domingo, 27 de agosto de 2017

Union Square, por @Ed_M_Undo



Pasa el moreno con rastas en un traje a la medida de corte italiano. Pasa la rubia en bicicleta, tamaño extra large pero de proporciones exactas. La chica en el short jean con lentes para que se vea bien aunque no la ayuden a ver bien. La asiática de blusa de lana demasiado blanca a la sombra. Chicos en pantaloneta. Chicas en faldas. Alegres. Desconcentrados. El domingo es un día que convierte a Nueva York en una dimensión paralela. Me queda viendo una chica. Presiente que sé sus secretos. Gringos pasan rápido. Gringas que pasan lento. El fondo es una pintura de arte moderno cuya única distracción es el kitsh de los taxis y carros. Nadie lleva pasajeros. No saben que yo sé a todos los que han matado. Pasa la chica hablando por teléfono, pero sé que está apagado y habla con la voz en su cabeza para que nadie la mire raro. Padres y madres. Hermanos y hermanas. Amantes y esposos. Todos en la vereda del frente. Nadie se me acerca. Nadie quiere pasar cerca del indigente. Miro el globo que se desinfla lentamente en el árbol. Lo puse ahí para recordar donde te enterré en Union Square a comienzo de verano. Pasa la pelirroja de los jeans negros apretados. Pasa la pelirroja con sweater sobre su vestido largo. Pasa de nuevo el moreno del traje. Esta vez viene fumando un cigarrillo. Creo que me ha descubierto. Tendré que eliminarlo.

martes, 1 de agosto de 2017

Descanso, historia por @Ed_M_Undo

Lemus yace en el piso. Su cabeza apoyada en el sofá. De su mano derecha emana humo de su cigarrillo. Lemus siempre imagina que el humo sonríe. Siente el peso del mundo en su pecho. Sabe que tendrá que levantarse para enrrolar otros cigarrillos. Su aflicción por la gravedad lo envuelve en un hálito de catalepsia. El catalapte viviente. Ser humo y fluir como humo. Ama el aroma. Fue amor a primera olida. Sabe que al humo no le gusta su apellido. Lo identifica con una enfermedad, una peste. El Lemus, los lemusados, el lemusamiento.

Recuerda como en un sueño, ¿o era un sueño? El niño dormía de día. De noche se quejaba, daba vueltas. Lloraba. Nadie sabía lo que le pasaba. Como una picazón invisible. Pensaba que lo cubrían insectos invisibles. Encendía un cigarrillo y le lanzaba el humo encima para que pudiera descansar. El niño no dormía, se desmayaba del cansancio. Vida nacida para sufrir es vida pero no si el sufrimiento viene desde el parto. Con el mayor amor de padre pone suavemente su almohada y con ternura la detiene hasta que el niño deja de moverse.

Por primera en su vida vez ha descansado.

viernes, 24 de marzo de 2017

Desdoblamiento parte1, ficción y testimonio de Ed M. Undo


Sintió que algo se derramó en su interior. Como una leve fiebre en su zona lumbar. Estaba acostado. Abrió sus ojos y pensó que el techo se veía más alto de lo usual. En ese momento entendió lo que estaba ocurriendo. Las 7 almas se habían vuelto a conectar.

Ed M. Undo se sentó en su cama. Su cuello rígido, quizás alguno de los conectantes había sufrido algún ataque. Él sabía que pasaría las horas más angustiantes de su vida. Iba a ver pasar por sus ojos la vida de 6 personas en distintos momentos de su vida. Sería como morir 6 veces seguidas. Iba a necesitar toda la fuerza posible para sobrevivir.

Vió a Virginia correr hacia un árbol al atardecer. Corría con los ojos cerrados. No los ha abierto en 20 años, ya está anciana, muy anciana. Su nieto acaba de caer de la copa de un árbol. Todos saben que está muerto, ella sabe que la muerte no es una frontera sino un nuevo comienzo. Pide que la dejen junto a su cuerpo. Abre sus ojos sobre su cara, sale una luz, no hay forma de describirla. Ella dice que una vez vio a Dios y desde ese día no pudo abrir de nuevo sus ojos, no había nada que valiera la pena ver luego de haberlo visto. El niño abre los ojos, respira, empieza a llorar. Virginia cae muerta a su lado, sus ojos en blanco, su sonrisa de paz.

Undo está acostado con los ojos abiertos viendo el techo. Ya no es un techo sino la galaxia, en espiral, centrífuga. Su alma se espiraliza, entra en contacto con tribus de Moisés. Sus moléculas se evaporan. Ya no es un cuerpo, es una nébula. Sus ojos, dos soles que nacen al otro lado del universo, cuya mirada cuando se posa en el presente ya ha muerto. Sus años son años luz. Su luz es un agujero negro.

Empieza a sentir una leve ansiedad. Mira a Lupo el lobo Molina correr hacia un carro, sus ojos llenos de lágrimas. Un camión pasa junto a él. Sabe que no cuenta con el tiempo pero intentará salvar a la niña. Ha perdido la cuenta de los años que lleva trabajando en el caso del demonio del Cerro. Le ha costado la vida a 700 personas. Está tan cerca de resolverlo, pero descubre que hay fuerzas que han hecho de su investigación una religión. La niña simboliza la salvación de la humanidad. Ha sido raptada por un ser que en apariencia podría ser el demonio, pero Lupo tiene evidencias que dicen lo contrario. No tiene nada que perder. El carro llega a 120 kilómetros por hora, eso significa que el camión va a 150. La lluvia hace todo borroso, el limpiaparabrisas no evacua el agua a la velocidad necesaria. Se abre la puerta, ve al demente sostener a la niña del cuello mientras con un machete apunta a Lupo mientras sonríe. Se cierran las compuertas. El camión hace un brusco giro a la derecha, se sale de la autopista. Se abre una compuerta del camión y empiezan a caer pequeños objetos contra el parabrisas de Lupo, en un momento el vidrio está marcado de sangre. Lupo apaga el limpiaparabrisas. Cae algo grueso, ve piel y un par de dientes, luego caen 3 dedos, parecen arrancados. El demente está mutilando a la niña. Lupo no puede más. Deja de pisar el acelerador. Ve alejarse el camión. El demente es asoma por una de las compuertas y arroja algo que debe ser un pedazo de cuerpo. Lupo no puede más. El zumbido del motor y el vidrio rojo empañan su vida.

Ian Tate y la niña Paz son los últimos en llegar a la salida del laberinto. Sabe que su vida corre peligro y debe hacer todo lo posible por salvarla. Acaban de escapar del submarino en el cual presenciaron la destrucción de la ciudad oculta de Chilampak. Un acto de justicia del cual no encontrará perdón. Ha negociado con el diablo y la negociación no le ha parecido justa. La niña no puede más, Ian la carga para seguir corriendo. Llegan a una compuerta de metal, la abre y casi cae a un silo oscuro. Ingresa y cierra la puerta, necesita tiempo y espacio para realizar una invocación. Dibuja un pentagrama, la niña 7 círculos alrededor, ya saben de memoria como hacerlo, este es su memento. Al terminar el rito, Ian tendrá que abrir la compuerta y buscar un espacio abierto para que su cuerpo sea proyectado astralmente a otro lugar, en otro tiempo, en otra galaxia. Están por lograrlo cuando frente a él se materializa Luzbel, quien le dice que lo ha vuelto a engañar, que ha vuelto a creer en Ian y ha vuelto a fallar. Que tendrá que regresar al infierno por que ha conducido a su novia, la guerrera al averno. Ian pierde la concentración, no culmina la trepidación, trata de atacar al Luzbel pero este lo esquiva, la niña se esconde en un rincón, se tapa los oídos con sus manitas y empieza a cantar la canción que Ian le enseño, la de los árboles siendo brazos que se elevan al cielo, que solo son memoria y nada más. Luzbel se despide y le dice que puede continuar con su teatro y huir, pero que lástima que todo sea tan difícil sin manos, de pronto saca una espada de fuego y le corta las 2 manos a Ian y desaparece. Ian cae al piso desmayado. El fuego a cauterizado las heridas. Se levanta, no logra concatenar las ideas, sabe que podría terminar el ritual, le pide ayuda a Paz para lograrlo. Lo hacen, escuchan los truenos, saben que el portal está abierto cerca, Ian se lanza al piso derrotado, sabe que sin manos no podrá abrir la compuerta, que la niña es demasiado pequeña para lograrlo. Cierra los ojos, pierde la fe. La niña se le acerca, le besa la frente, los labios, le pide perdón por lo que va a hacer. Ian no entiende lo que significa eso. Le dice que no tema, que está seguro que alguien los buscará pronto. Ella le pide un último deseo antes de morir. Ian le dice que no repita eso que van a sobrevivir. Ella le dice que él sobrevivirá, pero ella debe despedirse de su cuerpo para lograrlo. Que ha llegado el momento de cumplir su misión en esta tierra. Con lágrimas en sus ojos Ian le dice que desea. Bésame como la besas a Virginia, no llegaré a la adolescencia ni a la adultez, pero quiero saber que significa ser mujer. Ian cierra sus ojos y le da un beso a la pequeña niñita, ella lo toma de la cara, le muerde un labio. Él empieza a llorar y sollozar, le grita que lo perdone. Que lo deje morir, que no lo haga. Ella camina lentamente hacia la pared, se acuclilla, parece que va a rezar. Su frente topa la pared. Su cuerpo se dobla hacia atrás en una contorsión inhumana. Con violencia su frente golpea la pared. Una y otra vez hasta que está cubierta de sangre. Ya sin fuerzas su cuerpo se desploma, hay un agujero en su frente. De pronto sus manitas que parecen de un títere se levantan y dedos se meten a su frente, su cráneo partido, sus sesos esparcidos. Con fuerza el agujero se agranda, pierde la forma humana. Sale una mano inmensa, gigante, tosca, áspera. Le sigue un brazo enervado, muscular. Empieza a salir mientras el cuerpo de la niña queda destrozado. Ian no puede creer lo que ve. Rumiñahui acaba de renacer frente a sus ojos. Mirada demoníaca, fuerza de leviatán. Corre contra la compuerta y la arranca del silo. Agarra a Ian de la cintura y se lo lleva corriendo. Paz le ha dado paso a la guerra.

Ed M. Undo no puede más y se desmaya. A pesar que faltan 3 historias, la noche será gentil con él y dejará que el desdoblamiento continúe cuando despierte.

miércoles, 15 de febrero de 2017

He preferido olvidarlos, microcuento de ficción de @Ed_M_Undo


Lenín Moreno ingresa al gran salón donde se encuentra el presidente, su antiguo binomio, Rafael Correa. Empuja las ruedas de su silla muy lentamente, como no queriendo llegar a su destino.

El salón está solo iluminado por la luz del proyector que demarca un cuadrado blanco en la pared, junto a una pintura rococó de Simón Bolivar. El presidente alza su voz, le habla como viejos amigos a Lenín, le dice que todo ha salido como habían planeado, que hará que gane en una sola vuelta, que seguirán con su obra, él a la distancia pero guiándolo en cada decisión que deba tomar como nuevo presidente del Ecuador.

"Renuncio Rafael" le dice sin pestañear desde su silla de ruedas. Rafael se levanta y se acerca a él, se agacha y le dice sutílmente en sus rodillas, casi rogándole. "Es demasiado tarde, no hay marcha atrás, estamos a 3 días de las elecciones Lenín, es solo unos nervios, a mi me pasó lo mismo".

"No Rafael, estoy decidido, no continuaré esta farsa". Correa se levanta y en tres zancadas llega a su computadora, mientras la mira concentradamente le habla de espaldas. "Recuerdo como si fuera ayer cuando me contaste como quedaste paralítico Lenín; la lenta recuperación, el dolor constante, el perdón a tus atacantes". "¿Los recuerdas?

"He preferido olvidarlos Rafael".

"Son esos recuerdos los que nos fortalecen Lenín, mira que si ellos no te hubieran metido un balazo por robarte no hubieses llegado tan lejos, ¿o acaso antes de escuchar ese disparo pensaste que un día podrías ser presidente de la república?

"Nunca se me pasó por la cabeza Rafael, pero de todas formas renuncio, no soy la persona para esto".

"Lo siento Lenín pero yo soy la persona que te ha impulsado desde el inicio y sé que te puedo hacer preidente". "Verás, desde hace unos años tengo el único video de tu ataque Lenín, lo conseguí de una cámara de un cajero que todos olvidaron investigar. Yo mismo fui al sitio y pedí una copia". "Necesito que veas de lo que soy capaz. De mi convicción hacia ti". Rafael Correa regresa a verlo a Lenín quien se seca las lágrimas de frustación de recordar el ataque que lo sentó de por vida.

Correa pone play, la única luz del salón muestra un video en el que 2 ladrones encapuchados que apuntan y roban a Lenín Morenoo y a su esposa. Uno de ellos hala el gatillo, Lenín cae al piso, su esposa corre hacia él, se lanza sobre su cuerpo, el otro ladrón sale corriendo. El que disparó contempla a la pareja en el piso. Gira, empieza a caminar hacia el cajero, mira fijamente la cámara que graba, su pistola aún tiene humo del disparo. Cuando está a un par de metros, se saca la máscara, es Rafael Correa, más joven, con una mirada demente.

Lenín grita de terror, Correa detiene el video en su rostro congelado en la pantalla, se gira y se vuelve a arrodillar, lo mira fijamente a los ojos mientras Lenín tiembla y llora en su silla de ruedas, se escuchan gotas del orine que cae de su asiento.

¿Ahora entiendes de lo que soy capaz por hacerte presidente?

jueves, 19 de enero de 2017

Ian Tate Polanski: Iniciación por @Ed_M_Undo



Mucho ha pasado en la vida de Ian Tate. En su éxodo, una fracción de vida la consumió entre miles de libros en Cuenca, criado por un matrimonio de bibliotecarios ciegos. Ya para cuando su visión se consumía, habían leído cien mil libros cada uno. Tenían tanto vocabulario que parecía que Cervantes había absorbido parte de su militancia de letras perdidas. Sánscrito de escritorio.

Ian ha sido contratado por una extraña organización para formar parte de un grupo de bizarros personajes que parecen salidos de una historia perdida de Edgar Allan Poe. Para decidirse realizó el único viaje para conocer la opinión de quien piensa que es su padre: Roman Polanski. Se encontraron en París, se dieron el único abrazo de la vida, Roman le dijo que olía a su madre. Ian asume que él es su padre por que estaba casado con su madre, pero en su vida ya conoció a un medium que quiso ponerlo en contacto con su madre en el pasado y cada sesión espiritista era un relato de alguna orgía de alcohol, drogas, sexo y por una aún extraña razón, de leer historietas. Ian no quiso seguir investigando el pasado de su madre, se quedó con el pasatiempo de los comics pero se dio cuenta que por lo menos 10 hombres podrían ser su verdadero padre. Roman a veces se limitaba a filmar las orgías.

Ian está nervioso. Nunca ha pertenecido a ningún grupo, siempre ha sido un outsider y como descubrirá el lector, lo seguirá siendo. Busca un momento de claridad para mirarse al espejo y decirse que es un buen momento para conocer amigos, que los ciegos que lo criaron nunca le demostraron amor, ni ellos se demostraban afecto, excepto cuando llegaban cajas de libros nuevos, la mujer abría los libros y el esposo besaba y olía sus manos. Los libros Braille siempre olían a aceite de alguna prensa. Ian puede leer Braille. Además sabe leer y escribir sánscrito.

Ian es guiado a un cuarto a media luz, se escuchan voces, carcajadas. Al ingresa, todo es silencio. Vestidos con trajes victorianos, otros con jeans y sacos de pana, 5 seres de toda forma y color lo contemplan extasiados. Él es el nuevo del grupo, lo llevan esperando un año. El señor Demetrio Burguesí aún no llega para hacer las presentaciones. Ian camina despacio, su incapacidad de establecer relaciones lo anima a acercarse a la más extrovertida del grupo, la señorita Virginia. Su larga cabellera rubia y su vestido de cuero hasta las botas repele cualquier proximidad. Ella le sonríe y le pide que espere a Burguesí, que no es tan fácil entender el por qué de tan especial grupo en un momento como este.

Virginia se acerca a Ian y habla a su oído. Le comenta que se necesitan 7 miembros para proseguir con la iniciación. Ian levanta la mirada y realiza un movimiento con los ojos que nunca volverá a olvidar. La escuálida niña bien vestida, con el pelo relamido que culmina en una trenza de casi su tamaño. El señor un poco pasado de libras, con sus enormes brazos al descubierto, un tatuaje de lo que parece ser un escudo en su antebrazo derecho, un pulsera de cuero gastada en la muñeca izquierda fuma un cigarro carmesí. El indio con su mirada de desconfianza, su morral a media cadera, sus dedos que parecen realizar un extraño lenguaje de señas. La chico de pelo negro que mira a la nada con su chaqueta de cuero, parece hablar en silencio.

Ian nota que aún falta un personaje pero de pronto se abre la puerta e ingresa el señor Burguesí. Este alaba ver a tan exquisita asamblea de personas extraordinarias. Les dice que cada uno de ellos ha realizado un extenso tránsito en su vida solo para llegar a este salón, que desde ya atesora con toda su vida este instante. Que quisiera que un fotógrafo documente esta legión que le ha tomado años ensamblar. Se acerca a Ian y le pide paciencia, que esta noche en la cena le explicará para que ha sido contratado. Le dice al oído que es el último y más preciado integrante que le hacía falta para emprender un extenso y complejo viaje.

Ian levanta la cabeza y le hace saber que solo hay 6 personas del equipo, que según había entendido él sería el séptimo. Burguesí le pide que observe a la niña, que lo haga muy concentrado. La pequeña María Paz ha nacido para la guerra, dice el señor. Ian no entiende, ve a la más inocente niña, cansada y somnolienta. Mire bien. ¿No se da cuenta que junto a ella está el espíritu del gran Rumiñahui? Al nacer, todos los shamanes vinieron a la ciudad de Quito, nunca se ha visto tan extraño despliegue de seres cuasimutantes. Todos vinieron a rendir pleitesía a la recién nacida, por que en ella se encontraba atrapada el alma del gran Rumiñahui. Ian lo mira excéptico, no puede creer lo que le dice, se arrepiente de haber aceptado este negocio. Burguesí insiste que le crea, que en su momento el espíritu tomará el lugar de la niña y se verán los 7 únicos, 7 integrantes del más extraño grupo de seres que han caminado juntos en la tierra. Los 7 imposibles les dice, a pesar que usted solo vea 6 al espejo.

lunes, 16 de enero de 2017

Pillow talk, relato de @Lucy_Molly

M: Hola
L: Holi
M: ¿Sigues pensando en él?
L: Si. No. A veces
M: ¿Por qué Lucy?
L: Porque tú tampoco lo olvidas pues Molly!
M: Estás retrasando tus progresos, un día si y un día no, decide ya
L: Si yo decido, ¿tú estás dispuesta a continuar?
M: No me hagas dudar, se supone tu mandas aquí
L: No tienes porque sentir ansiedad, tu empezaste a preguntar
M: Lo sé, sólo no quería sentirme sola con tanto recuerdo rondando
L: Ves que es difícil!
M: Pero no imposible, da el salto, demos el paso
L: Tengo miedo de no poder más, no odiarlo es lo que aún me mantiene cuerda
M: El odio siempre quiere más, revive lo ya cicatrizado, y peñizca las heridas sin sanar
L: Trato de no recordar lo malo, y si lo hago es para no ponerme esa venda que todo dejaba pasar, ya sabes lo mal que nos fue con ese "método"
M: Obvio, escucharte llorar, y sentir tus migrañas fueron parte de las concecuencias
L: Lo extraño
M: Ya no quiero hablar
L: Lo siento, es lo que siento
M: Lo sé, trato de no contagiarme
L: Quiero volver a reirme, a dormir bien, si hay días buenos, pero quiero más
M: Hay que salir de esto, yo también siento un vacío, y el no querer estar sola, pero tenemos que poder
L: Dime que puedo. Dímelo de nuevo, que hoy siento de una forma enfermiza que él también me extraña
M: Calma!
L: Lo sé, lo sé
M: Tranquila no llores, que después no puedes parar
L: Es la ansiedad, es el dolor de cabeza que me hace recaer, creer que reviviendo se va llegar a algo
M: Entiendo, y te doy tu tiempo, que también es mi tiempo
L: Quiero poder, quiero creer en mi otra vez
M: Todos estos días, son pasitos, son logros, no te subestimes
L: Lo sé, aún no me saboteo. No recaigo, ni me arrastro
M: Vamos bien
L: Hoy dormimos escribiendo, creyendo en que la mente y corazón pueden vivir en el mismo barrio, ser de esos vecinos que sonríen y saludan
M: También lo creo, hoy es un (de)nuevo comienzo
L: A empezar que mañana es otro día para comenzar
M: Duerme
L: Sueña por mi

sábado, 7 de enero de 2017

Leer, ficción de @Ed_M_Undo

Recordando todo el tiempo que vivimos, es asombroso pensar lo mucho que sobrevivimos. María iba a cumplir 13 años y estaba aterrorizada. Como mandato toda mujer al llegar esa edad recibía implantes de senos gratuitos, eran subsidiados por el gobierno. A esa edad, el tamaño era ridículo. 10 generaciones de mujeres destruidas desde adentro. Era fácil hacerlo ahora que se había erradicado la lectura, el aprendizaje. 

En el año 2050, cuando el internet consiguió lo imposible: un solo régimen global, un solo presidente que nos gobernara a todos, decidió que no era necesario que aprendiésemos a leer, al comienzo todo era sencillo, íconos, imágenes, animaciones. Igual que el cigarrillo sin publicidad, en 2 generaciones casi nadie sabía para qué servía, por qué lo habían hecho. El internet parecía honesto, que buscaba lo mejor para la humanidad. Estábamos tan equivocados. Nos pedía que volviésemos al origen, a contar historias. Pero nos iba quitando la ciencia, la historia.

Si no sabes leer, crees todo lo que te cuentan.

domingo, 2 de octubre de 2016

Flor de muertos, antología de Virginia Silent por @Ed_M_Undo

imagen de rosto de mujer formado por flores junto al título del cuento Flor de muertos, por Ed M Undo del blog de literatura independiente ecuatoriana Ficcion Dislexica


Y mientras contemplaba la lluvia desde el balcón blanco de la habitación del motel en el que me había hospedado, me daba cuanta que los últimos meses había sido como vivir en un sarcasmo, era la afirmación de lo que podría ser verdad. Y no lo era. Caminaba instintivamente pensando, escurriendo mis pulmones en eternas oleadas de humo de cigarrillo, dándole el aspecto de película extranjera a la habitación en la que me hallaba. Mi celular, mi laptop, mi GPS contrastaban con la rudimentaria televisión que imploraba por no ser prendida y así no aguantar el zumbido de su rigor mortis en celo, la mesita liliputiense, café, gastada y cansada de ver siempre a la misma pared desde que los recuerdos tienen memoria. Me hallaba cabizbajo, sentado en el centro de la cama del colchón de piel de nube, envuelto en una sabana amarillenta a punto de desintegrarse y dar paso al áspero colchón de algún textil extinto y errático de los Himalayas. Me contemplaba a mi mismo desde la desproporcionada silla que custodiaba la esquina menos iluminada del cuarto. ¿Quién era yo y por que me hacía esta pregunta? No lo sé. ¿Qué hacía en ese lugar y por qué había pasado las últimas horas en la espera más impasible de mi vida? No me pregunten, ni el ni yo lo sabemos, simplemente mantenía mi vida en constante tensión, no sé si por la misma razón por la cual había dejado cargada el arma que me entregó Virginia al llegar al extraño lugar donde me había guiado, y más aún con sus últimas palabras antes de desaparecer tras la puerta del derruido cuarto. “No dudes en dispararle a nadie que se te acerque… y si notas algo extraño en mi, no dudes en dispararme”.

Las sombras habían perdidos sus formas y la tarde se fundía en una sofocante noche, que entró con bombos y platillos al candor de las comparsas de grillos sordos, que acribillaban el ambiente haciendo mas difícil respirar la asfixiante calma del lugar. Un ridículo insecto café atravesó sin miedo el maderado piso corroído por las pisadas de antaño. Se movía con elegancia, pero igual lo iba a aplastar “No vaya a querer transplantar sus huevos en mi espalda, no haría una buena madre nodriza…. El bicho zigzagueaba  en la madera asimilando un estado etílico. Me levanté de la cama que soltó un quejido y un bostezo moroncial que hizo erizar la piel de mi nuca. La herida de la pierna había dejado de doler, eso era bueno porque el brujo había dicho que sería un suicidio intentar otro viaje en ese estado. Aparecí erguido y con otro aspecto frente al espejo que dibujaba a quien debería ser yo, pero aún sentía que no lo era. Mi cabello estaba desarreglado, pero eso era normal, bueno, hacía mucho tiempo que lo había sido. A lo que aún tenía recelo mirar era mi brazo derecho, las vendas ensopadas en sudor y sangre dejaban ver parte de la marca negra que había dejado el viaje. Si tan solo pudiera recordar como me la hice. El shamán juro que era la primera vez que había visto algo así, que nunca nadie aparece estigmatizado….o por lo menos esperaba que fuera cierto.

Regrese a rastrear al insecto que intentaba de cruzar todo el piso del cuarto con la parcemonia del que no quiere llegar a su destino final. Di varios pasos tambaleándome y por alguna extraña razón regresé a ver donde estaba la pistola, o por lo menos la almohada. El bicho se metió detrás de la silla que parecía no pertenecer a ningún tiempo, así que decidí moverla para poder pisarlo. Su peso era descomunal y hasta la sentí demasiado fría para el calor que estaba haciendo. Moví la pesada silla con solo mi mano izquierda. Un insípido frío gris comenzó a subir por todo mi cuerpo, arrancando de mis venas la sangre y reemplazándola por desesperación. No sé si dejó de transcurrir el tiempo o simplemente viví el segundo más largo de mi vida, en el que toda tu vida pasa ante tus ojos, pero yo solo recordaba al bicho café volteado sobre su espalda, dando los últimos pasos de su estéril vida, pero cuando mis ojos regresaron a releer aquel mensaje mal escrito tallado en la pared mohosa que ocultaba la silla, no tuve tiempo para volver a sentir miedo, por instinto o por inercia, mi mano seguida de mi cuerpo se abalanzaron hacia la cama en busca del arma. Pero era demasiado tarde, mientras intentaba sacar de mis pulmones todo el aire contenido, mientras intentaba no perder el equilibrio por  apoyar las pocas fuerzas que me quedaban para seguir luchando, ya no por la vida de toda la humanidad, sino por lo mas básico, la mía, mientras  seguía recordando los últimos movimientos del afortunado (por ya no tener que seguir viviendo) insecto, mientras veía la puerta que había trabado, abierta, mientras recordaba su sonrisa empañada de la muerte ingrata que me la había arrebatado y había llegado hasta este pequeño e inmundo pueblo de Ecuador olvidado por la humanidad y los colonizadores blancos, mientras veía a Virginia Silent parada al lado de la cama apuntándome con un arma, mientras observaba la almohada que la ocultaba en el piso, mientras que me enfurecía conmigo mismo por querer reírme de toda esta situación, mientras me preocupaba por haberlo olvidado, no dejaba de repetirse el eco de mi conciencia en mi cerebro, la frase más corta y significativa de lo que intuía quedaba de mi vida “Mira detrás de ti Molina, ya estás muerto”. Su cara se volvió a ver angelical antes de desaparecer en la densa niebla que había invadido el cuarto….era humo y debía de haber salido del arma,  Ya era demasiado tarde, la frase había dicho la verdad…ya estaba muerto.

(Escrita por el lunes 27 de Enero del 2003)



martes, 9 de agosto de 2016

Las mil caras de Brad Pitt, por @Ed_M_Undo

imagen invertida del actor Brad Pitt


La cara de Brad Pitt, del tamaño de un edificio de 27 pisos, mira con desdén a la ciudad en su amanecer. El mismo Brad Pitt, abre los ojos de su cama de 4 plazas, su cara acariciada por la sábada de hilo egipcio que una de sus ex esposas compró en Egipto. No recuerda cual de todas. Ni en qué viaje.

Brad Pitt a invitado a todos sus amigos cercanos, a sus publicistas, a algunos de sus vecinos y a todos los medios de comunicación a una velada en su casa para revelarles su nuevo proyecto. Su relacionista público fue internado en el hospital luego que se rehusó a decirle de que se trata. Brad le dijo que es la mejor idea y decisión que ha tomado en su vida.

La noche de la velada, la crema y nata de la industria de Hollywood empieza su larga jornada de preparación y acicalamiento para ingresar a la mansión Pitt, que escogió una de sus ex esposas, no recuerda cual. Brad se reune con todos sus hijos, los biológicos, los adoptivos, los in vitro, los bastardos, los ajenos, los sobrinos, los inseminados, los huérfanos. Les dice que los ama y que mañana un abogado amigo de papi va a venirles a contar acerca del dinero que administrará por ellos hasta que cumplan 21 años. Una de sus hijas, no recuerda si es biológica o adoptada, le pregunta si se va a alguna parte, a algún país a filmar alguna película con alguna otra actriz, pero Pitt le responde que no se va a ir a ninguna parte, incluso, ya no tendrá que volver a salir de casa nunca más, podrán ser felices y pasar todo el tiempo junto, siempre que ellos quieran verle la cara todos los días. Los manda a dormir temprano. Da la orden a sus niñeras que no los deje salir ni entrar en contacto con el mundo exterior por 10 días. Ellas mismas deben estar incomunicadas.

La fila de carros mide 7 kilómetros, entra Perez Hilton, entra Buzzfeed, entra Universal Studios, entran 2 de las Kardashian, entra CNN, entra Hufftington Post, entra el Miami Herald, entran otros Kardashians. En fin, pueden imaginar a todo Hollywood, de los que son parte de la industria así no se encuentren en California, entrar al inmenso lobby de la mansión Pitt.

Puntual, con un frack y la sonrisa tenue, baja las escaleras Brad Pitt, tiene preparado un micrófono frente a un tanque negro. Inicia su discurso. Como todos saben quien soy (todos ríen) yo no tengo que saber quienes son. Como saben he actuado en todo tipo de películas, de acción, de guerra, de paz, románticas, road trips, comedia, comedia negra, terror, misterio. Hace una mención especial en Fight Club, dice que esa película sí le gusto verla más de una vez (todos ríen). Les cuenta que ha pasado los últimos meses contemplando su cara en vallas, en edificios, en todas partes. Admira como no se aburren de verlo siempre (todos ríen). Dice que los estudios para los que ha trabajado y le han pagado muy bien tienen los derechos para usar su imagen por más de un siglo, imaginen, otros tienen derecho a mi cara. Qué extraña a una de sus ex esposas pero no recuerda a cual. Que no abre una sola revista o navega en internet hace años por que no soporta encontrarse en una pantalla o una página. Que no ve sus películas desde Fight Club. Que muchas veces a la persona que ellos ven en la pantalla no es él, antes era un doble ahora es una animación en computadora. Que las últimas películas no las ha protagonizado sino que se limita a aprobar lo que hace el muñeco de la computadora por él. Que las últimas 5 películas ni siquiera las vio, solo las aprobó.

Brad Pitt abre la tapa del tanque frente que se encuentra frente a él y les dice a todos, díganle adiós a mi cara (todos ríen), por que la voy a convertir en mía solamente, no quiero que me recuerden por una cara bonita nada más (todos ríen), soy un ser humano y aún tengo edad para serlo. Esto es ácido y ya no me volverán a ver como era. Brad Pitt sumerge su cara por un tiempo, su relacionista público corre hacia él, piensa que es una broma, una de esas películas documentales falsos, mockumentaries, lo toma del pelo y al levantarlo su cara se ha caído y solo tiene músculos y pedazos de carne, uno de sus ojos se chorrea blanco sobre el rojo carmesí de su carne, su lengua está negra chamuscada. Todos gritan.

lunes, 8 de agosto de 2016

Poesía por @Lucy_Molly

Nos hemos matado ya tantas veces
cobrado tantas veces, como si fuéramos el karma del otro
nuestra venganza fría es la distancia.

El orgullo llama y contesta la débil nostalgia
damos un paso atrás, pretendiendo olvidar
vamos a apostar por la góndola de la segunda oportunidad.

Pero decidimos hacernos esperar
porque no dar señales también es una señal
porque en el fondo ya sentimos el final
lo queremos, lo conocemos
pero, pero, pero...

Y volvemos a empezar, con el pasado remendado
cociendo el presente con los ojos cerrados.
...

Tú y yo sabemos lo que queremos, y lo que no
Ambas opciones somos nosotros
Somos un círculo ansioso, con un complejo final feliz.

martes, 5 de julio de 2016

Cadáver exquisito no. 83 por @Ed_M_Undo

Su extraña voz su extraña facha
carecía de gravedad en las madrugadas
era cuando más la extrañaba
su nombre terrestre era desconocido por sus amigos
pero sólo alguien lo sabía
ese alguien no existía
en sus madrugadas, pues de día aglomeraba espantos
y atormentaba a la gente con su ego tan ancho
y sus peinados de montañas rocallosas,
así se imaginaba,
aunque blanca como la luna que habita en las alturas,
su sueño era pedestales moribundos que 
rechinaban un óxido que hacía música silenciosa
frente al barrio de chabolas que los habitaba
la soledad intrínseca e histriónica por 
un elefante rosado lleno de pelusas de osos abandonados.

Esos osos con los que nos ahogamos de risa
en un vendaval de nieve candente
de ceniza de opio, de un rascaestrellas fugaces
que hipnotizado por los cometas que veía
al pasar acío como él solo pero con la esperanza
de que mañana fuese color rosado como el algodón de azucar 
que él compró cuando era tan dueño de su imaginación 
de su libertad rayando paredes
con sus tentáculos que no eran más que aspavientos
con los que detenía a viajeros en caballos y mulas.

sábado, 11 de junio de 2016

Paciente # 1984, drama noir por Ed M. Undo y Victoria Silent

María tenía su número colgando en su mano, en una tira plástica irrompible. Su número era 1984.

María fue ingresada a las 600 horas. Sus contracciones empezaron mientras dormía. Llegó en un taxi Lada con motor a gas y el conductor solo le ayudó a abrir la puerta cuyo sistema de apertura funcionaba con un alambre.

Luego de una somnolienta espera agraviada por el sopor de la mañana y el sonido del óxido de los ventiladores grises de tanta suciedad, María fue conducida a una nueva sala de espera donde habían 4 enfermeras con guantes negros de fregadero. Cada una de ellas se refería a María como mi amor, mi princesa, mi reina, mi barrigona y mi lucero. En la misma sala habían 5 embarazadas esperando dar a luz en este hospital sacado del peor sueño revolucionario de la Unión Soviética. Pero estamos en el año 2016 y en Ecuador. La espera venció su lucidez y cayó dormida entre contracciones que le refrescaban el cuerpo. Cuando María despertó encontró en su abultada barriga un catéter grueso clavado encima de su ombligo. Parecía que le hubieran hecho un piercing en la barriga. Su catéter estaba vacío, pero el de su compañera de espera tenía un líquido que muy lentamente ingresaba a su barriga y por consiguiente a su útero. Contemplándolo escuchó el leve tamborileo de las gotas de lluvia impactando techos de zinc. El sonido de la lluvia a la distancia le brindó calma. También escuchó una conversación entre murmullos de enfermeras donde mi lucero le decía a mi princesa "le puse oxitocina para adelantarla, tengo que llegar a la casa más temprano". Inmediatamente la muchacha de a lado empezó a gemir fuerte y a sentir una contracción tras otra, estaba en labor de parto. Las enfermeras se llevaron a todas las embarazadas a otra ala del hospital.

El hospital era un monumento a la Guerra Fría. Sus corredores sucios de tantas manos que habían sobado sus paredes no evitaban recordar que eso color café verdoso pegado sobre la pintura que se descascaraba era grasa humana. La grasa humana estaba pegada a distintos niveles, por personas que tocaron la pared mientras caminaban, otras a la altura de manos que se extendieron a nivel de su camilla o silla de rueda. Ciertas luces fluorescentes titileaban, incrementando el parecido a un pasillo de ejecución hacia una silla eléctrica.

María se sentía adormitada, la silla de rueda en la que la dirigieron al consultorio del doctor Mena era empujada con fuerza, era como si no quisiera rodar. María inclinó su cabeza hacia un lado y vio que la rueda izquierda no giraba por la cantidad de pelos que tenía enrollada. Se detuvo en una larga fila afuera del consultorio. Las mujeres de distintas complexiones y bajos estratos sociales entraban con sus grandes panzas, algunas en camilla otras a pie. El rigor del dolor estaba presente en sus caras. Entraban por una puerta y en menos de 5 minutos por la siguiente puerta volvía a salir la madre en una camilla, inconsciente y sin barriga. Al niño no se lo veía salir por ningún lado. Ingresaba la siguiente al consultorio.

Horrorizada María decidió escapar. Se levantó con mucho dolor de su camilla mientras la enfermera se retiró a traer más pacientes al consultorio. María salió sin mirar atrás, nadie la detuvo, nadie la miró. Recordó que ni siquiera alguien la admitió al hospital. María salió a la calle para encontrar el mismo taxi Lada, se subió, sabía como funcionaba el sistema que cerraba la puerta.

María huyó del hospital para darle a su hijo un parto natural, doloroso y paciente. Nunca más volvió a ver a ninguna de las embarazadas con las que compartió esas horas. María no dio a luz ese día, ni el siguiente, aún no era su fecha. Su niño nació sano, su recuperación fue inmediata.

miércoles, 13 de abril de 2016

Creatividad, ¿A dónde te has ido? por Elizabeth Click

Hace horas que intento dibujar trazos dignos de no ser borrados, pero la goma de borrar gana la partida en cada línea que intento inventar. ¡la creatividad me ha abandonado! No sé en qué boceto la perdí, no sé en qué hora silenciosa se escondió de mi. Miro y remiro esta página en blanco deseando que me hable de aquel rostro desconocido, de alguna mirada perdida en este vacío, de aquella sonrisa que despierte mis sentidos.

Nada.

Vuelve le digo; quiero inventarte, quiero volverte trazo, quiero hacerte cuadro, quiero convertirte en arte, quiero llenar contigo este aletargado abismo. Le hablo y tiene la osadía de no contestarme.
A dónde estás? Creatividad, a dónde te has ido?
Ahora mismo la goma de borrar es mi peor enemigo."


Esperando sea de vuestro agrado, y sin otro particular 

domingo, 27 de marzo de 2016

3 días en el infierno, ficción histórica por @Ed_M_Undo

fragmento del cuadro El Jardin de las Delicias del pintor El Bosco junto al título 3 días en el infierno, ficción histórica por @Ed_M_Undo

De acuerdo a la tradición cristiana, al morir Jesús en la cruz resucitó al tercer día. ¿Sabes que hizo en esos 3 días en los que su cuerpo estaba en la cripta que donó José de Arimatea? Bajó al infierno. En serio. Esta pudo ser la historia que no se cuenta ni en la Biblia ni en escritos apócrifos:

El infierno parece un bosque denso y frondoso que siempre tiene la iluminación del atardecer. Su cielo es como nuestro cielo antes de empezar una tormenta. Nunca llueve en el infierno, no por eso hace calor como nos han enseñado, pero nunca llueve. Su cielo es nuestro infierno, nuestro piso. El diablo no quiere nada que provenga desde su arriba, nuestro abajo.

Se abre un agujero en el cielo del infierno, aparece un haz de luz ¡boom! algo cae como un cometa en línea recta desde arriba. Cuando el polvo se disipa vemos a Jesús, sano, con su manto blanco, sus sandalias de cuero, su semblante humano. La principal característica de Jesús, el hijo de Dios, el dios entre nosotros, es la inmortalidad; por lo cual nunca tiene prisa, por lo cual nunca se enfada. En poco tiempo regresará al Cielo. Su paso por el infierno está en cuenta regresiva a la salvación eterna.

Lo vemos caminar 10, 20, 30 kilómetros en un desierto. Se acerca a unas formaciones rocosas como estalactitas que apuntan al cielo, su cielo, nuestro suelo. De pronto vemos que algunas rocas son seres, casi humanos, levemente deformes, como pintados por El Greco, totalmente blancos. Se esconden inmóviles, parece que Jesús los ciega, ellos cubren sus rostros contra la piedra. Jesús ingresa a los canales rocosos, conoce su camino. Mientras se detiene a admirar el paisaje salido del cuadro El Jardín de las Delicias de El Bosco, uno de esos seres penitentes toca la punta de su sotana de Jesús y el primer evento sobrenatural desde su llegada sucede. Este ser empieza a temblar, sus ojos se tuercen y recobran el color humano, color café oscuro, su cuello mira hacia el cielo y de pronto se cae hacia arriba. No estás leyendo mal, algo la lanza al cielo, su cielo, nuestro suelo. Como ver al revés a alguien cayendo en una precipicio. Lo vemos desaparecer en el cielo, su cielo.

Ahora todos saben que Jesús está en el infierno. Su caminata constante dura 5 horas hasta que llega a este inmenso trono, un trono que no se ha visto en la más deslumbrante fantasía sacra del Renacimiento: oro, piedras preciosas. Todo Roma no lograría asemejarse al esplendor del trono del diablo, quien a su contraparte parece un tipo normal. No tiene barba, su ropa es sencilla, sin joyas, sin lujos. Igual que Jesús, a pesar de pertenecer a las más altas esferas del mundo celeste, se parecen a nosotros los humanos.

Jesús y el diablo se miran, este se mantiene de pie, junto a su trono mientras el hijo de Dios se va acercando, todas las criaturas semihumanas del infierno están pendientes del encuentro, algunos no pueden ni siquiera ver, sus pecados los mantienen ajenos a la situación. Cuando Jesús llega, lo abraza con sus ojos cerrados, su mano sostiene la parte trasera de la cabeza de Luzbel, este no se mueve, hierático parece estatua. Jesús está feliz, pone su cabeza sobre el hombro del diablo y en un suspiro le dice: Te hemos extrañado, hermano.

El diablo no se manifiesta, no dice nada, ahora no lo puede ver a sus ojos. Le dice que por gusto bajó. Jesús le dice que su padre siempre lo ha perdonado, que no debería escuchar esos sermones del castigo, que fue un momento confuso, una mala reacción, que siempre pudo regresar al Cielo, que pudieron arreglarlo. Sin verlo a los ojos le responde que él no es digno de ningún perdón, que mire a su alrededor todos los que prefieren vivir en el vacío, sin Dios. Que se retire, que el tiempo en el infierno pasa más rápido que en la realidad, que han pasado días. Que ya es hora que se acabe su visita. Que nada lo hará cambiar de parecer, su lugar es abajo, que su exilio es eterno, que su perdón no es posible que ni siquiera el Dios que todo lo puede podría perdonar una traición tan grande de parte de quien menos se lo hubiera imaginado. ¡Mírate! Le grita a Jesús, le tomó miles de años dejarte venir, yo tuve que huir. No hay perdón para el diablo.

Jesús lo mira sin cambiar la sonrisa, se da media vuelta y empieza a caminar, se detiene. De espaldas solo girando un poco su cabeza le dice: Ahora que volveré al Cielo, creo que te visitaré más seguido, creo que en tu corazón que vio nacer este mundo debe abundar el amor, la compasión, el perdón por todos. Nos vemos, hermano. Jesús desaparece en un haz de luz hacia el cielo, su cielo. Millones de criaturas miran al cielo, lo ven desaparecer, exhalan un suspiro colectivo y ¡boom! como lluvia del suelo al cielo, millones de criaturas vuelven de donde provinieron. El infierno ha quedado casi vacío. Ver la compasión de Jesús volvió a darle una esperanza de salvación a todos los seres que la perdieron, que se perdieron en el mundo.

El diablo sentado en su trono, enfadado, lanza un grito ensordecedor. Tendrá que esforzarse más si quiere ver su infierno lleno de nuevo.

miércoles, 16 de marzo de 2016

La cosmogonía del tercermundo, génesis por @Ed_M_Undo

Al final, Dios creó el tercermundo, para dar abasto a todo el espacio vacío que le sobraba de tierra sin agua. A sus hombres no los hizo de polvo y barro sino de piedras preciosas y mármol, así serían mejores hombres que los ya creados. Los llevó a un bosque lleno de árboles de la ciencia y el conocimiento y nunca probaron un solo de sus frutos. Luego una serpiente trató de convencer a la hembra que si gritaba, inspiraba pena y dijese maldiciones (malas palabras) Dios le daría como premio un marido. Eva mató a la serpiente y usó su piel como petate en el que dormiría junto a su compañero Adán. Eso desató la cólera de Dios, pues la serpiente fue enviada a tentar a Eva pero en el tercermundo todo es malinterpretado.

Dios le dijo: Te maldigo a que siempre tus hermanas y compañeras hablen mal de ti, que nunca puedas conservar un empleo por los rumores que generarás a tu alrededor. Tú también Adán, te beberás todo el dinero de tu suelo, siempre serás engañado, no tendrás voz pero gritarás en grupos para que tus derechos nunca sean respetados, cada vez que creas más en Barcelona que en mi el equipo perderá. Nunca serás feliz mientras seas pobre y siempre serás pobre. Yo te maldigo con el tercermundo que nunca podrás dejar atrás, siempre que emprendas te corromperás, siempre que progreses te corromperás, siempre que crezcas te corromperás.

Y así Dios nos maldijo con el tercermundo.

domingo, 6 de marzo de 2016

Mal trip en Montañita, mayéutica por @Ed_M_Undo

A partir de una serie de elucubraciones acerca de un caso de crisis que aparenta una desproporción de magnitudes épicas, emprendo una serie de cuestionamientos que me llevarán hasta la epítome de una serie de desastrosos eventos.

Para que Montañita se posicionara a nivel mundial como un paraíso de libertad y libertinaje, ¿podría lograrlo con la constante vigilancia de la policía?
¿Podría la policía ser tan corrupta que convirtió en un hábito recibir pagos para no realizar sus visitas constantes y cotidianas a Montañita?
¿Pensaron los propietarios de negocios de Montañita que esta inversión en erradicar la ley y el orden, beneficiaría inmensamente sus empresas?
¿Podría permitir el consumo en exceso de alcohol, drogas, sexo libremente en cada rincón de Montañita?
¿ Qué tal si la ausencia de ley permitió que un problema aún mayor se generase, como una red internacional de trata de blancas?
¿No es estratégico Montañita para conocer mujeres de distintas nacionalidades en su paso por la playa para conocerla, identificarla, cotizarla en el mercado de trata de blancas?
¿Qué tal si después de Montañita, la viajera era atraída a estas redes internacionales de trata de blancas?
¿Qué tal si un evento tan desafortunado como la muerte de 2 turistas argentinas en Montañita fuese el detonante para que toda esta estructura de negocio de crimen organizado y trata de blancas se revele?
¿No está envuelto el más alto mando de la policía al permitir que sus integrantes hayan borrado de su ruta para imponer la ley y el orden a Montañita?
¿Puede un crimen resolverse tan rápidamente, sin investigación profunda?
¿Está Montañita lleno de reclutadores de trata de blancas?
¿Y si los presuntos asesinos no las mataron?
¿Si fueron pagados para declararse culpables?
¿Podría el estado pagar para ocultar estos crímenes?
¿Es Montañita un puerto para adquirir mujeres que luego viajarán con destino incierto para caer en las redes internacionales de trata de blancas?
Y para finalizar, la gran pregunta:
¿Podría revelarse por un terrible crimen que cobró la vida de 2 inocentes turistas en la plenitud de su juventud, una red internacional de trata de blancas, instalada en Montañita por su estratégica mezcla de nacionalidades, que se permitió por que la policía, pagada por los propios dueños de negocios del balneario, comprometer a toda la esfera de alto mando de un país, desde el más mísero patrullero hasta un ministro y peor de todo, un presidente?

Les diría que solo Dios sabe, pero la misma gente de Montañita se encargó que no haya Dios ni ley, el pecado es la ausencia de Dios, y aunque Dios está en todas partes, el diablo está en los detalles.

dedicado a María y Marina.

domingo, 28 de febrero de 2016

Debris: Ultraviolencia capítulo 2. Micronovelas por @Ed_M_Undo

imagen de una explosión de colores con el título Debris ultraviolencia capítulo 2 por Ed M Undo para el blog ficciondislexica.com

Mario es policía. Como policía su labor consiste en luchar contra el mal. Su novia, Moma, lo ama. Ella es dulce y su mirada placentera lo convierte en un guiñapo de suspiros. Mario dedica su vida a trabajar, desea casarse, tener hijos, una casa. Suele hacerle dibujos. Mario gana poco pero no necesita nada. Piensa que eso lo vuelve millonario. Poco es tanto cuando poco necesitas. Él solo necesita a su amada. Mario sale todos los días de su casa a las 7 de la mañana, encuentra una sintonía en la ciudad que recién se despierta, como si esta también padeciese catalepsia cada vez que más de la mitad de sus habitantes caen dormidos. La ciudad respira por sus alcantarillas, por sus ventanas. La ciudad pertenece a quien es capaz de domarla.

Mario piensa que la ciudad es indestructible, que nada puede hacerle daño. Lo mismo piensa del mundo, no cree en el calentamiento global. Piensa que lo que construye Dios el hombre no puede destruirlo. Lo han enfrentado aduciendo que el hombre puede separar su matrimonio que Dios ha unido. Mario argumenta que por cada divorcio nacen 100 amores. Que por cada pelea hay 10 orgasmos, por cada grito hay un millón de suspiros. Nada parece afectar a Mario. Pero Mario guarda un gran secreto. Su punto débil es Moma. Si algo le pasara él quedaría inmerso en la soledad. Moma es su brújula, su sendero de migajas en el bosque, su punto cardinal. Ella ejerce tanto poder sobre la vida de Mario que él siente a través de sus sueños. Él quiere tener una casa, hijos. Por eso trabaja duro en la policía.

Un día Mario empezó a investigar el caso de los Dátiles, una desconocida empresa que resultó tener ramificaciones en todos los negocios ilícitos del país. Mario fue sorprendido, secuestrado. Le ofrecieron un trabajo con cuyo sueldo podría comprar la casa que deseaba cada mes. Le ofrecieron comprarle lo único que no puede vender Mario: su conciencia. Mario los entregó, toda la organización cayó por su civismo, su ética, su moral, su mundo perfecto para sus hijos con Moma.

Un mes después de que cayó la mafia y Mario fue ascendido a jefe de la policía de Guayaquil, Moma fue secuestrada. Todos los medios siguieron el caso. Nadie la había visto, no había dejado huella. Todos sabían que la mafia lo había hecho pero todos estaban presos.

Un viernes, un cuerpo fue abandonado en la puerta del edificio de la policía de donde Mario no había salido por semanas, se bañaba y comía ahí, sin Moma no había sentido en volver a casa. El cuerpo abandonado era Moma. Estaba inconciente. Cuando la revisaron encontraron que todo su cuerpo había sido operado, una leve cicatriz milimétrica le daba la vuelta a cada uno de sus miembros. Al meterla a los rayos X descubrieron que cada uno de sus órganos vitales tenía adherido un explosivo, que una red inmensa de finos cables del grosor de un cabello cruzaban su cuerpo y se conectaban a su corazón y cerebro. Aparte de eso Moma estaba bien. No había perdido peso, nadie había abusado de ella. Mario por fin pudo descansar, quedo dormido en la cama del hospital.

El doctor que atendía a Moma lo despertó y le pidió hablar en privado. Explicó que su salud era normal pero no existía forma de operarla para quitarle los explosivos. Que tendría que vivir con eso por siempre, que seguiría una vida normal excepto en un inmenso detalle: si Moma llegase a tener un shock emocional, todas las cargas explosivas se detonarían. En su corazón estaba el gatillo para desatar la misma fuerza que la bomba que cayó en Nagasaki.

Mario quedó a su lado en la cama, tenía que esperar que su amada despertase y nunca, nunca, hacerla enfadar.

domingo, 21 de febrero de 2016

El día más feliz de mi vida, cuento metafísico por @Ed_M_Undo

Dicen que si has sido una buena persona, al morir Dios te permite regresar al momento más feliz de tu vida.

La gracia es un mérito que no se puede comprar. Yo nací dos veces. La primera vez estuve dormido 7 años, demasiado viejo para ser joven, demasiado tarde para vivir siendo inocente pero con una valentía que me permitió ingresar a todos los mundos que convergen en la ciudad. Dormí demasiado. Para cuando desperté tuve que volver a nacer para seguir creciendo. Tuve mis malos momentos. Tuve peores. Pero al fin logré descubrir que la vida es el tiempo que se entrega a otra persona. Que Adán no existió hasta que apareció Eva.

Cuando morí, volví a despertar acostado en un jardín seco, debajo de un árbol que no daba sombra. Al levantarme me sacudí la espalda pero nada se había pegado. Entendí que había muerto y los muertos no se ensucian. Tardé un momento en ubicarme, primero en espacio. Estaba en un lugar inmenso, casi vacío. Frente a mi un carrusel pequeño de hojalata daba vueltas. Luego en el tiempo. Por la sombra entendí que era el mediodía, por la cantidad de padres y madres con sus hijos entendí que era domingo y estaba en un parque. Un bus rojo con verde pasó a la distancia. Entendí que eran los años ochentas, antes de la regeneración urbana. Me sentía como en un sueño. Giré y me encontré un inmenso domo color gris claro. Entendí que estaba en el Centro Cívico de Guayaquil, y el parque era el Parque Forestal. Me embargó una súbita nostalgia, bostecé un deja vú. Entendí que yo había estado ahí.

Caminé hacia el carrusel y niños de todas las edades jugaban. Solo había un niño que parecía quieto en su caballito de madera y metal, concentrado viendo la nada mientras el aparato daba eternamente vueltas. Vestía un trajecito verde con una camiseta, unos zapatos ortopédicos color avellana. Parecía una estatua, su caballito parecía más vivo que él. Seguí caminando. En ese momento entendí que el magnetismo que me atraía a ese niño eran mis propios genes. Ese niño era yo. Ese era el día más feliz de mi vida. No pude contener mis lágrimas.

martes, 16 de febrero de 2016

Noir, poesía por Francisco C.(xiico) @nevaditomaltrip

Y me paso las madrugadas con las manos negras de amor e ira,
veo un cuerpo claro, rostro melancólico.

Y creo un ente amorfo con amor en cada ojo
y me dice detente, y me detengo;
y llora, y yo lloro
y así me cuenta historias que no pasaron,
que han deformado al mundo
y han traido recuerdos a un sueño.

Ay princesa de papel,
de dedos sucios y piel manchada
espero estés viva a la siguiente mañana.

sábado, 13 de febrero de 2016

Cuento Sin Nombre #2 por @UntalHaas

imagen de dominio público de Psique para el cuento sin nombre # 2 de @untalhaas en el blog ficciondislexica.com

-¿Crees en el Karma?- me preguntó.

La miré, estaba acostada boca arriba viendo a las estrellas.

Su pregunta no me sorprendió, usualmente las lanzaba al aire cuando no había nada de qué hablar. Raras, espontáneas, muchas veces retóricas y otras veces que me sonrojaba al escucharlas, las decía al azar, cuando íbamos juntos a casa, cuando miraba por la ventana del bus, cuando se aburría de abrazarme y cavilaba en mi hombro, cuando no tenía nada que hacer y el silencio le gritaba en los oídos.

La miré otra vez, sin que me viera, sin responderle mientras no esperaba una respuesta, la vi mientras sus ojos contaban estrellas. La miré y recorrí cada curva de su rostro, de su cabello al ritmo del viento mientras sonaba una canción de fondo que nadie más que yo podía oír.

Me llené de preguntas por pura distracción, me perdí en la belleza etérea y lejana de Carolina. Y me pregunté también si ella me amaba de la misma manera en la que yo lo hacía. Me pregunté si Carolina tenía planes conmigo en un futuro no tan cercano. Me pregunté también en todo lo que pensaba cuando yo no estaba.

Me volvió a preguntar algo, algo que no escuché por estar perdido en la limerencia efímera del momento. Giró su cabeza y se quedó estática, viéndome mientras yo la veía como idiota. Me preguntó también acerca de nuestra relación.

Llevábamos doce años siendo novios y habíamos pasado la montaña rusa de la vida, juntos, pero nunca, nunca había preguntado acerca de la relación. Habíamos cruzado medio mundo, habíamos peleado, disfrutado, comido, bailado, leído y una lista extensa de cosas que quizás nadie más que nosotros había hecho. Al final había leído la frase de Jack Kerouac que decía: “Enamórate de tu existencia” pero yo ya me había enamorado de la de ella.

Me preocupé, una pregunta como esa no es sacada al aire así como así, debe existir un trasfondo en una pregunta como esa. Se puso triste, porque me quedé sin responder, porque eran muchas preguntas que seguía haciendo pero yo no había respondido.

Le dije que era feliz, porque no me importaba lo demás, porque no me agobiaba el futuro cercano o lejano, ni me preocupaba la vida porque era feliz junto a ella, y pase lo que pase, ya habría tiempo después para ponernos tristes.

Y entonces me besó, me besó una vez más después de doce años de haber sido novios, después de tantos besos que robaban el aliento, lo hizo esta vez bajo las melifluas melodías de los ángeles que pausaban el tiempo. Me besó como nunca antes lo había hecho y me besó tan, pero tan fuerte…

… que nunca más ninguno de los dos volvería a estar triste.

imagen en dominio público: Antonio Canova (Italian, 1757–1822) - Eric Pouhier (May 2007)

jueves, 21 de enero de 2016

Lupo, ¿eres tú?. Primera temporada de Lupo el lobo Molina, ficción por @Ed_M_Undo


Nada que haya creado el hombre tiene valor alguno para mi.
Lupo abre los ojos pero sus pupilas se encuentran dilatadas. No puede ver nada. Ya se ha acostumbrado a su pesadilla. Entre las alucinaciones, los sueños y las premoniciones, lo único que ha conseguido diferenciar a sus 36 años son sus pesadillas. Siempre son tan reales que cuando abre los ojos piensa que ha caído dormido en el sueño.

Su pesadilla es sencilla y aterradora. Su madre es empujada con mucha fuerza a una piscina llena de antibiótico. Se encuentra embarazada de él y Lupo puede sentir, ver, respirar, todo lo que le pasa a su madre le pasa a él. La piscina llena de antibiótico lo aterroriza. Su madre nada pero el peso del vientre inflamado por las 29 semanas de gestación la hala hacia abajo. Él es su propio lastre. Así siempre ha sido. Su madre de 17 años nada con todas sus fuerzas, mantiene la boca cerrada, recuerda que en el dispensario médico le han dicho que no puede tomar ni una gota de antibiótico. En el interior del vientre escucha claramente a su madre hablar hacia su interior: Guadalupe, ¿eres tú?.

Lupo ya no se exalta cuando despierta a la medianoche, ha visto tantas cosas malas, maldiciones, asesinatos, que ya nada lo asusta, pero siempre teme a los antibióticos.

domingo, 10 de enero de 2016

Cuento sin nombre #1, por @UnTalHaas

Y ella encontró al amor, en la soledad circunstancial de una joven de 76 años, sentada en la mecedora de Guayacán que había adquirido años atrás en una ocasión que no recordaba. Veía al infinito, por la ventana, sintiendo la brisa del mar frente a ella mientras esperaba a la muerte.
Esperó, durante días, semanas, meses y quizás años, en ese entonces ya no lo recordaba, esperó a sus hijos y nietos que no volverían, esperó a su esposo que había fallecido treinta años antes.
Esperó algo de la vida, algo que nadie más sabía, una cosa, tal vez tan simple como una palabra, o tal vez tan compleja como la física cuántica y que incluso ella olvidaba a ratos.

Había encontrado al amor y no sabía como contarle a los fantasmas que la seguían desde que dejó de contactar al mundo, ni a las motas de polvo con las que iniciaban tertulias vespertinas en la cómoda soledad. Encontró al amor y se había olvidado por estar recordando cosas que a lo mejor nunca hizo en su corta vida.
Recordó el olor de las orquídeas de su patio cuando era niña, o el color amarillo de los Guayacanes en Febrero, recordó un millón de cosas en la quietud hambrienta de su habitación blanca como el vestido que llevaba. Se acordó de cosas y se olvidó que imaginó mil otras, pero al final, se acordó de que también era tarde para amar, pero no importaba, porque ese amor que sentía, era a la muerte que esperaba.

domingo, 3 de enero de 2016

Lupo "el Lobo" Molina, primera temporada por @Ed_M_Undo

cuadro de El Bosco junto al título de la obra Lupo el Lobo Molina del blog ficciondislexica.com

Lupo el Lobo Molina. Así lo llamaban sus amigos. Digo llamaban no por que Lupo haya muerto. Los que murieron son todos sus amigos, sus enemigos, su familia, sus conocidos. Es como si Dios hubiese querido desaparecer del planeta a Lupo, pero en vez de arrebatarlo, decidió eliminar a los que lo rodeaban.

Si Lupo fuese un diagrama de Ben, él siendo el centro, lo demás siendo el vacío y el olvido. A veces lo recuerdo como si lo hubiese vivido, visto desde mis propios ojos. Lupo es una causa perdida, un alma que ya existía fuera del paraíso, alguien que salió a flote del gran diluvio, el primer y último habitante de Gomorra, el único inocente de Herodes que sobrevivió además de Jesús, no por que los soldados romanos no lo encontraron, lo tuvieron en sus manos, pero algo los hizo arrepentirse. Su error llega hasta nuestros días.

Para que entiendan los hechos que llevaron a Lupo a convertirse en el Lobo, el mejor detective, o como le decimos en Ecuador: pesquisa, debo advertirles de un evento en la vida de Lupo, si a eso podemos decir vida, que marca una etapa antes y después.

Verán, Lupo un día tenía una familia. Una esposa, un hijo. Lupo tenía problemas pero muchos decíamos que los problemas tenían a Lupo. En esa época Lupo era feliz, amoroso con su esposa, firme con su hijo. Dicen que su hijo fue la única persona que amó a Lupo. Pero Lupo tenía muchos vicios, en particular esa tarde había consumido aguardiente con una mezcla de analgésicos y crack. Decía que encontraba una sintonía que encontraba a los malos. Parece mentira, pero Lupo aún tiene el récord de arrestos y crímenes resueltos de todo Ecuador. Parece mentira.

Ese día era el cumpleaños de su hijo. Vivían en un humilde departamento de un conjunto habitacional del sur de Guayaquil, de esos que la gente vivía en su casita pegada a la otra, esas que el techo era demasiado bajo, que había que instalar ventiladores en todas partes para que el calor no se resista a abandonar la casa. Su esposa preparó la torta, sánduches de atún. Llegó la familia, comadres. Lupo no tenía familia. Llegaron los vecinos, los niños corrían en la sala diminuta. Había mucha bulla. Lupo estaba metido en un caso del que les contaré luego, EL CASO como le llamaremos. Lupo estaba intoxicado, pero su gran tamaño le permitía aguantar, no se veía maltratado.

Lupo entra a la casa, sus oídos no pueden escuchar, sus ojos ven borroso, alguien le da una palmada en la espalda, su esposa lo besa, no siente su cara. De pronto escucha un grito, es su hijo que se alegra de verlo. Todo pasa en cámara lenta. Se vira, el niño corre a sus brazos, lo agarra, nunca ha visto tanta felicidad en sus manos, lo levanta, lo alza al techo. De pronto todo se comienza a poner rojo, las caras se transfiguran, cuerpos se contorsionan. La sala se pinta de rojo mientras tiene las manos levantadas. Las aspas del ventilador a toda velocidad le han cortado la cabeza a su hijo. Aún sostiene su cuerpo entre sus manos. Luego todo es olvido.

No volveremos a saber nada de Lupo hasta EL CASO.

lunes, 28 de diciembre de 2015

Noir, poesía por XiiCO

Noir
y me paso las madrugadas con las manos negras de amor e ira,
veo un cuerpo claro, rostro melancólico.

Y creo un ente amorfo con amor en cada ojo
y me dice detente, y me detengo;
y llora, y yo lloro
y así me cuenta historias que no pasaron,
que han deformado al mundo
y han traído recuerdos a un sueño.

¡Ay princesa de papel,
de dedos sucios y piel manchada
espero estés viva a la siguiente mañana.

miércoles, 9 de diciembre de 2015

Poema por Paola Monroy @pao_ire

¡Oh amado! que en el pasado fuiste mio
Y ahora simplemente estás en el recuerdo de mi olvido
Las estrellas se esfuerzan por buscarme un camino
Ahora que simplemente te has ido.

¿Por qué te fuiste?
¿Por qué me dejaste?
El dolor y sufrimiento
Fue el precio de este desastre.

Ójala pudiera encontrarte
Ójala pudiera borrarte
Sonrío porque una vez fuiste mío
Pero ahora sin previo aviso te marchaste.

martes, 20 de octubre de 2015

Undécimo mandamiento, cuento por Franklin Cevallos

imagen de moises de la Biblia y los mandamientos junto al título Undécimo mandamiento del autor Franklin Cevallos para el blog ficciondislexica.com

A la memoria de Eduardo Galeano

El inspector Gabaldi observaba desde el otro lado del cristal al individuo sentado en la sala contigua. Desde allí divisaba a un ser como traído de otro tiempo, de otra era, muy viejo, con la barba larga y blanca que caía y rosaba con la superficie de la mesa. El individuo llevaba puesto una túnica que otrora había sido roja y sandalias de un cuero gastado.

-¿Por qué lo han traído? -inquirió Gabaldi.

-Lo encontraron en las afueras de la Basílica gritando a los cuatro vientos que tenía un mensaje de Dios para el Papa. Dos gendarmes del servicio del Vaticano lo aprehendieron y lo han traído aquí para investigación -respondió Tattaglia, uno de sus subordinados.

-¿Sabemos ya quién es?

-No tiene identificación, ya lo han registrado. Pero dice llamarse Moisés.

-¿Moisés? -dijo Gabaldi dirigiéndose a su súbdito con asombro.

-Sí, como lo ha escuchado -contestó Tattaglia y añadió en tono burlón: «Creo que se trata de otro loco».

Gabaldi sabía perfectamente que ningún sospechoso debía ser pasado por alto. Llevaba quince años trabajando para el Corpo della Gendarmeria de la Ciudad del Vaticano y hacía apenas cinco que lo habían nombrado inspector general. Todo este trayecto le había dotado de una desconfianza exagerada. Gracias a esa capacidad adquirida logró escalar peldaño a peldaño las jerarquías de su departamento hasta llegar a ocupar el cargo que con furtivo orgullo ostentaba. En su juventud había logrado desentrañar un complot interno en contra de la seguridad del Vaticano. Hacía unos años supo también prevenir un atentado dirigido al Sumo Pontífice que ni la prensa ni los feligreses supieron jamás. Estas hazañas, entre otras, lo habían hecho acreedor de la admiración y el respeto de sus subordinados.

-Puede ser un loco como también un asesino. Entraré a interrogarlo -mencionó Gabaldi y posteriormente tomó su cuaderno de apuntes y se dirigió a la sala de interrogatorios.

La sala en cuestión no era más que una de las divisiones de la cámara Gesell de la oficina central del Corpo della Gendarmeria de la Ciudad del Vaticano, en su área pequeña apenas cabían una mesa y dos sillas. Detrás de la silla que regularmente el interrogador usaba se hallaba incrustado en la pared el cristal rectangular que hacía las veces de espejo y de canal visual para los agentes ubicados en la habitación vecina.

-Buenos días, soy el inspector Gabaldi.

El anciano le devolvió el saludo y preguntó: «¿Por qué me han aprehendido?».

Gabaldi tomó la silla desocupada, se sentó y serenamente dijo: «Cálmese anciano, usted no está privado de la libertad. Solo voy a hacerle unas preguntas que usted debe contestar con toda veracidad. Dígame su nombre completo».

-Me llamo Moisés -respondió el anciano.

-¿Moisés qué?

-Moisés, hijo de Amram, descendiente de Jacob.

-Vamos abuelo, no tengo tiempo para bromas -dijo Gabaldi dejando caer la pluma sobre la mesa.

-Digo la verdad, traigo un mensaje de Dios para el Papa -volvió a insistir el anciano.

El inspector Gabaldi miró directamente a los ojos del interrogado. Podía fácilmente reconocer la mentira en los ojos de cualquiera, ése era su don, pero en esta ocasión había algo distinto, algo indescifrable para su vasta experiencia. « ¿Y dónde está el mensaje para el Papa? », preguntó.

-Traía un mensaje, tus hombres me despojaron de él y de mi bastón cuando me aprehendieron.

Gabaldi se levantó y se dirigió a la pared junto a la puerta donde se encontraba un intercomunicador que conectaba con la habitación adyacente. Presionó un botón y luego vociferó: « ¡Tattaglia! Consigue el documento y el bastón que llevaba el anciano al momento que fue detenido». « Enseguida, señor» se escuchó desde el otro lado.

-Usted me tendrá que disculpar, -corrigió el anciano- pero lo que yo portaba no era un documento sino una placa de piedra con un mensaje tallado en ella.

La voz del anciano denotaba convicción.

-¿Una placa de piedra? –preguntó Gabaldi.

-Sí, y en ella está escrito el undécimo mandamiento.

-¿Undécimo mandamiento? –volvió a preguntar el inspector mostrando desconcierto en sus palabras.

Una voz los interrumpió desde el intercomunicador, era la voz de Tattaglia: «Señor, los gendarmes que detuvieron al anciano me informan que no llevaba ningún bastón ni mucho menos un documento. Lo han traído tal cual lo encontraron».

-Entiendo -dijo Gabaldi, cerró la comunicación y desde la puerta miró al anciano con un poco de desdén. «Espere aquí que ya vendrán a recogerlo», dijo.

Gabaldi, convencido sobre la condición mental de su interrogado, salió de la sala en busca de Tattaglia. Cuando lo encontró le ordenó traer al personal del hospital psiquiátrico para que se encargasen del anciano.

Pocos días después, mientras desayunaba y leía los periódicos locales, Gabaldi encontró un artículo donde se relataba la desaparición de uno de los enfermos del hospital psiquiátrico. Avanzó rápidamente por entre las palabras con su lectura fugaz para posteriormente darse cuenta que se trataba del anciano que él había interrogado. Su asombro fue monumental cuando leyó las últimas líneas donde al fin pudo enterarse del mensaje que el anciano traía. En dichas líneas se decía que una de las enfermeras del lugar había entrado al cuarto con el frasco de pastillas y había encontrado la habitación vacía; la enfermera quedó mayormente sorprendida cuando fijó su mirada en una de las paredes de la habitación donde se hallaba escrito claramente y con letras grandes: «Amarás a la naturaleza de la que formas parte».

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