lugar, ni siquiera la muerte termina por igualar a los individuos: son iguales y la idea es diferenciarlos. Cada paso que se ha extendido por estos jardines calcinantes es distinto al anterior, paralelo a las promesas que se dejan atrás con el polvo. Este tiempo, que transcurre despacio y perpetuo entre las hojas secas que son las sombras de las nubes, profana toda la carne que toca. Cada pequeña arruga, cada mínima marca en la piel y cada cabello que palidece ante el terror de la vejez marcan con su propio tambor lo inevitable.
Ambos, el Viejo y el Joven, pasean con la tranquilidad de quien camina su laberinto. Sus piernas podrían ser fauces que se abren y se cierran de forma vertical, que cortan sus vidas en pequeños fragmentos. Aquí, no se persiguen el uno al otro. No escapan más que para poder encontrarse, del mismo modo en que los desquiciados y los malditos caminan los rieles del tren: de frente ante el encuentro de todos los instrumentos de la decisión.
Durante toda una vida, o dos, o tres, o ninguna (que es lo mismo) se han caminado a distancias similares. Se han dado cuenta de lo inesperado que resulta despertar en un cuarto cubierto por una película en blanco y negro, a la madrugada, y atender al llamado del deber, de la pobreza o de la ley; a cualquiera de las dos orillas que los conducen al acantilado polvoriento de la acción.
Ambos han sido bastardos viviendo en un traje miserable, recorriendo el crimen, uno más profundamente que el otro. Ambos han escuchado los alaridos del ebrio que cantaba y paseaba mientras todos dormían para darse fuerzas. Ambos han dejado botellas a medio acabar, mujeres a medio complacer, cigarrillos humeantes… ambos han sido prófugos pero de diferentes demonios. Ambos han rezado también, han tratado de desmenuzar las flores que los cadáveres de los niños olvidaban al ver a Medusa a los ojos, al convertirse en lágrimas pulverizadas por lo que un dios retorcido y demente considera justo.
¿Quién está en lo correcto? Lo único que separa a un criminal de un policía es el latido que llega primero, o el suspiro que llega al bajar el rifle: el momento en que las almas se alivian o se agitan después de tomar la vida de un hombre y llevársela al infierno que nos sonríe cada día.Ese mismo infierno, también espera las pisadas de la juventud y la vejez.
Los actos que caminan fuera de la obviedad no les interesan a los hombres que sirven a la justicia. Es precisamente el criminal el que repta dentro de las fauces de su propio frenesí. Solamente cuando el policía se da cuenta de que debe pensar como un criminal para atrapar a su presa se libera ante su propia función. El criminal, por otro lado, se deja llevar ante el impulso de su propia racionalidad: planea, prevé, analiza, contempla y define el sendero casi invisible que se teje como una mecha ardiendo en medio de la chispa universal.
El Viejo y el Joven se arrastran hasta que se pueden poner de pie, hasta que el peligro ha pasado. Se dedican palabras amables ante el respeto que sienten el uno por el otro, porque ambos entienden que debajo de todos los conceptos reside la carne: saben perfectamente que no somos más que tumbas móviles que infectan el vacío con la nada, la materia con lo efervescente.
¿Quién guardará silencio primero? ¿En qué encrucijada el camino se desgarrará y llevará a uno de los dos al caudal infinito de un silencio superior? El Joven se atraganta con el polvo que se levanta mientras el Viejo cierra sus ojos gastados para evitar que sus pupilas se laceren: en el fondo, les gusta el sabor de la tierra y las lágrimas contaminadas que les obligan a ver el horror de un mundo que decidió por ellos.
Las plantas que se abren paso entre las fisuras de la piedra los observan. Se abren para escuchar la conversación cordial y para tragarse los rayos de sol que las alimentarán lo suficiente como para arrastrarse en el suelo. Saben perfectamente que ambos miembros de la Cofradía han sentido el beso frío y efímero de una bala hirviente, el acero helado que destripa los tejidos de un cuerpo jadeante.
Eso es lo que hay pendiente entre los dos: una mirada, una palabra y todos los caminos que conducen a este camino. Y este camino, a su vez, esconde la brutalidad salvaje y melosa de una decisión que cambiará el horizonte entero. Tal vez las nubes no son los sueños de los que sí pueden dormir. Tal vez son los suspiros de resignación de los que caminan. Tal vez son todos los sonámbulos, todos loscadáveres condenados. Todos dioses. ¡Todos en la honda sima de la humanidad! ¡Todos ahogándose contra el fantasma de lo que creen correcto!
El Viejo llevará al Joven frente a un pelotón de sus pares y esperará a que lo aniquilen o lo olviden (que también es lo mismo). El Joven degollará al Viejo y teñirá un camino con su sangre. Pero no este, no hoy. No hoy.
Hoy, los pasos de ambos están a salvo, como los dedos del malabarista cuando el último cuchillo se ha dormido y el semáforo ha cambiado de color. Hoy, este jardín se ha ahorrado el horror de ver a dos hombres perderse en medio de la bruma helada y amarilla que cobija al sepulturero. Hoy, el tiempo también puede esperar.
viernes, 29 de septiembre de 2017
генезис, el buque ruso. Ficción de @Ed_M_Undo
Nuestro personaje que no es ruso, necesita de este navío para completar su experimento. En el puente de control todo marcha según lo planeado: a las 7 horas del 7 de julio del 2077, estallará su reactor nuclear. Nuestro héroe estará en el buque ruso, pero no se encontrará con vida. Va a suicidarse minutos antes de la reacción en cadena. Sus cálculos son exactos, la ubicación será el centro de la Tierra. La mitad. Todo el periplo para lograrlo le ha tomado 17 años. Cuando se está solo en la Tierra y se cuenta con todo el tiempo, el tiempo pasa tan lentamente que los años empiezan a parecer siglos.
Una vez que el experimento se realice, el científico regresará al momento exacto en el que inició la humanidad, en el vientre de un ser casi humano que llamaremos Eva.
¿Por qué un buque ruso, en medio del mar, reiniciaría la existencia? Su reactor es el mismo que explotó en Chernobyl. La respuesta no es sencilla de explicar, pero es para desencadenar la energía necesaria para viajar en el tiempo.
¿Recuerdan Hiroshima y Nagasaki? Fueron los más grandes intentos de viaje masivo en el tiempo. ¿Se dieron cuenta que después de la Segunda Guerra mundial todo el desarrollo humano y tecnológico se aceleró? Avanzamos en 60 años más que en los últimos 60 siglos.
El problema del viaje en el tiempo es que requiere demasiada energía. Debe ser descomunal, un estallido supersónico. Para transportar un átomo se necesita el equivalente a un taco de dinamita. Para que nuestro amigo viaje en el tiempo se necesita a Chernobyl.
El buque ruso estallará para que se pueda reiniciar el proceso evolutivo, enviará al último viajero del tiempo al principio de la humanidad y mientras sus átomo son el combustible para una gran ignición, su destino efímero tiene la mayor de las responsabilidades de la historia humana, no debe ser coincidencia que su nombre, el del buque, al español, significa Génesis.
viernes, 8 de septiembre de 2017
Siempre pudiste leer las mentes, crónica de Ian Tate por @Ed_M_Undo
Se abre una puerta descomunal, imposible. 6 metros de largo. Sabe que no hay perspectiva para que se haya abierto toda. Entra Rauchen, su jefe. El hombre que consiguió contratarlo para un trabajo que nadie puede lograr. Nadie excepto Ian. El pago no se realizará en dinero, a pesar que tiene a su disposición recursos económicos ilimitados, un avión privado, yates, helicópteros, autos y aún no lo cree pues podría tratarse de una exageración: una bomba nuclear.
Rauchen se sienta frente a Ian y le sonríe. Le cuenta que el menú que han preparado hoy su enjambre de chefs es digno de la última cena de una escuadra Seal directo a una misión suicida.
"Es lo que usted quiere que yo haga" le dice Ian. La conversación ocurre como si nada, como si hablaran del clima, del programa de tevé de anoche.
"Sr. Tate, he esperado 35 años para encontrarme con usted, siempre lo supe. Mi propuesta es sencilla para un hombre de su poder. Solo le pido me entregue el Sagrado Cáliz, no el falso atractivo turístico de Roma, yo quiero el verdadero, el que está custodiado en Teherán, en un bunker bajo los escombros de un edificio. Usted verá, mi cliente ya intentó recuperarlo pero ha fallado en cada intento. Mi cliente es alguien también poderoso, de un poder digamos, ancestral. Pero aún así no tiene lo que se necesita para reposeerlo".
Ian se levanta, explica que él simplemente es una persona que siempre está en el lugar equivocado en el peor momento.
"Ahí se equivoca Señor Tate. Usted es una de esas creaciones de los dioses, digamos, edición limitada. Único. El primero en su especie. El último de su especie. Usted ni siquiera nació. Su madre ya estaba muerta cuando vio la luz de la vida. Yo lo que le propongo es que use ese don que siempre ha tenido para que nos ayude a recuperar algo que, digamos, siempre nos ha pertenecido".
Ian insiste en lo imposible de la misión.
"Tendría que ser un fantasma". Ya lo es, responde Rauchen.
"No se puede sobrevivir a ninguna de las pruebas que hay que superar". Usted ya ha pasado muchas en su vida Señor Tate, solo que no se ha dado cuenta aún.
"Tendría que adivinar lo que piensan los sabios a los que debo enfrentarme, es simplemente imposible". Siempre pudiste leer las mentes Ian, solo que no estaban conciente".
Disculpe por tutearlo Señor Tate. Verá, ya nos conocemos, digamos, yo lo conozco de toda su vida. Lo he cultivado para esta prueba. Solo piense en cada vez que caminando se encontró con otra persona de frente. ¿Verdad que siempre da el paso al mismo lado que esta persona? ¿Se encuentra atrapado en una danza improvisada que debe esforzarse por escapar al tercer o cuarto paso? ¿Se da cuenta que cada vez que olvida marcar el piso en el ascensor la otra persona va justo donde usted necesita subir?
Ese ha sido usted siempre manipulando sus mentes Señor Tate. Ahora simplemente le pido que haga lo mismo por mi, por mi cliente. A cambio, usted recibirá la llave para ingresar a la siguiente dimensión, donde se encuentra raptada su amada. De donde nadie nunca ha podido regresar, pero como usted no sigue las reglas de esta o ninguna dimensión, espero volver a verlo mi querido amigo, y que me cuente como se ve el infierno en verano".
Ahora, ya que estoy seguro se ha decidido por el trabajo, comamos.
domingo, 27 de agosto de 2017
Union Square, por @Ed_M_Undo
Pasa el moreno con rastas en un traje a la medida de corte italiano. Pasa la rubia en bicicleta, tamaño extra large pero de proporciones exactas. La chica en el short jean con lentes para que se vea bien aunque no la ayuden a ver bien. La asiática de blusa de lana demasiado blanca a la sombra. Chicos en pantaloneta. Chicas en faldas. Alegres. Desconcentrados. El domingo es un día que convierte a Nueva York en una dimensión paralela. Me queda viendo una chica. Presiente que sé sus secretos. Gringos pasan rápido. Gringas que pasan lento. El fondo es una pintura de arte moderno cuya única distracción es el kitsh de los taxis y carros. Nadie lleva pasajeros. No saben que yo sé a todos los que han matado. Pasa la chica hablando por teléfono, pero sé que está apagado y habla con la voz en su cabeza para que nadie la mire raro. Padres y madres. Hermanos y hermanas. Amantes y esposos. Todos en la vereda del frente. Nadie se me acerca. Nadie quiere pasar cerca del indigente. Miro el globo que se desinfla lentamente en el árbol. Lo puse ahí para recordar donde te enterré en Union Square a comienzo de verano. Pasa la pelirroja de los jeans negros apretados. Pasa la pelirroja con sweater sobre su vestido largo. Pasa de nuevo el moreno del traje. Esta vez viene fumando un cigarrillo. Creo que me ha descubierto. Tendré que eliminarlo.
martes, 1 de agosto de 2017
Descanso, historia por @Ed_M_Undo
viernes, 24 de marzo de 2017
Desdoblamiento parte1, ficción y testimonio de Ed M. Undo
Ed M. Undo se sentó en su cama. Su cuello rígido, quizás alguno de los conectantes había sufrido algún ataque. Él sabía que pasaría las horas más angustiantes de su vida. Iba a ver pasar por sus ojos la vida de 6 personas en distintos momentos de su vida. Sería como morir 6 veces seguidas. Iba a necesitar toda la fuerza posible para sobrevivir.
Vió a Virginia correr hacia un árbol al atardecer. Corría con los ojos cerrados. No los ha abierto en 20 años, ya está anciana, muy anciana. Su nieto acaba de caer de la copa de un árbol. Todos saben que está muerto, ella sabe que la muerte no es una frontera sino un nuevo comienzo. Pide que la dejen junto a su cuerpo. Abre sus ojos sobre su cara, sale una luz, no hay forma de describirla. Ella dice que una vez vio a Dios y desde ese día no pudo abrir de nuevo sus ojos, no había nada que valiera la pena ver luego de haberlo visto. El niño abre los ojos, respira, empieza a llorar. Virginia cae muerta a su lado, sus ojos en blanco, su sonrisa de paz.
Undo está acostado con los ojos abiertos viendo el techo. Ya no es un techo sino la galaxia, en espiral, centrífuga. Su alma se espiraliza, entra en contacto con tribus de Moisés. Sus moléculas se evaporan. Ya no es un cuerpo, es una nébula. Sus ojos, dos soles que nacen al otro lado del universo, cuya mirada cuando se posa en el presente ya ha muerto. Sus años son años luz. Su luz es un agujero negro.
Empieza a sentir una leve ansiedad. Mira a Lupo el lobo Molina correr hacia un carro, sus ojos llenos de lágrimas. Un camión pasa junto a él. Sabe que no cuenta con el tiempo pero intentará salvar a la niña. Ha perdido la cuenta de los años que lleva trabajando en el caso del demonio del Cerro. Le ha costado la vida a 700 personas. Está tan cerca de resolverlo, pero descubre que hay fuerzas que han hecho de su investigación una religión. La niña simboliza la salvación de la humanidad. Ha sido raptada por un ser que en apariencia podría ser el demonio, pero Lupo tiene evidencias que dicen lo contrario. No tiene nada que perder. El carro llega a 120 kilómetros por hora, eso significa que el camión va a 150. La lluvia hace todo borroso, el limpiaparabrisas no evacua el agua a la velocidad necesaria. Se abre la puerta, ve al demente sostener a la niña del cuello mientras con un machete apunta a Lupo mientras sonríe. Se cierran las compuertas. El camión hace un brusco giro a la derecha, se sale de la autopista. Se abre una compuerta del camión y empiezan a caer pequeños objetos contra el parabrisas de Lupo, en un momento el vidrio está marcado de sangre. Lupo apaga el limpiaparabrisas. Cae algo grueso, ve piel y un par de dientes, luego caen 3 dedos, parecen arrancados. El demente está mutilando a la niña. Lupo no puede más. Deja de pisar el acelerador. Ve alejarse el camión. El demente es asoma por una de las compuertas y arroja algo que debe ser un pedazo de cuerpo. Lupo no puede más. El zumbido del motor y el vidrio rojo empañan su vida.
Ian Tate y la niña Paz son los últimos en llegar a la salida del laberinto. Sabe que su vida corre peligro y debe hacer todo lo posible por salvarla. Acaban de escapar del submarino en el cual presenciaron la destrucción de la ciudad oculta de Chilampak. Un acto de justicia del cual no encontrará perdón. Ha negociado con el diablo y la negociación no le ha parecido justa. La niña no puede más, Ian la carga para seguir corriendo. Llegan a una compuerta de metal, la abre y casi cae a un silo oscuro. Ingresa y cierra la puerta, necesita tiempo y espacio para realizar una invocación. Dibuja un pentagrama, la niña 7 círculos alrededor, ya saben de memoria como hacerlo, este es su memento. Al terminar el rito, Ian tendrá que abrir la compuerta y buscar un espacio abierto para que su cuerpo sea proyectado astralmente a otro lugar, en otro tiempo, en otra galaxia. Están por lograrlo cuando frente a él se materializa Luzbel, quien le dice que lo ha vuelto a engañar, que ha vuelto a creer en Ian y ha vuelto a fallar. Que tendrá que regresar al infierno por que ha conducido a su novia, la guerrera al averno. Ian pierde la concentración, no culmina la trepidación, trata de atacar al Luzbel pero este lo esquiva, la niña se esconde en un rincón, se tapa los oídos con sus manitas y empieza a cantar la canción que Ian le enseño, la de los árboles siendo brazos que se elevan al cielo, que solo son memoria y nada más. Luzbel se despide y le dice que puede continuar con su teatro y huir, pero que lástima que todo sea tan difícil sin manos, de pronto saca una espada de fuego y le corta las 2 manos a Ian y desaparece. Ian cae al piso desmayado. El fuego a cauterizado las heridas. Se levanta, no logra concatenar las ideas, sabe que podría terminar el ritual, le pide ayuda a Paz para lograrlo. Lo hacen, escuchan los truenos, saben que el portal está abierto cerca, Ian se lanza al piso derrotado, sabe que sin manos no podrá abrir la compuerta, que la niña es demasiado pequeña para lograrlo. Cierra los ojos, pierde la fe. La niña se le acerca, le besa la frente, los labios, le pide perdón por lo que va a hacer. Ian no entiende lo que significa eso. Le dice que no tema, que está seguro que alguien los buscará pronto. Ella le pide un último deseo antes de morir. Ian le dice que no repita eso que van a sobrevivir. Ella le dice que él sobrevivirá, pero ella debe despedirse de su cuerpo para lograrlo. Que ha llegado el momento de cumplir su misión en esta tierra. Con lágrimas en sus ojos Ian le dice que desea. Bésame como la besas a Virginia, no llegaré a la adolescencia ni a la adultez, pero quiero saber que significa ser mujer. Ian cierra sus ojos y le da un beso a la pequeña niñita, ella lo toma de la cara, le muerde un labio. Él empieza a llorar y sollozar, le grita que lo perdone. Que lo deje morir, que no lo haga. Ella camina lentamente hacia la pared, se acuclilla, parece que va a rezar. Su frente topa la pared. Su cuerpo se dobla hacia atrás en una contorsión inhumana. Con violencia su frente golpea la pared. Una y otra vez hasta que está cubierta de sangre. Ya sin fuerzas su cuerpo se desploma, hay un agujero en su frente. De pronto sus manitas que parecen de un títere se levantan y dedos se meten a su frente, su cráneo partido, sus sesos esparcidos. Con fuerza el agujero se agranda, pierde la forma humana. Sale una mano inmensa, gigante, tosca, áspera. Le sigue un brazo enervado, muscular. Empieza a salir mientras el cuerpo de la niña queda destrozado. Ian no puede creer lo que ve. Rumiñahui acaba de renacer frente a sus ojos. Mirada demoníaca, fuerza de leviatán. Corre contra la compuerta y la arranca del silo. Agarra a Ian de la cintura y se lo lleva corriendo. Paz le ha dado paso a la guerra.
Ed M. Undo no puede más y se desmaya. A pesar que faltan 3 historias, la noche será gentil con él y dejará que el desdoblamiento continúe cuando despierte.
miércoles, 15 de febrero de 2017
He preferido olvidarlos, microcuento de ficción de @Ed_M_Undo
Lenín Moreno ingresa al gran salón donde se encuentra el presidente, su antiguo binomio, Rafael Correa. Empuja las ruedas de su silla muy lentamente, como no queriendo llegar a su destino.
El salón está solo iluminado por la luz del proyector que demarca un cuadrado blanco en la pared, junto a una pintura rococó de Simón Bolivar. El presidente alza su voz, le habla como viejos amigos a Lenín, le dice que todo ha salido como habían planeado, que hará que gane en una sola vuelta, que seguirán con su obra, él a la distancia pero guiándolo en cada decisión que deba tomar como nuevo presidente del Ecuador.
"Renuncio Rafael" le dice sin pestañear desde su silla de ruedas. Rafael se levanta y se acerca a él, se agacha y le dice sutílmente en sus rodillas, casi rogándole. "Es demasiado tarde, no hay marcha atrás, estamos a 3 días de las elecciones Lenín, es solo unos nervios, a mi me pasó lo mismo".
"No Rafael, estoy decidido, no continuaré esta farsa". Correa se levanta y en tres zancadas llega a su computadora, mientras la mira concentradamente le habla de espaldas. "Recuerdo como si fuera ayer cuando me contaste como quedaste paralítico Lenín; la lenta recuperación, el dolor constante, el perdón a tus atacantes". "¿Los recuerdas?
"He preferido olvidarlos Rafael".
"Son esos recuerdos los que nos fortalecen Lenín, mira que si ellos no te hubieran metido un balazo por robarte no hubieses llegado tan lejos, ¿o acaso antes de escuchar ese disparo pensaste que un día podrías ser presidente de la república?
"Nunca se me pasó por la cabeza Rafael, pero de todas formas renuncio, no soy la persona para esto".
"Lo siento Lenín pero yo soy la persona que te ha impulsado desde el inicio y sé que te puedo hacer preidente". "Verás, desde hace unos años tengo el único video de tu ataque Lenín, lo conseguí de una cámara de un cajero que todos olvidaron investigar. Yo mismo fui al sitio y pedí una copia". "Necesito que veas de lo que soy capaz. De mi convicción hacia ti". Rafael Correa regresa a verlo a Lenín quien se seca las lágrimas de frustación de recordar el ataque que lo sentó de por vida.
Correa pone play, la única luz del salón muestra un video en el que 2 ladrones encapuchados que apuntan y roban a Lenín Morenoo y a su esposa. Uno de ellos hala el gatillo, Lenín cae al piso, su esposa corre hacia él, se lanza sobre su cuerpo, el otro ladrón sale corriendo. El que disparó contempla a la pareja en el piso. Gira, empieza a caminar hacia el cajero, mira fijamente la cámara que graba, su pistola aún tiene humo del disparo. Cuando está a un par de metros, se saca la máscara, es Rafael Correa, más joven, con una mirada demente.
Lenín grita de terror, Correa detiene el video en su rostro congelado en la pantalla, se gira y se vuelve a arrodillar, lo mira fijamente a los ojos mientras Lenín tiembla y llora en su silla de ruedas, se escuchan gotas del orine que cae de su asiento.
¿Ahora entiendes de lo que soy capaz por hacerte presidente?
jueves, 19 de enero de 2017
Ian Tate Polanski: Iniciación por @Ed_M_Undo
Mucho ha pasado en la vida de Ian Tate. En su éxodo, una fracción de vida la consumió entre miles de libros en Cuenca, criado por un matrimonio de bibliotecarios ciegos. Ya para cuando su visión se consumía, habían leído cien mil libros cada uno. Tenían tanto vocabulario que parecía que Cervantes había absorbido parte de su militancia de letras perdidas. Sánscrito de escritorio.
Ian ha sido contratado por una extraña organización para formar parte de un grupo de bizarros personajes que parecen salidos de una historia perdida de Edgar Allan Poe. Para decidirse realizó el único viaje para conocer la opinión de quien piensa que es su padre: Roman Polanski. Se encontraron en París, se dieron el único abrazo de la vida, Roman le dijo que olía a su madre. Ian asume que él es su padre por que estaba casado con su madre, pero en su vida ya conoció a un medium que quiso ponerlo en contacto con su madre en el pasado y cada sesión espiritista era un relato de alguna orgía de alcohol, drogas, sexo y por una aún extraña razón, de leer historietas. Ian no quiso seguir investigando el pasado de su madre, se quedó con el pasatiempo de los comics pero se dio cuenta que por lo menos 10 hombres podrían ser su verdadero padre. Roman a veces se limitaba a filmar las orgías.
Ian está nervioso. Nunca ha pertenecido a ningún grupo, siempre ha sido un outsider y como descubrirá el lector, lo seguirá siendo. Busca un momento de claridad para mirarse al espejo y decirse que es un buen momento para conocer amigos, que los ciegos que lo criaron nunca le demostraron amor, ni ellos se demostraban afecto, excepto cuando llegaban cajas de libros nuevos, la mujer abría los libros y el esposo besaba y olía sus manos. Los libros Braille siempre olían a aceite de alguna prensa. Ian puede leer Braille. Además sabe leer y escribir sánscrito.
Ian es guiado a un cuarto a media luz, se escuchan voces, carcajadas. Al ingresa, todo es silencio. Vestidos con trajes victorianos, otros con jeans y sacos de pana, 5 seres de toda forma y color lo contemplan extasiados. Él es el nuevo del grupo, lo llevan esperando un año. El señor Demetrio Burguesí aún no llega para hacer las presentaciones. Ian camina despacio, su incapacidad de establecer relaciones lo anima a acercarse a la más extrovertida del grupo, la señorita Virginia. Su larga cabellera rubia y su vestido de cuero hasta las botas repele cualquier proximidad. Ella le sonríe y le pide que espere a Burguesí, que no es tan fácil entender el por qué de tan especial grupo en un momento como este.
Virginia se acerca a Ian y habla a su oído. Le comenta que se necesitan 7 miembros para proseguir con la iniciación. Ian levanta la mirada y realiza un movimiento con los ojos que nunca volverá a olvidar. La escuálida niña bien vestida, con el pelo relamido que culmina en una trenza de casi su tamaño. El señor un poco pasado de libras, con sus enormes brazos al descubierto, un tatuaje de lo que parece ser un escudo en su antebrazo derecho, un pulsera de cuero gastada en la muñeca izquierda fuma un cigarro carmesí. El indio con su mirada de desconfianza, su morral a media cadera, sus dedos que parecen realizar un extraño lenguaje de señas. La chico de pelo negro que mira a la nada con su chaqueta de cuero, parece hablar en silencio.
Ian nota que aún falta un personaje pero de pronto se abre la puerta e ingresa el señor Burguesí. Este alaba ver a tan exquisita asamblea de personas extraordinarias. Les dice que cada uno de ellos ha realizado un extenso tránsito en su vida solo para llegar a este salón, que desde ya atesora con toda su vida este instante. Que quisiera que un fotógrafo documente esta legión que le ha tomado años ensamblar. Se acerca a Ian y le pide paciencia, que esta noche en la cena le explicará para que ha sido contratado. Le dice al oído que es el último y más preciado integrante que le hacía falta para emprender un extenso y complejo viaje.
Ian levanta la cabeza y le hace saber que solo hay 6 personas del equipo, que según había entendido él sería el séptimo. Burguesí le pide que observe a la niña, que lo haga muy concentrado. La pequeña María Paz ha nacido para la guerra, dice el señor. Ian no entiende, ve a la más inocente niña, cansada y somnolienta. Mire bien. ¿No se da cuenta que junto a ella está el espíritu del gran Rumiñahui? Al nacer, todos los shamanes vinieron a la ciudad de Quito, nunca se ha visto tan extraño despliegue de seres cuasimutantes. Todos vinieron a rendir pleitesía a la recién nacida, por que en ella se encontraba atrapada el alma del gran Rumiñahui. Ian lo mira excéptico, no puede creer lo que le dice, se arrepiente de haber aceptado este negocio. Burguesí insiste que le crea, que en su momento el espíritu tomará el lugar de la niña y se verán los 7 únicos, 7 integrantes del más extraño grupo de seres que han caminado juntos en la tierra. Los 7 imposibles les dice, a pesar que usted solo vea 6 al espejo.
lunes, 16 de enero de 2017
Pillow talk, relato de @Lucy_Molly
L: Holi
M: ¿Sigues pensando en él?
L: Si. No. A veces
M: ¿Por qué Lucy?
L: Porque tú tampoco lo olvidas pues Molly!
M: Estás retrasando tus progresos, un día si y un día no, decide ya
L: Si yo decido, ¿tú estás dispuesta a continuar?
M: No me hagas dudar, se supone tu mandas aquí
L: No tienes porque sentir ansiedad, tu empezaste a preguntar
M: Lo sé, sólo no quería sentirme sola con tanto recuerdo rondando
L: Ves que es difícil!
M: Pero no imposible, da el salto, demos el paso
L: Tengo miedo de no poder más, no odiarlo es lo que aún me mantiene cuerda
M: El odio siempre quiere más, revive lo ya cicatrizado, y peñizca las heridas sin sanar
L: Trato de no recordar lo malo, y si lo hago es para no ponerme esa venda que todo dejaba pasar, ya sabes lo mal que nos fue con ese "método"
M: Obvio, escucharte llorar, y sentir tus migrañas fueron parte de las concecuencias
L: Lo extraño
M: Ya no quiero hablar
L: Lo siento, es lo que siento
M: Lo sé, trato de no contagiarme
L: Quiero volver a reirme, a dormir bien, si hay días buenos, pero quiero más
M: Hay que salir de esto, yo también siento un vacío, y el no querer estar sola, pero tenemos que poder
L: Dime que puedo. Dímelo de nuevo, que hoy siento de una forma enfermiza que él también me extraña
M: Calma!
L: Lo sé, lo sé
M: Tranquila no llores, que después no puedes parar
L: Es la ansiedad, es el dolor de cabeza que me hace recaer, creer que reviviendo se va llegar a algo
M: Entiendo, y te doy tu tiempo, que también es mi tiempo
L: Quiero poder, quiero creer en mi otra vez
M: Todos estos días, son pasitos, son logros, no te subestimes
L: Lo sé, aún no me saboteo. No recaigo, ni me arrastro
M: Vamos bien
L: Hoy dormimos escribiendo, creyendo en que la mente y corazón pueden vivir en el mismo barrio, ser de esos vecinos que sonríen y saludan
M: También lo creo, hoy es un (de)nuevo comienzo
L: A empezar que mañana es otro día para comenzar
M: Duerme
L: Sueña por mi
sábado, 7 de enero de 2017
Leer, ficción de @Ed_M_Undo
domingo, 2 de octubre de 2016
Flor de muertos, antología de Virginia Silent por @Ed_M_Undo
Y mientras contemplaba la lluvia desde el balcón blanco de la habitación del motel en el que me había hospedado, me daba cuanta que los últimos meses había sido como vivir en un sarcasmo, era la afirmación de lo que podría ser verdad. Y no lo era. Caminaba instintivamente pensando, escurriendo mis pulmones en eternas oleadas de humo de cigarrillo, dándole el aspecto de película extranjera a la habitación en la que me hallaba. Mi celular, mi laptop, mi GPS contrastaban con la rudimentaria televisión que imploraba por no ser prendida y así no aguantar el zumbido de su rigor mortis en celo, la mesita liliputiense, café, gastada y cansada de ver siempre a la misma pared desde que los recuerdos tienen memoria. Me hallaba cabizbajo, sentado en el centro de la cama del colchón de piel de nube, envuelto en una sabana amarillenta a punto de desintegrarse y dar paso al áspero colchón de algún textil extinto y errático de los Himalayas. Me contemplaba a mi mismo desde la desproporcionada silla que custodiaba la esquina menos iluminada del cuarto. ¿Quién era yo y por que me hacía esta pregunta? No lo sé. ¿Qué hacía en ese lugar y por qué había pasado las últimas horas en la espera más impasible de mi vida? No me pregunten, ni el ni yo lo sabemos, simplemente mantenía mi vida en constante tensión, no sé si por la misma razón por la cual había dejado cargada el arma que me entregó Virginia al llegar al extraño lugar donde me había guiado, y más aún con sus últimas palabras antes de desaparecer tras la puerta del derruido cuarto. “No dudes en dispararle a nadie que se te acerque… y si notas algo extraño en mi, no dudes en dispararme”.
Regrese a rastrear al insecto que intentaba de cruzar todo el piso del cuarto con la parcemonia del que no quiere llegar a su destino final. Di varios pasos tambaleándome y por alguna extraña razón regresé a ver donde estaba la pistola, o por lo menos la almohada. El bicho se metió detrás de la silla que parecía no pertenecer a ningún tiempo, así que decidí moverla para poder pisarlo. Su peso era descomunal y hasta la sentí demasiado fría para el calor que estaba haciendo. Moví la pesada silla con solo mi mano izquierda. Un insípido frío gris comenzó a subir por todo mi cuerpo, arrancando de mis venas la sangre y reemplazándola por desesperación. No sé si dejó de transcurrir el tiempo o simplemente viví el segundo más largo de mi vida, en el que toda tu vida pasa ante tus ojos, pero yo solo recordaba al bicho café volteado sobre su espalda, dando los últimos pasos de su estéril vida, pero cuando mis ojos regresaron a releer aquel mensaje mal escrito tallado en la pared mohosa que ocultaba la silla, no tuve tiempo para volver a sentir miedo, por instinto o por inercia, mi mano seguida de mi cuerpo se abalanzaron hacia la cama en busca del arma. Pero era demasiado tarde, mientras intentaba sacar de mis pulmones todo el aire contenido, mientras intentaba no perder el equilibrio por apoyar las pocas fuerzas que me quedaban para seguir luchando, ya no por la vida de toda la humanidad, sino por lo mas básico, la mía, mientras seguía recordando los últimos movimientos del afortunado (por ya no tener que seguir viviendo) insecto, mientras veía la puerta que había trabado, abierta, mientras recordaba su sonrisa empañada de la muerte ingrata que me la había arrebatado y había llegado hasta este pequeño e inmundo pueblo de Ecuador olvidado por la humanidad y los colonizadores blancos, mientras veía a Virginia Silent parada al lado de la cama apuntándome con un arma, mientras observaba la almohada que la ocultaba en el piso, mientras que me enfurecía conmigo mismo por querer reírme de toda esta situación, mientras me preocupaba por haberlo olvidado, no dejaba de repetirse el eco de mi conciencia en mi cerebro, la frase más corta y significativa de lo que intuía quedaba de mi vida “Mira detrás de ti Molina, ya estás muerto”. Su cara se volvió a ver angelical antes de desaparecer en la densa niebla que había invadido el cuarto….era humo y debía de haber salido del arma, Ya era demasiado tarde, la frase había dicho la verdad…ya estaba muerto.



