miércoles, 27 de mayo de 2015

Siempre Pablo, microcuento por @BebaFerreira

rosa seca y muerta sobre fondo negro con el título del microcuento siempre pablo por Beba Ferreira

Cuando me dijeron que tenía que hablar frente a las personas que me habían señalado por la muerte de Pablo, sólo se me ocurrió escribir un discurso en una hoja, así tendría la excusa perfecta para mantener la cabeza agachada, con la única intención de esquivar las miradas acusadoras.

Pablo, sólo pensaba en la manera en que todos estarían sentados observándome, hablando entre sí y murmurando sobre el error que había cometido al venir a casa conmigo, imaginaba las cámaras y grabadoras que pondrían frente a mí, buscando remordimiento y logrando que tartamudeé mientras leía lo que ellos querían escuchar.

Apenas tuve fuerza, agarré el marcador negro y una hoja, empecé a dibujar cada palabra. Recordé las respuestas que nunca me dio y las preguntas que nunca hice, al final de todo, lo que ellos querían escuchar era lo maravilloso que había sido él conmigo, y por última vez yo estaba dispuesta a mentir.

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domingo, 24 de mayo de 2015

Rediseñando a Dios, micro literatura parte 1 por @Ed_M_Undo

imagen de una mano alzada al cielo el colores psicodelicos, el título de la obra rediseñando a dios volumen 1 del escritor Ed M. Undo del blog ficcióndisléxica.com

Así empieza todo. Así acaba.

Adán roba el conocimiento, las ciencias, la inteligencia de Dios. No recibe instrucciones. Como un mono en el espacio, como Laika en la estratósfera tiene toda la información del mundo pero no sabe como usarla, así avanzan sus días. Le das una laptop Macbook Air a un cromagñón y este no sabe usarla, típico. Todo el Antiguo Testamento se resume en "Sé valiente y arriesgado". Como dijo Malraux "La tradición no se hereda, se conquista".

Salimos en nuestro ticket sin retorno al paraíso. ¿Son Adán y Eva la representación simbólica del espermatozoide y el óvulo? Juntos se convierten en un solo ser, una "sola carne" y al nacer expulsamos al niño de este útero benigno que le brinda toda la protección y alimento, donde siempre está "desnudo" al mundo peligroso.Qué dolor para la madre, que shock para el niño y que responsabilidad tan grande para el padre. Así que la maternidad es donde perdemos el paraíso.

Miles de años después encontró a Noé en quien había germinado una pizca de la gracia que encontró en Adán. Dios erradica la humanidad de nuevo, quería empezar desde cero. No importa cuantas veces destruye la realidad no hay nada más indestructible que la concuspicencia, la naturaleza humana.

jueves, 21 de mayo de 2015

Roberto Molina, cuento de Milla Loffredo @MillaLoffredo

imagen de un ataud con un hombre en terno negro parado junto, el título del cuento Roberto Molina de la escritora milla Loffredo del blog ficciondislexica.com

“Roberto Molina. Parques de la Paz, salas de velación 1-2” decía el anuncio. Todos asistieron a su entierro menos él mismo.

Seis horas antes aquella mañana, la familia Molina terminaba los preparativos para el entierro de su querido Roberto quien fue hijo, hermano y padre; y cumplía excelente cada rol. En una esquina de la capilla se encontraba Amelia, una jovencita de 17 años, que moraba por la muerte de su padre.

Las familias presentes estaban separadas en dos bloques, del lado izquierdo se encontraba la familia de la viuda del señor Molina y del lado derecho, sus hijos, hermanos y demás familiares cercanos.

Amelia no estaba en ningún bloque, le incomodaba la idea de que en un momento tan importante las personas aún se preocuparan por peleas familiares en vez de estar todos unidos por esa pérdida tan dolorosa.

Todos se acercaban a ponerse de rodillas frente al ataúd o a colocar sus manos y rezar unos minutos, incluso personas que no pertenecían a ninguna religión o escasamente habían visto o conocido a Roberto, hipócritamente iban a depositar sus falsas lágrimas sobre su ataúd. Y mencionaban en voz alta lo mucho que lo extrañarían y la falta que él le haría al mundo.

Roberto era importante para la sociedad; llevaba una vida ejemplar y aportaba sus conocimientos al resto, fue un hombre tan inteligente que hasta trabajó en la NASA, un padre cariñoso, un hermano que se preocupaba por su familia y un esposo amoroso. Amelia no lo sentía ausente, sentía como si él aún estuviese presente.

Miró su reloj y eran las 4:45, el tiempo había pasado demasiado rápido y ya en pocos minutos dejarían el ataúd bajo la tierra; quiso abrirlo para despedirse de él una última vez pero un hombre mayor y tenebroso puso su mano sobre el ataúd antes de que ella pudiese abrirlo. Amelia sospechó algo extraño en aquel hombre, y fingió salir de la sala desentendida; esperó a que el hombre se marchara pero justo cuando iba a abrirlo nuevamente su madre la llamó para que caminara junto a los demás mientras llevaban el ataúd al sitio de entierro.

Todas las personas seguían en grupo al ataúd que era llevado por trabajadores del cementerio, sollozos y lamentos se escuchaban por doquier y a lo lejos Amelia pudo divisar la silueta de un hombre parecido a su padre; no era sorpresa que ella viera con frecuencia siluetas parecidas a otros familiares muertos, la intensidad del dolor y las abundantes lágrimas nublaban su visión y a veces le parecía así.

Mientras lo bajaban con mucho cuidado, los músicos tocaban una música fúnebre, triste y teatral; los familiares, aún separados en bloques cada uno tomaba una rosa para lanzarla sobre el ataúd y Amelia observaba parada con tres rosas en la mano. Un golpe se escuchó y uno de los trabajadores que bajaba el ataúd cayó al suelo, soltando el ataúd fuertemente en el hueco; nadie quiso acercarse a ver, solamente Amelia y ahí pudo ver que todos asistieron al entierro de Roberto menos él mismo.

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lunes, 18 de mayo de 2015

Elijah Jailer, cuento por Camila Yerovi Avendaño

imagen de un hombre caminando en un desierto a la distancia con el título Elijah Jailer de la autora Camila Yerovi Avendaño para el blog ficciondislexica.com

Elijah Jailer, hombre misterioso, hombre real, o quizá hombre que en realidad jamás existió. Un día salí a caminar a eso de las 20h00 para despejar dudas que tenía en mi cabeza, sin imaginarme que vería al ser más extraño que jamás había visto en mi vida. Era una noche de esas iluminadas por la majestuosa luna, los alrededores lucían desolados, quizás porque era feriado y ya es una costumbre viajar a la playa, dejando completamente abandonada la ciudad. Es en el momento justo cuando cierro la puerta de mi casa que una repentina brisa helada cala mis huesos y me hace mirar involuntariamente a un hombre, un hombre alto, delgado, camuflado entre las sombras donde no llegaba la luz de la luna por su vestimenta negra, similar a la que usan los judíos; llevaba un sombrero de hongo, sombrero que me trasladaba a épocas pasadas; caminaba con aires de duque, pero con la mirada baja y la mano sujetando su reloj de bolsillo.

La curiosidad se apoderó de mí, entonces decidí cruzar la calle e intentar alcanzar al enigmático sujeto. No iba rápido, pero sí lo suficiente para lograr dejarme atrás y obligarme a aligerar el paso. Cuando al fin lo alcancé, el hombre pareció no inmutarse ante mi presencia, es como si yo no existía, o él estaba suspendido en una burbuja aislada del mundo; le dije 'Buenas noches' por si lograba captar su atención, pero fue en vano. Luego de doce minutos aproximadamente me miró con sus ojos negros, penetrantes y distantes, y me indicó con la mano que lo siga, sacó un habano y empezó a fumar; aunque tenía todo para ser un gran señor, luego vi que su traje estaba remendado y el reloj se veía que era un vestigio familiar que tenía grabado en la parte de atrás 'Jailer'. Es ahí cuando le pregunté qué significaba el 'Jailer', ya que en inglés vendría a ser carcelero; él con su gesto soberbio y de que no le importó una sola palabra de lo que dije, con su mirada me dijo 'tus argumentos y todo lo que dices no me interesa' y lo único que contestó fue: Es mi apellido.

Entonces empecé a sentir aún más curiosidad, me preguntaba a mí misma, mientras lo acompañaba si era británico, judío, francés, en realidad no lograba identificar de donde era. Sus facciones gritaban que era probable que tuviera ascendencia judía, o turca, quizás; mientras que su apellido y su actitud me traía a la mente a los elegantes británicos de antaño.

Debo mencionar que el sujeto habrá estado rondando los 50 años, pero yo tenía la sensación de que era un tanto más joven y lo conocía de algún lugar. Luego de hacerme todas estas preguntas y mi inútil esfuerzo por responderlas, empecé con el interrogatorio. Le pregunté cuál era su nombre, de donde venía y si no lo había visto en alguna otra parte antes. A todo esto volvió a mirarme de la misma forma que antes y regresó sus ojos al suelo, pasaron diez minutos y me dijo: Elijah. De algún lugar. Hace más de cien años.

No comprendí una sola palabra, o en realidad sí, pero no quería hacerlo. Fueron las respuestas más extrañas que escuche en mi vida, y más aún con la seriedad que me di cuenta que lo caracterizaba; al menos ya supe que su nombre era Elijah Jailer, no contestó mi pregunta sobre su procedencia y la que hasta ahora retumba en mi cabeza es 'Hace más de cien años', qué me quiso decir con esto, quién era en realidad, empecé a llenarme de temor y las preguntas comenzaron a bombardear mi mente una vez más, sin embargo quería seguir, era inevitable, quería conocer más sobre Elijah Jailer.

Decidí preguntarle que quería decir con eso de que nos habíamos visto hace más de cien años, y a esto por primera vez respondió rápidamente y con una mirada un poco más dulce aunque cargada de nostalgia. Me dijo, "sí hace más de cien años, aunque tu alma ya lo haya olvidado", aún no entendía nada y llegamos a una casa, una casa que jamás había visto, muy vieja por cierto, y al parecer era suya, me invitó a pasar, me sirvió una taza de té; mientras que él se sentó frente a la chimenea que iluminaba el tétrico lugar, sacó otro habano, fumó y no despegaba sus ojos del fuego abrasador. Luego de unos minutos de silencio y meditación, volteó a verme y me dijo que no tenga miedo, que afronte mis problemas, y que aprenda a escuchar mi corazón, sólo así no volveré a tener dudas. Se levantó, por segunda vez me miró fijamente a los ojos, con más dulzura aun y recalcó que me conocía y sabía perfectamente que la respuesta a mis problemas yo ya la tenía, lo único que tenía que hacer era: Escuchar el silencio. Aunque fue muy poco lo que dijo, me hizo reflexionar demasiado y parecía realmente conocerme. No permitió que le hiciera ninguna pregunta más y me pidió que me marchara, no me rehusé porque realmente quería escuchar el silencio y ver si realmente las respuestas estaban en mí.

Llegué a mi casa y descubrí que todo lo que me dijo Elijah era verdad, quizás lo más asombroso es que jamás le conté que me sentía mal y que tenía problemas, era una razón más para querer saber quién era aquella misteriosa persona. Sin embargo, no tenía el valor para ir a buscarlo, por esa razón me dediqué a verlo pasar todas las noches por mi casa a través de mi ventana. Sabía que podía ser como una especie de maestro de vida, pues su sabiduría estaba implícita, pero algo me detenía y no me dejaba ir tras él para descubrir quién era realmente.

Pasó una semana y decidí ir una mañana a casa de Elijah, justo había un guardia, entonces me acerqué y le pregunté si se encontraba el Sr. Jailer, a lo que el hombre contestó con una carcajada y mirada burlona, diciendo: ¿Sir Jailer? —suelta otra carcajada— Señorita, Sir Jailer, murió hace casi cien años, esta casa ha estado abandonada por décadas. Aquí sí vivió Sir Jailer con su amada esposa, pero ésta, lamentablemente murió y él un año después también falleció de tristeza. Le pregunté si ahí sólo había vivido con su esposa y el hombre sin contestar abrió el portón, caminamos hasta la puerta la abrió, entré por segunda vez a aquel aterrador, pero acogedor lugar, me condujo a una pequeña sala, a la cual yo no había ido la semana pasada y me muestra un cuadro, diciéndome: Aquí está la respuesta. Sin embargo, el hombre se sorprendió al ver el parecido entre la Sra. Jailer y yo, noté como su rostro se tornó de un color pálido, hasta los labios se volvieron un tanto blancos, pero por supuesto intentó disimular. Por mi parte, sentí que la sangre se me congeló y que mi cuerpo estaba a punto de caer, salí corriendo, era un cuadro de Elijah y su esposa, Elijah parecía de unos treinta años y su esposa de no más de veinticinco. Su esposa, era yo.

Un tiempo después descubrí que ellos cumplieron 15 años de casados antes de que ella muriera; y el último año, Elijah se destruyó por completo, quizás por eso llegó a aparentar más edad de la que tenía. Jamás tuvieron hijos, pero su amor fue profundo y verdadero.

Luego de esto no volví a verlo nunca más. Sea quien sea Elijah Jailer, me dio una importante lección de vida, me enseñó a escuchar el silencio y confiar en mí. Jamás olvidaré la figura del enigmático señor, ni su nombre: Elijah Jailer.

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sábado, 16 de mayo de 2015

C.H.I.F.A.: Centro Humano de Ingesta de Fauna Anfibia, ficción histórica por @Ed_M_Undo

imagen de una servilleta en la que está escrito C.H.I.F.A.: Centro Humano de Ingesta de Fauna Anfibia del autor @Ed_M_Undo junto a una ilustración de un plato de chaulafán

¿Qué tienen en común el fútbol, las iguanas y los wantanes....

Esta investigación acerca de la proliferación de migrantes asiáticos en el centro de la ciudad de Guayaquil podría tratarse de una conspiración a nivel internacional, que conllevará convertirnos en el portal de la cultura del medio oriente, catapultará la demanda del ingrediente híbrido mutante de su principal fuente de nutrición: el wantán. Como leerán a continuación es un descubrimiento que deberá ser manejado con cautela, la información a la que serán expuestos podría convertirse en un torrente que los arrastrará a su emergente submundo. Serán absorbidos por la "marea amarilla"

Sin lugar a dudas la inclusión de nuestra cultura en la red mundial a través de google fue el primer paso a convertirnos en el blanco de nuestros asiáticos visitantes. Su búsqueda de la traducción de la palabra amarillo al español llevó a nuestros huéspedes dar en menos de 4 segundos con este fatídico resultado: "BARCELONA, EL PLANTEL AMARILLO..." Nuestro baluarte del deporte se convirtió en la primera de una serie de desastrosas coincidencias y planes de control mundial.

Cabe recalcar que todo inició hace alrededor de 15 años, cuando un pequeño regimiento de turistas chinos vinieron a comprobar que la atmósfera de Guayaquil permitiera iniciar su invasión. La marea amarilla había empezado su serpentesca migración.

Los primeros registros del departamento de migración del antiguo aeropuerto Simón Bolívar confirman que de los 6 individuos que ingresaron a la ciudad, de ojos rasgados y edades comprendidas entre 18 y 59 años en febrero del 1995, sólo 2 regresaron. Este es el momento en la historia en la que descubro que este pelotón no era el primero en llegar a la ciudad, que a finales de los años 60s se produjo a nivel sudamericano una gran migración de chinos. Su propósito: instalar una serie de células en las que se aseguraría la sustentación de la futura invasión, el proyecto se denominó C.H.I.F.A.: Centro Humano de Ingesta de Fauna Anfibia. Se comprobó que se cultivaba arroz, se criaba copiosamente los 2 misteriosos ingredientes del wantán, su clima era cálido, sus noches no muy frías, pero Guayaquil sobresalió por ser la única ciudad sudamericana que tenía su propio "PARQUE DE LAS IGUANAS".

Las estadísticas los terminaron de convencer, al parecer luego de China, Ecuador tiene el más alto consumo de arroz en el planeta. Arroz con pollo, arroz con menestra, arroz con gafas, arroz con tiro libre, arroz aguado, arroz con gorgojo pero arroz: blanco, esponjoso, humeante. Su supervivenvia estaba garantizada.

Décadas después de enviado el mensaje de tener un punto de desembarque para la invasión el proyecto cambió de nombre a MAREA AMARILLA. En el año 2004 esta marea empezó su total despliegue. Lo que sucede en estos momentos en los alrededores de la bahía es nada menos que una serie de eventos desafortunados.

Cómo se suponía no les tomó mucho tiempo a los chinos migrantes empezar a apoderarse de medios laborales que permitirían sopesar al inicio el constante flujo de paisanos asiáticos: se tomaron la bahía, la amplia sección de sus propios productos HECHO EN CHINA. Eran quienes los habían fabricado y ahora venían a comercializarlo, a luchar el último dólar de descuento que para eso sí resultaron buenos los guayaquileños, y se rumoró que casi les ganamos la batalla cuando pensaron nunca conseguirían llegar a negociar tan férreamente, pero idearon algo sencillo muy funcional: decidieron pretender que NUNCA SABEN HABLAR ESPAÑOL. Se comunican con "chí", "na", y breves monosílabos y conjugaciones en gerundio de verbos medievales. Usan la BARRERA DEL IDIOMA para mantenernos al margen. Fingen ignorarnos viendo sus propios programas chinos, que lo que verdaderamente son programas de reclutamiento e instrucción de agentes de la Marea Amarilla. Se llama YUK TIDE CHAN y mantiene a todos los chinos invasores del mundo unificados en información.

Este es el panorama actual de la situación de la MAREA AMARILLA a la que tuve acceso a través de mi presentación como investigador de nuevas especies animales. Los amenazaba con denunciar que había ingresado a nuestra tierra un nuevo tipo de animal para preparar su famoso WANTÁN. Para ellos sería como revelar su secreto, el secreto que los ha mantenido vivos en nuestro continente por cerca de 50 años, el secreto sobre el que han podido construir imperios como el chifa 555, el chifa EL CAMPEÓN y EL CAMPEÓN JR. 1 y 2. y la inolvidable parrillada chifa YUK LAM de Yaguachi.

La fe de Guayaquil y el continente americano está echada.

viernes, 15 de mayo de 2015

Convocatoria a ilustrar poemas de Medardo Ángel Silva

Fotografías de Medardo Ángel Silva poeta de Guayaquil

http://ilustracionesmedardoangelsilva.blogspot.com/

BASES DE LA CONVOCATORIA PARA ILUSTRAR POEMAS DE MEDARDO ÁNGEL SILVA.

Se convoca a ilustrar poemas del poeta Medardo Ángel Silva.
Podrán participar personas mayores a 18 años, indistinto del sexo y de la nacionalidad.
La inscripción es gratuita.
Las obras se receptan desde el 8 de abril de 2015 hasta el 8 de mayo de 2015.
Cada ilustrador puede participar con máximo 2 propuestas.
Las propuestas deben incluir las siguientes características:
Tamaño A4 / Formato de impresión CMYK / 300 dpi / Formato JPG

Se debe enviar la propuesta a concursoilustraciones@gmail.com y esta debe indicar el poema que está ilustrando, autor, edad, teléfono de contacto, copia de cédula, lugar de residencia.
Se publicarán los poemas a ilustrar en el blog: http://ilustracionesmedardoangelsilva.blogspot.com
A medida de que se vayan inscribiendo, los poemas elegidos van ir siendo quitados de la lista, pueden hasta 3 concursantes elegir el mismo poema. Una vez que lo haya elegido ese número máximo de concursantes, ese poema se quita de la lista; la idea es dejar pauta para no repetir el mismo poema, y poder publicar otras ilustraciones relativas a los demás poemas.
Se tendrá en cuenta la conexión que exista entre las propuestas presentadas y la obra de Medardo Ángel Silva, para ejecutar la selección de las obras.

Los autores de las obras seleccionadas deberán realizar las adaptaciones que por necesidad deberán realizarse al momento de la diagramación del libro, esto incluye portada, contraportada, contenido.
Los trabajos presentados seleccionados formarán parte de una exposición pública el día del lanzamiento del libro y estarán dentro de la publicación del libro.

La decisión del jurado será inapelable y se hará pública el 15 de mayo de 2015 a través del blog:
http://ilustracionesmedardoangelsilva.blogspot.com
Los carteles finalistas se expondrán en Internet a través del blog oficial de la convocatoria:
http://ilustracionesmedardoangelsilva.blogspot.com
Todos los participantes de los trabajos seleccionados recibirán el libro que se editará de este proyecto, además se elegirá 1 sola obra entre los participantes ganadora que será también la portada del libro, se hará un desembolso de 150 USD ( cientocincuenta dólares de Norteamérica) al ganador, este valor se entregará el día del lanzamiento del libro.

La presentación al concurso supone la aceptación de sus bases.
Para resolver cualquier duda, se pueden contar con Claudia Barreiro Moreira, organizadora, al correo creado para la organización de esta convocatoria: concursoilustraciones@gmail.com

jueves, 14 de mayo de 2015

Imposibles, poesía por Camila Yerovi Avendaño

imagen de una roca en la que crece una planta con el título imposibles de la autora camila yerovi avendañi para el blog ficciondislexica.com

Te reconozco, eres quien siempre esperé en esencia... Tan solo en esencia. El mundo y sus prejuicios sembrados en mi cabeza no me permiten aceptarte de todas las formas posibles (y tal vez por eso coseche soledad). No me permiten aceptarte como aquel que quiero a mi lado para un día o dos, o para el resto de los días que me sobren de existencia.

Me asaltas los pensamientos todas las noches, me desespero, quisiera poder traerte hasta aquí por arte de magia, pero aún no encuentro el conjuro adecuado. Sin embargo, sé que te pienso y me piensas, y nos pensamos. Te busco en los espacios más oscuros y deliciosos de mi mente y te encuentro. Estás ahí mirándome, venerándome como siempre... Desde siempre. Me rindo al fervor de los ojos que me recorren y te siento, te sé. Te sé mío, naturalmente. Te reprendo por esto que causas e inmediatamente te beso. 

Luego, abro los ojos y entiendo que son solo reflejos de mi alma, son ansias palpitantes, una sed agobiante, no sed de ti, sed de nosotros; eres tú clavándote en un lugar que creí muerto, eso que llaman corazón. Tan herido y maltratado el pobre estaba, pero la fortuna me sonríe a través de ti.

Lo siento, jamás podremos ser, no en esta realidad, no con abismos impuestos por mí misma separándonos. Tal vez mueras y persiga mi destino, y renuncie al linaje y seamos. Quizá ese es el destino trazado, más no puedo hacer. Soy cobarde para esas cosas, creo que lo sabes. Quizá deba dejarlo así, un día quiero y al siguiente no, creo que lo sabes. No me gustan las ataduras, no me gusta depender de nadie y que nadie dependa de mí, creo que lo sabes. No me gustan las historias de amor típicas, me gustan las conflictivas, las silenciosas y simples, las imposibles y me temo que esto también lo sabes.

Jamás moveré un dedo por retenerte ni te dedicaré más letras que estas, no por orgullo o por la imposibilidad de corresponder, sino por el bien de nosotros mismos, el tuyo sobre todo. Mereces una Lúthien, no esta. Esta no enfrenta al mundo por nadie, por mucho que quiera. Esta prefiere sumirse en libros, ya sea en el mundo de Tolkien o en el de Zemansky. Dividida entre números y letras. Una, herencia de noble y tradicional estirpe; otra, inexplicable pasión innata. 

No me quedaría más que desearte alegrías y tranquilidad a lo largo del camino, pero soy egoísta, y deseo que mueras de mí, para luego tal vez vivir yo de ti. De un recuerdo. Y así finalmente, al ocaso, después de mi larga travesía, salir al encuentro y morir de ti. No hace falta que agregue un tal vez y esto, esto también lo sabías...

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lunes, 11 de mayo de 2015

Narcisa de Jesús, cuento por Paola López @paopaolt, tallerista de Palabralab

fragmento del cuadro el jardin de las delicias del pintor el bosco con el título de la obra narcisa de jesús de la autora paola lopez de palabralab del blog ficcióndisléxica.com

Arrodillada, como pidiéndole perdón a la vida por algún castigo, derramando sudor y desesperación, Consuelo pujaba casi sin aliento mientras la partera la guiaba. Al mismo tiempo el río se salía de su cauce. Era febrero de 1982, el fenómeno de El Niño había llegado y con él había traído a una niña a la que sus padres llamaron Narcisa de Jesús. Le pusieron así por una santa de la cual su madre era excesivamente devota. Aquel 27 de febrero, la madre le pidió a la santa que todo saliera bien ya que había presentado complicaciones durante el embarazo y por si fuera poco era el peor invierno que le había tocado vivir. Cuando Consuelo la vio por primera vez sólo atinó a decirle: «Mi pequeño milagro».

Desde su infancia estuvo rodeada de estampitas, esculturas de santos, rosarios y velas. Rezaba desde que se levantaba hasta que se acostaba. Acudía fielmente con su madre a las misas. En la escuela las compañeras se burlaban de ella, ya que Consuelo la mantenía impecable y demasiado tranquila para una niña de su edad. La madre pensaba que con una niña tan perfecta como ella podría criar otra santa. Tenían tanta fe, que podían pasar meses en crisis económica y cuando su esposo obtenía un trabajo, le otorgaba el milagro a Dios y a todos los santos, y no al empleador.

Cuando Narcisa de Jesús cumplió veinte años, comenzó a presentar hematomas en su cuerpo. Su madre vio el perfil de la virgen en uno de ellos. Al día siguiente la rodeada medio pueblo para ver la aparición en su cuerpo. Le rezaban y le pedían milagros, pues todos creían que la salvación había llegado. Lejos estaban de saber la verdad de lo que tenía.

Luego de unas semanas, más hematomas y convulsiones, Consuelo comenzó a sospechar que algo andaba mal. Acudieron a un hospital público de la «gran ciudad» como llamaban a Guayaquil. Ingresó al área de emergencias con sangrado en las encías y deterioro de consciencia. Consuelo rezaba porque «¡Para qué lágrimas, si la fe mueve montañas y resucita muertos!», solía decirle a los familiares de otros enfermos que la rodeaban.

El doctor le explicó que Narcisa de Jesús tenía un tipo de leucemia que pronto la llevaría a la muerte si no se trataba a tiempo debido a su etapa avanzada. Consuelo no quiso creerlo y le dijo al galeno que no sometería a su hija a esos medicamentos tan fuertes. Regresaron a su pueblo creyendo que Dios las ponía a prueba, pero que él la iba a sanar. Buscó un grupo de oración en el que comenzaron a rezar por ella, hasta la llevó al Santuario de su homónima para pedirle un milagro como el día de su nacimiento.

Posteriormente Narcisa de Jesús se fue recuperando hasta llegar a ser la joven sana de siempre. Para ellas Diosito y la Santita la había curado. Como acto de agradecimiento a sus amigos organizó una reunión, sin baile, obvio, porque eso era del diablo según Consuelo. Narcisa compartió con todos quienes estaban felices de verla recuperada, pero luego de un par de horas se sintió agotada por lo que decidió retirarse para ir a descansar. Al día siguiente su madre le había preparado su desayuno favorito, pero cuando fue a despertarla notó que estaba pálida, fría y sin vida. Tal vez Dios o la Narcisita se la habían llevado, pero definitivamente el fanatismo la mató.

imagen libre de derechos: fragmento del cuadro El Jardín de las Delicias de El Bosco
Más información en Palabralab

jueves, 7 de mayo de 2015

Tu sombra, mi delirio, poesía por Camila Yerovi Avendaño



La sombra de un amor que no existe. Eso eres, vano fantasma que me acosa en las noches, que asalta mis pensamientos, desprende cien suspiros y evoca otros tantos recuerdos de un pasado inhóspito que cada día pretendo olvidar, fallando cada atardecer cuando el sangriento sol me grita tu nombre, cuando con las llamas que lo consume, incinera también mi corazón que recuerda tu sonrisa y la honda llaga de una antigua daga, aparentemente cicatrizada, llora ríos de sangre una vez más.

Me dirán tonta, cursi, qué sé yo todo lo que pasa en este momento por sus mentes. Sólo es cierta una cosa, tu sombra, mi delirio. Y es que el vil pasado me persigue, me acorrala en un laberinto sin salida, oscuro, tenebroso, hay un ligero y tenue rayo de luz delante de mí siempre, corro tras él, mas es inútil, nunca lo alcanzo y tu sombra se apodera de mi frágil corazón.

Eres mi delirio, eres mi perfecta mentira, quizás jamás fuiste real, jamás te odié. Alguna vez creímos tener un reino en nuestras manos, pero en un inesperado y fatídico momento, todo acabó, lo vimos destruirse, los escombros de lo que algún día fue, se deslizaban por nuestros dedos cual arena mientras nuestros ojos miraban atónitos. La mortal daga atravesó mi alma. Y un invierno perenne sepultó mis ilusiones. Nació mi falsa sonrisa para ocultar mis lágrimas.

Mi alma no quiso volver a sentirse atada a otro mortal. Quiere libertad, cree tener libertad, pero ignora que será siempre tu prisionera, porque mi corazón nació con tu nombre tatuado en él. Escribí nuestra historia en la arena para que la marea se la llevara a lo más profundo del océano. Ilusa, Poseidón la regresa cada noviembre a mí cuando las olas pegan contra el peñasco, o con la fría lluvia en la ciudad, con los grises días, la gélida brisa.

No sé si te amé, o aún te quiero, sólo sé que me haces falta, que el rompecabezas de mi vida no tiene la pieza que le faltaba cuando saliste por aquella puerta sin decir nada. Porque quizás, aunque me empeñe en negarlo, eres la libertad a la que elijo sentirme atada por la eternidad. Sencillamente será por siempre tu sombra, mi delirio.

imagen libre de derecho de uso: www.corbis.com

lunes, 4 de mayo de 2015

El juicio de dos payasos, cuento por Eduardo Bonilla @edu_bonilla, tallerista de Palabralab

fragmento del cuadro el jardín de las delicias del pintor El Bosco con el título del cuento el juicio de dos payasos por el autor Eduardo Bonilla Salcedo @edu_bonilla de Palabralab del blog ficcióndislexica.com

Había pasado cuatro horas de vehemente debate en medio de una improvisada audiencia bajo un solazo, cuando Rorys Dagoberto Pinzón Mestanza, alias Pollofrito, perdió su derecho de hacer reír a los demás. Durante varios meses el negocio no había ido bien, así que Pollofrito decidió mudarse no sin antes jurarle a su madrecita santa que buscaría mejor suerte en otro lugar, porque él venía de una generación entera dedicada a divertir a los niños en incontables matinés, cumpleaños, primeras comuniones, bautizos y demás eventos sociales; vocación que había heredado de su difunto padre que descanse en paz.

Ser payaso no había sido una decisión fácil. Su padre hubiese querido que se dedique a otra cosa, que se prepare, que sea médico, y cuando se enteraron de que montaba pequeños espectáculos en el colegio lo llevaron directo al psiquiatra, luego con un sacerdote y por último con un chamán; pero cuando cumplió diecisiete años decidió que no iba a temerle a rebelarse al mandato de sus padres, ni al futuro, ni a los fantasmas, ni a los insectos, ni a la sangre, ni a ninguna de las fobias habidas y por haber, porque se dio cuenta de que en la risa se encontraba la receta más efectiva contra el temor.

**
Esto se está yendo de las manos, Señor Ministro —esbozó temeroso el asesor del Ministro Nacional de la Alegría y Artes del Buen Sonreír. —El Presidente de la Asociación de Payasos

jueves, 30 de abril de 2015

Somos animales, micropoesía por @Lucy_Molly

imagen de un perro con sus patas hundidas en la nieve junto al título de la obra somos animales de la autora @lucy_molly del blog ficciondislexica.com

Siempre termino comparándonos con animales. Esa irracionalidad maquinada (por irónica que suene).

Me refiero a esa forma de actuar, de la búsqueda por atracción, de solo complacencia.
El tener ya algo, alguien y buscar algo más.

Hacer daño y volver a la escena del crimen, asechar a la víctima recuperada, pero aún vulnerable y estar ahí rondando, susurrarle un pasado e intranquilizarla.

Ese placer de desestabilizar con un gesto, un mensaje. Inventar excusas para que recaiga, es como si el culpable cual can, oliera nuestra debilidad, afilara las garras y ahí vamos otra vez.

Es un juego de poder, el animal lucha por poseer, la presa por no recaer.

Está también el rechazo, eso que se "activa" cuando ves a alguien, es como si pudieras oler el pasado pudriéndose frente a ti.

El desecho que el animal lleva entre los dientes, el olor a moho que lleva en la piel.

.......

Somos animales
somos criminales

Somos recaída
Somos huída

imagen libre de derecho de uso: www.corbis.com

lunes, 27 de abril de 2015

Emilio, cuento de Cecilia Manso Rodas, tallerista de Palabralab

fragmento del cuadro El Jardín de las delicias del pintor el bosco con el título de la obra Emilio de la escritora de cuentos cecilia manso rodas

Cuando tenía diez años, mis padres tuvieron que emigrar a aquel lugar de la costa sur de nuestro país; la actividad bananera, camaronera y aurífera de esa región, los había tentado a ir a probar suerte, aunque tenían que dejar por tiempo indefinido a su querida y reseca Loja. Ya instalados en aquel barrio de la ciudad de Machala, cerca de una escuela, pronto los amigables vecinos nos ayudaron a integrarnos a esa comunidad. Yo tenía amigos con los cuales jugábamos a la pelota, nos íbamos al río o a los esteros de mar. Fue en uno de esos paseos que nos acompañó Don Emilio, quien iba a bañarse al río porque en la ciudad había escasez de agua.

Tenía sesenta años, una esposa y ningún hijo; él era nuestro mejor vecino, se preocupaba por nosotros: hacía llevar los rechazos de banano, arroz, y lo que había en su finca para repartirlo entre los pobres, en las escuelas; todos lo queríamos por eso y por su especial forma de ser: tenía alma de niño alocado pero nos cuidaba, nos enseñaba a nadar, a andar en bicicleta, aunque de aquella manera tan suya: de un solo empujón.

Ese día en La Primavera, una playa del río Jubones, él se lavaba las manos en la orilla, y es lo último que supimos de él; cuando lo buscamos para regresar, solo estaba su bolso perfectamente ordenado, lleno de pastillas de jabón y toallas relucientes. Se nos acercó una señora de un poblado cercano y dijo que nos fuéramos, porque había un lagarto cebado. Corrimos llorando y gritando por aquel camino que nos llevaba a nuestro barrio, contamos lo ocurrido: que Don Emilio había desaparecido y que tal vez un lagarto lo había tragado.

La ciudad entera fue al río, las autoridades, la policía, hombres, mujeres, de todas las edades, especialmente sus amigos los niños y las niñas. Buscaron por mucho tiempo, y encontraron solo al lagarto, que era hembra y estaba en su nido; lo había hecho con girones de ropa del desaparecido. Se terminó la búsqueda, lo dieron por muerto.

Esa noche no pude dormir, estuve recordando a Don Emilio, mi cabeza estaba llena de imágenes e historias, como la de aquella vez afuera de su casa: cuando se miró las manos y según él estaban inmundas. Las había lavado algunas veces con abundante agua y jabón; lo hizo varias veces más y cerró la muy usada llave del agua - la cual había sido escrupulosamente lavada- no obstante lo hizo solo con la punta de tres dedos de su mano derecha. Ese era su ritual, lo había visto tantas veces. Igual atención, aunque menos tiempo, le dedicaba al secado de las manos, y luego las frotaba con abundante alcohol; eso lo obligaba a no tocar nada que él considerara sucio, lo cual era todo lo que lo rodeaba o que él no haya limpiado.

Esa mañana, al salir de casa rumbo al trabajo - al pie de la puerta- se encontró con uno de sus tantos conocidos, quien muy efusivamente le estrechó la mano, y con un gran abrazo le demostró todo el aprecio que le tenía; correspondió de igual manera porque siempre tuvo un gesto de cariño para todos, era una persona muy solidaria y generosa, pero cuando quedó solo al pie de la puerta le oí gritar:

-¡¡¡Pillyyyyyyyyyyyy!!!

Corrí a abrir el portón y lo encontré con los codos doblados alzando sus manos. Volvió a lavarse nuevamente. A la luz del sol, se podía ver su traje nuevo de casimir color gris desteñido; siempre usaba trajes arrugados, con bordes retorcidos, que dejaban ver los colgajos de los tornasolados forros de sus sacos.

Es así como lo recuerdo, con su obstinada lucha contra los microbios. En el patio de la casa ponía a hervir toda su ropa en una gran olla con agua, que descansaba sobre leña encendida; ahí había sumergido ese fin de semana el traje recién comprado, y otras prendas de vestir, ya lavadas. Así, a pesar de ser un hombre distinguido, no le quedaba nada que pueda lucir bien, y menos con el rociado con alcohol, que compraba todas las semanas por galones; pero que era lo que le aseguraba la perfecta limpieza de todo lo que quería desinfectar. Ya sus limpísimas manos habían adquirido un color blanquecino, como empolvado por algún talco, no sé si por resequedad de la piel, efecto del exceso de jabón, del alcohol o de los dos juntos.

No mucha gente sabía de esa manía de Don Emilio, y para nosotros no era algo importante; lo veíamos y le ayudábamos abriendo o cerrando las puertas, o corríamos a comprarle el alcohol si nos lo pedía. Muchas veces lo rodeábamos mientras se lavaba las manos, para oírlo; porque él sabía de todo y trataba que aprendiéramos. Era un hombre muy inteligente y lo mejor de él para nosotros era que sabía toda clase de historias: reales y fantásticas; a todos nos gustaba oírlas, y a mí especialmente las de fantasía, porque contándolas se transformaba; los ademanes y sonidos fluían por todo su cuerpo, encarnando a todos aquellos personajes de leyendas y cuentos improvisados por él, en las oscuras y calurosas noches de mi niñez. También eran muy solicitados los cuentos de terror, que basados en historias reales las convertía en escalofriantes e inolvidables narraciones que nos causaban pánico, especialmente cuando era noche y lo contado le “había ocurrido” a personas o habían sucedido en “ciertos lugares” cercanos a nosotros. Muchas veces, imagino cuando cansado de contar tantas historias, se desaparecía con cualquier pretexto y regresaba despacito, a esconderse y asustarnos con una calavera, que usualmente en aquella época se utilizaba en las casas para asustar a los intrusos, y con eso lograba que todos huyamos a nuestras respectivas casas.

Después de su muerte, muchas veces me parecía oírlo; pero esta vez, era de noche y me estaba llamando clara y largamente, con aquel silbido que él me creó:

-Piiiiiiiiiiiiillylliiiiiiiiiiiiiiiiinnnnnnnnnnnnnnnn

Un escalofrío recorría mi espalda, pero salí… y lo vi, era él. Había venido a contarme su propia y nueva historia: alzó sus brazos y perplejo descubrí que no tenía manos. Me dijo que nos quedemos tranquilos, que él estaba feliz sin el motivo de su obsesión.

imagen libre de derechos: fragmento del cuadro El Jardín de las Delicias de El Bosco
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jueves, 23 de abril de 2015

Tal vez deba confesarte, poesía por Camila Yerovi Avendaño

ilustración de 2 personas hablando, colores pardos, título de la obra tal vez deba confesarte de la autora Camila Yerovi Avendaño imagen libre de derecho de corbis.com

Tal vez deba confesarte una cosa o dos, o tres, o mil.

Tal vez deba confesarte que no he encontrado a nadie con quién las horas se me hagan segundos por la amena y fascinante conversación. ¡Y cómo me gustaba la forma en la que plasmabas tus ideales con cada palabra que echabas de ti!

Tal vez deba confesarte que no he encontrado nadie que comparta mi visión del mundo. Vaya que tú lo hacías.

Tal vez deba confesarte que no he encontrado nadie que me conozca a la perfección y después de eso continúe ahí, soportándome... Entendiéndome.

Tal vez deba confesarte que no he encontrado a nadie que provoque esa fiebre en mí. Esas incontrolables ansias de verlo en lejanías, al menos. De saber que existe, que vive, que siente, que respira, que piensa y ¡Cuánto mejor si es en mí!

Tal vez deba confesarte que no he encontrado nadie que me bese las amarguras, las histerias y las inseguridades.

Tal vez deba confesarte que apesta a olvido en este momento mi habitación, apesta a recuerdos muriendo. Se vuelven ajenos a mí. No hay forma de resucitarlos.

Tal vez deba confesarte que se desvanece tu figura abrazándome del álbum de mi alma, donde te capturé y creí que vivirías por siempre.

Tal vez deba confesarte que no te extraño, ni pienso buscarte... Ya no.

Tal vez deba confesarte que ya no te amo, ni te amaré.

Y posiblemente no encontraré a nadie como tú... O quizá sí.

Y probablemente amaré a otros de igual forma... O quizá no.

Y tal vez, sólo tal vez, deba confesarte que esta que escribe ya no soy yo...

... Que yo dejé de ser cuando te olvidé.

imagen libre de derecho de uso: www.corbis.com

lunes, 20 de abril de 2015

Carrusel, cuento por Lucas Yulee, tallerista de Palabralab

fragmento del cuadro el jardín de las delicias del pintor El Bosco con el título Carrusel cuento escrito por Lucas Yulee de Palabralab Ecuador

De la misma forma en que besaba al padre, besaba a su hijo. Irene retiró con delicadeza el rostro que tenía enterrado en su pecho. Lo contempló por un instante, conteniendo al principio unas ganas repentinas de vomitar y luego se sintió en calma, maravillada por el contacto de sus dedos con la cabellera húmeda de este. Hundió su nariz en la espesura de este reino y sintió la lluvia. Mantuvo los ojos cerrados por un instante, ansiando que el sabor de las gotas no se le escaparan de la lengua. Pensó, con gran alegría y una tristeza siempre acechante, en cómo las cosas ordinarias del pasado volvían a ella con una esencia renovada, dispuestas a hacerle sentir una vez más el placer de descubrir. En su cabeza el mundo le concedía el simulacro de una infancia, pero ella estaba segura de que sea lo que armara, no guardaría ningún parecido con la realidad.

El ruido de la lluvia no le dejo escuchar ninguna de las palabras que el sujeto en impermeable le gritaba a la distancia. Irene, sumida en un llanto, le gritaba también, sin poder entenderse a sí misma. No hubo una despedida o insulto final. Cualquiera que sea el ritual que celebre la separación de dos

jueves, 16 de abril de 2015

Primer paso, microcuento por Andrés Avilés, tallerista de Palabralab

fragmento del cuadro el jardín de las delicias del pintor el Bosco con el título de la obra primer paso por el escritor Andrés Avilés de Palabralab


Le han dado a entender (amablemente), que si no baja de inmediato, procederán a ir a buscarlo. En el peor de los casos tratarán al menos de vestirlo.

imagen libre de derechos: fragmento del cuadro El Jardín de las Delicias de El Bosco
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lunes, 13 de abril de 2015

Saltando, cuento por Andrea Itúrburu @andreitai, tallerista de Palabralab

Fragmento del cuadro el jardín de las delicias del pintor El Bosco con el título de la obra Saltando de la escritora Andrea Iturburu @andreitai de Palabralab Ecuador

Cada vez que Julito saltaba sentía que podía tocar las nubes. Ese día dio un gran salto y de pronto todo oscureció. Intentó sentir con sus manos dónde se encontraba. Tocó una superficie plana, sentía un teclado, un cuaderno de apuntes y finalmente apareció algo que parecía un botón. Lo apretó y volvió a ver.

Se miró las manos, habían crecido. Afinó su oído y pudo escuchar murmullos. Miró a su alrededor y vio a cientos de personas, sentadas en cubículos reducidos. Él también formaba parte de ellos. Miró fijamente a la pantalla que tenía cerca de él, su reflejo no era el que él recordaba. Se paró y corrió por los interminables pasillos. Pudo sentir como cada latido de su corazón se hacía más fuerte, como una ola gigante de nervios lo había envuelto y sus piernas, pensaba él, parecían estar hechas de mantequilla.

Se detuvo durante un instante, un microsegundo, en medio del laberinto interminable de pasillos. Cientos de personas uniformadas y en perfecta sincronía, escribían sin parar en las máquinas, agarraban las tazas, se limpiaban la boca, volvían a escribir.

Al final del pasillo que había escogido, había un baño. Empujó la puerta y entró. Se miró al espejo. Una vez más, no reconoció su reflejo pero sabía que estaba ahí, muy dentro. Recorría con sus manos su rostro transformado. Tenía pelo en la cara, y había alcanzado tanta altura, que tenía que bajar la cabeza para poder ver el lavabo.

Unos fuertes golpes lo sacaron de su ensimismamiento. Alguien tocaba furiosamente la puerta. Asustado, trató de abrir la pequeña ventana que se encontraba en lo más alto de la pared del baño. Saltaba, pero ya no era liviano. Los golpes se hicieron más fuertes y él estaba aterrado. Tan solo quería alcanzar las nubes, no hacerles daño. ¿Qué habré hecho para hacerlas enojar tanto?

No sabía en qué se había convertido, aunque sentía que él estaba ahí dentro, atrapado. Las ojeras, el pantalón planchado, los zapatos de suela, hace unos cuantos segundos había estado saltando en el jardín de su casa, tratando de tocar las nubes, con el sol golpeándole la cara y los pies descalzos; y ahora estaba en un cuerpo cansado y ese alguien detrás de la puerta, le gritaba que tenía que regresar al lugar donde había empezado su pesadilla.

El día en que todo comenzó, recordó, había saltado toda la mañana. Soñaba con que llegue el momento en que al fin sea tan alto, como para agarrar las nubes y talvez quién sabe, hasta quedarse a vivir entre ellas. De repente sus pies volvieron a tocar el pasto y el sol había aparecido nuevamente sobre su rostro. El cielo lo saludaba con su azul brillante y las nubes con su imponente suavidad. No estaba seguro si había regresado.

imagen libre de derechos: fragmento del cuadro El Jardín de las Delicias de El Bosco
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viernes, 10 de abril de 2015

Pobre Paul, microcuento por @MillaLoffredo, tallerista de Palabralab



fragmento del cuadro El Jardín de las Delicias del pintor El Bosco con el título Pobre Paul de la escritora Milla Loffredo de Palabralab

Policías persiguen prófugo por pasillo. Pobre Paul, pena produce; pierna partida, podrida. Pies pican, párpados pesan. Perdido, por puerta púrpura pasa. Primer piso. Policía perverso, pega. Palo punzante, pulmones pierden porte; Paul perece.

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